Los retos de la educación superior en Tolima tras la pandemia

Crédito: Suministradas / EL NUEVO DÍAMaría Isabel Peña, vicerrectora Regional Tolima de Uniminuto; Patricia Izquierdo, directora de la UCC en Ibagué y Espinal; Ómar Mejía, rector de la UT, y el padre Jaime Buenaventura, director de la Unad.
En un conversatorio virtual, los rectores y directores de la Uniminuto, la UCC, la UT y la Unad hablaron sobre la experiencia de educar en pandemia y los retos a futuro.
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La adaptación y el aprendizaje híbrido podrían resumir lo que ha significado la pandemia para la educación y las universidades teniendo en cuenta que el modelo de enseñanza, como muchos ámbitos en diferentes sectores, tuvo que cambiar. Pero ¿cómo ha sido este proceso para las instituciones del Tolima y qué implicaciones tiene a futuro?

En un conversatorio virtual convocado por la Corporación Universitaria Minuto de Dios (Uniminuto) en alianza con El Nuevo Día, los directivos de esta y otras tres instituciones con presencia en el departamento hablaron sobre la tecnología, el compromiso con la región y la proyección para los próximos años luego de la irrupción del Covid-19.

Bajo el nombre ‘Responsabilidad social universitaria, los nuevos retos de la educación superior’, en este espacio participaron María Isabel Peña, vicerrectora Regional Tolima de Uniminuto; Patricia Izquierdo, directora de la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC) en Ibagué y Espinal; Ómar Mejía, rector de la Universidad del Tolima, y el padre Jaime Buenaventura, director de la Universidad Abierta y a Distancia (Unad).

 

Una experiencia

Como una etapa compleja para la Uniminuto calificó Peña el periodo de pandemia, que obligó a robustecer la formación en línea, algo que “no solo implicaba gestionar cambios académicos, pedagógicos y metodológicos, sino cambios en el tema emocional. Nos fue muy bien porque el 90% de nuestros programas son a distancia tradicional, permitiendo fortalecer nuestras plataformas, pero sí hemos tenido que llevar con más cuidado los programas presenciales”.

Además de que la calidad, inevitablemente, sufriría un retroceso por no interrelacionar de manera presencial, una primera dificultad tuvo que ver con el hecho de que “profesores son excelentes en el aula de clase, pero frente a la tecnología en muchos de ellos surgió un choque y prevención a pesar de que hacemos esfuerzos grandes por fortalecerlos y acompañarlos permanentemente”.

Peña dijo que esta situación supone una oportunidad porque “podemos generar nuevas estrategias al ver la virtualidad como un gran aliado y ofertar con otros esquemas para que muchos jóvenes accedan a la profesionalización”. Y agregó: “Debemos enfocarnos en el desarrollo de nuevas competencias en los entornos locales, regionales, nacionales e incluso internacionales”.

Por su parte, Patricia Izquierdo dijo que en la UCC, si bien hubo aspectos nuevos, la institución viene trabajando desde 2013 en un modelo educativo que de alguna manera los tenía preparados. “Cada grupo presencial debía tener un curso virtual de soporte que llamamos Aula extendida, pero nos encontramos con que no todas las aulas estaban actualizadas”. En todo caso, mencionó que la institución enfrentó el inicio de la crisis con una capacidad instalada que comenzó a ser potencializada.

Destacó como mayor experiencia la capacidad de resiliencia de profesores y estudiantes, en los que hubo compromiso para hacer seguimiento al proceso, al tiempo que la UCC ajustó los presupuestos para garantizar la permanencia de los estudiantes. Ante la imposibilidad de hacer ceremonias presenciales, resaltó la iniciativa de graduar a estudiantes en sus propias casas, algo que les permitió conocer sus entornos y sus familias.

En la UT, explicó el rector Mejía, se impulsó el uso de las TIC. “Esto nos implicó diseñar recursos didácticos, metodologías de evaluación con tecnologías de la información y las comunicaciones, adaptar rápidamente nuestro microcurrículo, mejorar capacidades, prácticas ilustrativas. Todo esto nos implicó una inversión significativa en el fortalecimiento de la infraestructura tecnológica y mejorar los motores de almacenamiento, plataformas académicas, licencias, bases de datos y otros elementos”, contó.

Destacó el programa especial de bienestar universitario para estudiantes de estratos uno y dos que incluyó la entrega de 1.551 tabletas y 2.256 paquetes de conectividad, así como las inscripciones gratuitas y los descuentos en posgrado. Enfatizó que esta estrategia permitió mejorar la permanencia de estudiantes y el acceso a la educación. De hecho, hubo 16.000 inscritos para 5.000 cupos.

A diferencia de estas instituciones, el padre Buenaventura mencionó que la Unad no tuvo complicaciones dado que la formación es netamente virtual e incluso el número de estudiantes aumentó, siendo considerada como una megainstitución por la preparación de currículos, planes, estrategias, profesores en esta modalidad.

“Perdónenme la expresión, pero la verdad a nosotros esto nos sirvió para que la gente supiera que la formación virtual es de calidad y tenemos que estar interconectados en un mundo de conocimiento y tecnología. Tenemos acompañamiento sincrónico y asincrónico para que el estudiante vaya evolucionando”, señaló Buenaventura, quien además contó que hubo programas de bienestar con jornadas de humor para suplir esa necesidad de encuentros presenciales.

Educación.

Unidad por el territorio

Sobre la suma de capacidades en pro del departamento ante los efectos de la pandemia, Izquierdo dijo que cada  universidad, desde su propio ADN, contribuye al tejido social y empresarial, pero resulta apropiado aunar esfuerzos para tener una oferta educativa más pertinente con las necesidades de la región y que esté alineada con las apuestas productivas.

“Cada universidad está trabajando de una forma aislada en sus propios compromisos derivados de los proyectos educativos institucionales, pero es muy importante dar un paso a sumar esfuerzos para postularnos a proyectos que tienen recursos de regalías, aprovechando las potencialidades de cada una. Lo importante es que la universidades nos unamos porque tenemos el talento humano calificado y unos esfuerzos importantes de formación”, afirmó.

El padre Buenaventura comentó: “Las universidades no podemos seguir cada una por su lado. La academia, el Estado y la empresa necesitan hacer sinergia y unir experiencias y logros, por lo tanto la Unad está abierta para trabajar con todos. Ojalá podamos diseñar un plan regional firme y fuerte donde pongamos a disposición la experiencia y lo que tenemos cada uno dentro de su hacer, misión y quehacer diario. Tenemos la infraestructura tecnológica, el campo de investigación, las ganas de trabajar”.

Al respecto, Mejía indicó que “tenemos que estar unidos todos apostándole a construir de manera articulada. En la UT le apostamos a fortalecer la infraestructura física para que no solo esté a disposición de los estudiantes sino de las otras universidades, también el fortalecimiento de los procesos creativos que nos permitan hacer transferencia de conocimiento hacia la región, coadvuyando en su desarrollo con las otras universidades y trabajando en procesos académico administrativos eficaces y eficientes”.

 

Desafío tecnológico

¿Bajo qué modalidad continuarán las clases? A esta pregunta, Peña dijo que en la Uniminuto va a continuar generando estrategias para mantener la conectividad. “Creo que la solución son los aprendizajes híbridos, con una formación acorde a los gustos de los estudiantes y sus necesidades. A futuro la alternancia se va a volver una solución fundamental para los estudiantes, generando una estrategia donde seguramente tendremos la mitad en casa y la otra mitad en el aula”, aseguró.

Mejía, por su lado, dijo que también habrá una combinación de las dos modalidades, pero desde ya se proyecta fortalecer la virtualidad.

“Estamos trabajando en una oferta nueva y ambiciosa de pregrado y posgrado netamente virtual y varios de los procesos también los tenemos que ir adaptando a esas nuevas modalidades. Por ejemplo, avanzar en las prácticas no presenciales, la producción científica, la internacionalización, el mejoramiento institucional”, dijo.

Para el caso de la UCC, la directora Izquierdo dijo: “Nos vemos en el aprendizaje híbrido. La universidad está emprendiendo un proyecto llamado Polaris, que es inteligencia artificial al servicio de la academia y anticiparnos al cambio. Por ahora, hemos ido abriendo algunos servicios pequeños, todas las clases son virtuales y las prácticas en programas muy específicos únicamente con los protocolos.

Podemos generar nuevas estrategias al ver la virtualidad como un gran aliado y ofertar con otros esquemas para que muchos jóvenes.

María Isabel Peña.

 

La docencia, la investigación, la proyección social son elementos vitales que contribuyen al desarrollo regional y tejido social y empresarial.

Patricia Izquierdo.

 

Estamos trabajando en una oferta nueva y ambiciosa de pregrado y posgrado netamente virtual y tenemos que ir adaptando los procesos.

Ómar Mejía.

 

Las universidades no podemos seguir cada una por su lado. La academia, el Estado y la empresa necesitan hacer sinergia y unir experiencias y logros.

Jaime Buenaventura.

Redacción Política

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