‘Tras la pandemia, debemos cambiar a una economía más humana’, Monseñor Miguel Fernando González

Monseñor Miguel Fernando González Mariño.
Crédito: ARCHIVO - EL NUEVO DÍA
Monseñor Miguel Fernando González Mariño, administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Ibagué, aseguró que la crisis debe propiciar cambios considerables en la sociedad, sobre todo a nivel económico, ya que el sistema actual genera injusticias y desigualdades.
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¿Cómo fue la experiencia inusual de una Semana Santa desde la virtualidad?

La Iglesia descubrió una serie de cualidades comunicativas para llegar a través de herramientas técnicas a las casas de muchos de nuestros fieles, quienes, sabemos, estuvieron reunidos en familia, quizás pasando por una situación dura porque el encierro impacta a nivel espiritual, psicológico y anímico. Desde nuestras casas, revivimos los fundamentos de nuestra fe católica y repasamos esos momentos claves en la fe cristiana.

No hubo procesiones, pero, como dice el dicho popular, la procesión va por dentro. Una procesión es una expresión social externa de la fe, pero en esta ocasión, esa expresión la vivimos en familia, algo que es importantísimo. Hay que ver como todas esas riquezas que se puedan valorar en estas circunstancias.

¿Cómo se compaginó el mensaje esencial de la Semana Santa con el momento histórico que vivimos?

En estos días comenté unas palabras que nos ha dicho el Papa: Dios nos pide que en estos momentos de vivencia de nuestra fe nos fortalezcamos a nivel espiritual para asumir el tiempo difícil y de exigencia que viene. Volver a arrancar va a costar y, por eso, debemos enriquecer el alma. La alegría de la Pascua, que es la que celebramos este domingo de resurrección (hoy), es producto de la estabilidad espiritual y moral.

La Iglesia tiene que transmitirle al mundo la confianza en Dios en este momento en el que una enfermedad ataca lo que parecía tan fuerte, que desestabiliza a los países más poderosos y nos hace ver nuestras facilidades. Dios nos da esta circunstancia para que pensemos y caigamos en cuenta de que, una vez superemos esto, tenemos que cambiar muchos temas en una sociedad acostumbrada a injusticias, desigualdades, malos tratos y donde el hombre es víctima de una economía terrible.

¿En qué dirección se deben producir esos cambios?

Tienen que haber cambios fuertes y considerables en pro de una economía más humana. Eso ya lo había dicho el Papa Benedicto XVI en su momento cuando comenzó a hablar de una economía salvaje: por regirnos a unas normas, hay poca gente que se enriquece demasiado y mucha que es víctima, creando desigualdades e injusticias en una sociedad frágil e incoherente que ante cualquier desequilibrio empieza a tambalear.

Ese llamado entra en lo que llamamos la doctrina social de la iglesia: no hacer reglas inmorales en donde se benefician unos a costa de perjudicar a otros. También habrá que repensar todas esas ideologías en contra de la vida. ¿Por qué en este momento hay tanta crisis y temor a la muerte? Resulta que venían aprobando una serie de leyes en contra de la vida desde el aborto y la eutanasia, como si el ser humano pudiera crear y quitar la vida a su gusto. Entonces, a nivel de la concepción de la sociedad hay mucho que cambiar.

¿Cree, como opinan algunos, que este también es una lección a la sociedad para que cuide el medio ambiente?

Alguien decía que si esta pandemia no era una venganza de la naturaleza, si era por lo menos un llamado de atención, porque la veníamos maltratando demasiado. En la encíclica Laudato Si, el papa Francisco nos habla del cuidado de la casa común, que es el planeta tierra. Dañar la naturaleza no es progreso sino un retroceso. El progreso es estar en armonía con la naturaleza en una ecología integral, donde asumimos al ser humano como hace parte ella. La relación de respeto vital con los demás seres humanos también se proyecta con el medio ambiente, los animales y las plantas, reconociendo su valor y dignidad. Ese cuidado y respeto por la vida debe ser integral.

 

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¿Cómo cree que ha respondido nuestro sentido de la solidaridad en esta crisis?

Desde mi posición, me ha sorprendido positivamente que la gente ha estado solidaria. En el Banco de Alimentos se han recibido donaciones generosas. Toda esta situación de la pandemia ha tocado nuestra sensibilidad social y está bien que el ser humano se reconozca también responsable del prójimo. No es que cada uno se encierre en su casa, acumule comida y se proteja sin pensar en los demás. Me parece que eso no ha pasado.

He tenido la experiencia grata de ver que cada quien, según su posibilidad, ha expresado su solidaridad. Pero es algo que también hay que fortalecer y cuidar: que no sea solo para momentos extraordinarios sino que habitualmente en una sociedad funcione ese buen trato entre unos y otros, esa preocupación por los que están pasando hambre y ese compromiso de compartir con el que no tiene. Eso tiene que ser el diario vivir en una sociedad realmente humana.

EL NUEVO DÍA

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