Trabajadores informales, una fuerza laboral que resiste

Crédito: Hélmer Parra / EL NUEVO DÍA
El paro nacional no ha sido impedimento para que los trabajadores salgan a las calles a rebuscar lo del diario, pero la pandemia sí ha tenido efectos en su actividad comercial.
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Resistiendo ante la situación

Para Nancy Ramírez, la difícil situación que atraviesan los vendedores informales inició desde que llegó la pandemia, y aún padecen las consecuencias de la misma. 

MUJER BERRACA

“A mí el paro nacional no me ha impactado, por el contrario, los jóvenes y quienes salieron a marchar impidieron esas reformas que nos iban a afectar a todos. Están luchando por nuestro bienestar”, dijo Ramírez. 

Pero por otra parte, aclaró: “La pandemia sí nos perjudicó porque a la gente ya le da miedo tomarse un tinto en la calle, además, están ‘desplatados’ porque no tienen empleo, eso sí lo sentimos los vendedores de la calle”. 

Durante más de dos meses de confinamiento la mujer no tuvo ingresos, “sobreviví con lo que Dios me dio, qué más podía hacer, y si no ocupan a los jóvenes menos a uno”. 

Toda su vida Nancy ha sido vendedora ambulante, trabajo que le ha permitido apoyar a su familia. Dice que ahora las ganancias durante una jornada pueden estar entre $30.000 y $10.000, antes eran mucho más, “no alcanza para sobrevivir”. 

 

Vendedor informal de toda la vida

Hace tres años Carlos Alberto Montes se ubicó en la calle 42 con carrera Quinta para vender michelada, jugo de borojó, salpicón, y jugos en agua y leche. Desde hace 33 años trabaja como vendedor informal, recorriendo también los pueblos del Tolima. 

CARLOS ALBERTO MONTES

Del dinero que gana con su puesto depende él y su esposa, y dice que sus ganancias son para pagar servicios, arriendo, alimentación, entre otros gastos. 

Sobre la situación actual, Montes contó: “En medio del paro nacional hemos podido trabajar normal, no nos ha perjudicado, las ventas han sido las mismas, ni suben ni bajan. Cuando ya vemos que el Esmad se aproxima, vamos recogiendo por voluntad propia”. 

Sin embargo, a causa de los bloqueos viales, la fruta que utiliza para elaborar sus productos sí subió de precio y el margen de ganancia ha disminuido. 

“Nosotros no tenemos ganancias fijas, como hay días en que se pueden vender $120 mil, en otros apenas $40 mil, o cuando llueve no hay mercado, esa es la vida de nosotros”, finalizó el hombre. 

 

Una mujer echada para adelante

Yennifer Carolina Ruiz López trabajaba en un restaurante de la Terminal de Transportes de Ibagué, hacía turnos, pero debido a la contingencia a causa del Covid-19 no pudo seguir allí. 

VENDEDORA

Es así que en medio de la pandemia tuvo que salir a la calle a buscar una oportunidad de ganarse la vida. Hace nueve meses se ubica en la carrera Quinta a vender jugos de naranja y zanahoria, negocio con el cual ya tiene clientela. 

“Hace 20 días no salía a trabajar porque debido al paro nacional el precio de las frutas aumentó, y subirle a mi producto no era negocio. Pero ahora la situación ha mejorado”, comentó Ruiz. 

De pagar un bulto de naranja en $40 mil, pasó a pagarlo a $120 mil, por lo cual no le quedaban ganancias, pero por el temor de perder sus clientes volvió a salir a pesar de tener menor rentabilidad. 

Recuerda que el primer día que empezó a vender jugos apenas ganó 10 mil pesos, ahora, puede vender en un día hasta 70 mil pesos, pero no siempre es así. 

Yennifer Carolina Ruiz es madre soltera, por lo que de su trabajo dependen ella y su hijo. 

 

El valduparense que se quedó 

Carlos Alberto Oliveros López es oriundo de Valledupar, de donde llegó junto con su familia a Ibagué hace cinco años. Elaboraba hamacas, pero por el alto costo de este producto que oscila entre $200 mil y $300 mil, le fue difícil comercializarlo en la ciudad. 

VALDUPARENSE

Así que empezó a sacar una venta de tinto, y poco a poco fue surtiendo su negocio, hasta que finalmente se asentó la carrera Quinta.

Dice que el paro nacional no los ha afectado y ha podido trabajar todos los días, sin embargo, si ha tenido que retirarse más temprano del sector para evitar impases. 

“Pero la pandemia me ha dejado endeudado, y como no hemos tenido ayuda del Gobierno nacional ni de ninguna otra clase, tuve que recurrir a los ‘gota a gota’”, contó Oliveros. 

López trabaja junto a su esposa, quien tiene un puesto de empanadas, y entre ambos negocios llegaron a vender hasta $200.000, pero con el Covid-19 esas ventas se redujeron en un 80%. 

“Ahora la situación está mejorando un poco, pero como dicen aquí en Ibagué, se vive ‘asando y comiendo’, es decir, para el día a día”, agregó el valduparense. 

De su trabajo y el de su esposa viven su mamá y sus cuatro hijos. 

76.000 personas en Ibagué son trabajadores por cuenta propia. 

102.000 trabajadores informales hay en la capital del Tolima. 

La carrera Quinta es uno de los sectores donde más presencia hacen los vendedores informales. 

La mayor parte de su vida, estos trabajadores informales deben conseguir su sustento en las calles.  

 

Redacción Económica

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