“El Líbano es un filón por explotar”

Crédito: Suministrada Flaminio Rivera / El Nuevo Día Carlos Flaminio Rivera, escritor libanense y gestor cultural.
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De una necesidad, un reto, con el deseo de escribir más de lo que se pensaba, abre puertas inimaginables al mundo mágico de ‘Musgonia’ que pese a la terminología de fantasía, aborda la realidad de una región que se ha caracterizado por su palabra escrita.
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Sin pensar e impulsado por las circunstancias, se podría considerar que fue la forma en la que llegó Carlos Flaminio Rivera Castellanos a ser escritor y gestor cultural del Líbano. 

Aunque estudió veterinaria y filosofía, este hombre criado en medio del rastrojo y el campo, con el pasar de los años desde su sentido de pertenencia hacia el terruño, intentando develar la esencia, se dedicó a narrar la parte precolombina desde su imaginación, aludiendo a los recuerdos, la creatividad, las letras, sus vivencias, la investigación y los aspectos singulares del municipio. 

Al ir más allá de lo que otros se han atrevido, Flaminio después de originar otros relatos, lanza, ‘Musgonia: Mito y Leyendas de una Montaña Cafetera’, un escrito que con un trabajo de memoria e investigación de entre cinco a ocho años de trabajo lingüístico rescata un mito del territorio nortolimense y diversas leyendas de este mismo.

El mito que se aborda alude a la creación del mundo y la formación del hombre que transmitió Gutiérrez de Ovalle en 1590 al rey, y es de los indios Colima que habitaron la cordillera Oriental, por los lados de Honda, hacia arriba, pues, la idea se concibe porque ellos veían todo el proceso del Nevado del Ruiz que los llevó a forjar ese imaginario. 

Por otro lado, las leyendas según lo expresado por Flaminio son una migración boyacense, una migración antioqueña del occidente de Cundinamarca que logra sincretizar el imaginario de varias regiones del centro de Colombia donde se producen unas leyendas propias, además, se narran las historias alrededor del café que podrían ser únicas en Latinoamérica.  

¿Cómo surge su interés por indagar respecto a los mitos y leyendas del Líbano?

Realmente la indagación de este estudio surge en lo urbano y en lo rural de la leyenda, porque en el Líbano como en el Tolima, hay muchos imaginarios cerrados. Está el Mohán que no es una deidad nativa, que la trajeron los esclavos africanos y sin embargo hoy la ve uno como si fuera una leyenda precolombina de los indígenas, lo que resulta absolutamente equivocado, y pasa porque nadie va más allá en la indagación de estos imaginarios.

Lo mismo pasa con la Patasola, la Madremonte y la Llorona, que son leyendas españolas. Al darnos cuenta que nosotros estamos repitiendo los mismos discursos y las mismas cosas que todo el mundo hacía, vi la necesidad de indagar sobre las verdaderas leyendas que se constituyen en esta región.

¿Este escrito refleja parte de las vivencias de su niñez, de esa imaginación que se avivó al vivir en la misma cuadra donde se encontraban tres funerarias y el hospital?

Claro, nosotros vivimos en permanente zozobra, créame que el Líbano fue el pueblo quizás más azotado por la violencia. Nosotros teníamos una tienda donde llegaban campesinos, asimismo, estábamos cerca de la Iglesia, el hospital, y llegaba la gente masacrada, los muertos y los descabezados. 

Entonces alrededor de esos espacios salían las versiones violentas, ahí había toda una mezcla de perversidades de niñez, adolescencia de leyendas y de cosas cruentas que yo creo que reflejan mi obra literaria, entonces esa recopilación es más bien literaria, donde se muestra un dolor, al igual que un juego imaginativo que puede haber en cada persona.

¿En su trabajo investigativo ha podido saber a qué se debe que en el Líbano surjan tantos escritores? 

Yo creo que eso hace parte de la tradición del Líbano, pues desde su fundación ha tenido unos colegios muy reconocidos que son casi un baluarte estudiantil en el Tolima, del cual surgieron los grandes profesores. Por ello, estamos desarrollando un trabajo con escritores regionales con una colección que se llama Nuevas Voces del Líbano y ya vamos en el volumen 15, donde se ha publicado a casi 200 nuevos escritores jóvenes.

El Líbano se podría considerar el único municipio con editorial propia, ¿cómo lo consiguieron y cuál es el proceso para su financiación?

Desde que llegué a la casa de la cultura intentamos desarrollar algo que ahora está muy de moda que se llama las políticas públicas, entonces hicimos una en cultura que independientemente del alcalde que llegue, debe cumplir con el mandato del Consejo municipal, lo que nos permite participar cada año en la Filbo con stand propio, además, contamos con un fondo editorial, que es la biblioteca libanense de cultura.

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Redacción Cultural / EL NUEVO DÍA

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