La zozobra tras el asesinato del guardián del loro orejiamarillo

Crédito: Tomada de Facebook/EL NUEVO DÍA

Con orgullo, Gonzalo Cardona decía que era “la persona que más sabe del pájaro (loro orejiamarillo) en el mundo”.
Con el miedo sembrado por el crimen del ambientalista Gonzalo Cardona, la Reserva ProAves cerró de manera preventiva y la comunidad de Roncesvalles y demás zonas donde ejerció liderazgo teme por posibles acciones de grupos armados.
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El asesinato del guardabosques y líder ambientalista tolimense Gonzalo Cardona Molina, el miembro más antiguo de ProAves, llevó a la fundación a tomar una decisión drástica: cerrar de forma preventiva la reserva, ubicada entre Roncesvalles y Génova (Quindío), para garantizar la seguridad de todo el equipo de trabajo.

La organización no prestará ningún tipo de servicio ecoturístico por un tiempo indefinido luego de la consternación que provocó el crimen de quien fuera conocido como el guardián del loro orejiamarillo, especie que se propuso salvar de la extinción, cuando supo, hace más de dos décadas, que apenas 81 individuos sobrevivían en su natal Roncesvalles.

“Acabamos de cerrar la reserva que tenemos en el área donde asesinaron a Gonzalo, pero qué va a pasar con lo que hay allí, qué va a pasar con el oso, con las especies por las que nadie habla. Nos asusta estar allá porque fácilmente le pueden quitar la vida a otro guardabosques”, dijo  el director de conservación de ProAves, Alexander Cortés.

Desde que el cuerpo de Cardona fue encontrado con dos disparos en el pecho a un lado de una quebrada en el corregimiento Barragán, zona montañosa de Tuluá  (Valle del Cauca), las autoridades han dado información a cuentagotas, como ocurre con investigaciones de este tipo, y la Fiscalía aún no se atreve a dar una hipótesis.

De acuerdo con El Tiempo, por tratarse de un crimen contra un defensor de derechos humanos, la investigación fue priorizada por la delegada de Seguridad Ciudadana de la Fiscalía y fueron designados dos funcionarios especializados del grupo especial itinerante con el fin de dar celeridad a las pesquisas.

Conocido el homicidio, la Secretaría del Interior del Tolima dijo que no se tenía registro de que ‘Gonza’, como era conocido, hubiera sido hostigado. Sin embargo, ProAves señaló que “en ocasiones había sido amenazado por muchos bandos incapaces de comprender su amor por la especie y su desinterés en la política. Los eternos enemigos de la paz, asumieron que él tenía otros motivos, cuando simplemente estaba impulsado a hacer algo diferente”.

 

Entre las balas y la resistencia

El asesinato de Cardona expone una vez más el riesgo que supone ser defensor del medio ambiente en un país en el que en 2020 fueron asesinados más de 100 líderes sociales, crímenes con los que grupos armados siembran el terror en las profundidades de Colombia.

“Perdemos una ruta, una forma de vivir y de pensar diferente. La fortaleza que teníamos con Gonzalo es que él era un campesino de las montañas del Tolima que entendía muy bien los procesos y la importancia de la conservación de sus propios recursos naturales”, expresó Cortés.

Para las organizaciones ambientales del país resulta todavía inverosímil que el costo para los líderes ambientales que defienden la vida en Colombia sea perder la propia.

“Gonzalo acompañó incansablemente a estos loros. Lo hizo de una manera carismática en un momento de inmenso peligro e incertidumbre. Constantes batallas y escaramuzas entre militares y guerrilleros lo colocaban en situaciones que amenazaban su vida, pero lo más importante para él era que los loros estuvieran a salvo”, recordó ProAves.

En la montaña donde Cardona ejerció su liderazgo hoy se respira miedo. Las comunidades temen que quienes lo acribillaron se ensañen contra otros guardabosques de la región, por lo que urgieron una intervención de organizaciones internacionales de derechos humanos.

“Nos duele en el alma (la muerte de) Gonzalo, pero también nos duelen los otros valientes que se han ido con Gonzalo y no queremos que nos sigan doliendo los líderes. Lo único que queremos es que nos dejen seguir con nuestra misión, pero nosotros no tenemos la facilidad de dar respuesta a esta situación y sabemos que aquí no va a pasar nada”, lamenta Cortés.

Durante dos décadas los integrantes de ProAves han trabajado por la conservación a pesar de las limitaciones impuestas a su ejercicio por el conflicto armado, pero el asesinato de uno de sus líderes marca una época de temor e incertidumbre.

La Comisión Ambiental y de Derechos Humanos de la Unión Patriótica en el Tolima recordó esta semana que “el 10 de junio de 2004 (Cardona) fue víctima de injusta judicialización cuando en una de las pescas milagrosas del gobierno de Uribe Vélez fue detenido con otras 14 personas entre campesinos, médicos, conductores, panaderos, mecánicos y odontólogos, y solo después de un largo proceso logró demostrar su inocencia, puesto en libertad, y absuelto de todos los cargos”.

 

Riesgos latentes

Con el aumento de crímenes contra líderes, las organizaciones de derechos humanos de Colombia esperan que el asesinato de Cardona no marque el inicio de otro año sangriento para estos activistas.

Tan solo en 2019, América Latina fue la región más peligrosa para los defensores de la tierra y Colombia encabezó la lista con 64 asesinatos, según un estudio de la ONG Global Witness publicado en julio del año pasado.

Estos 64 crímenes, de los cuales 14 estuvieron relacionados con la sustitución de cultivos ilícitos, duplicaron la cifra de los documentados en 2018, marcando un triste récord en los registros de la organización en Colombia.

Las amenazas contra los defensores ambientales se han vuelto más evidentes en los últimos años, como ha advertido Naciones Unidas, entre otras causas, por el incumplimiento del acuerdo firmado en 2016 entre el Gobierno y la antigua guerrilla de las Farc y los desafíos que persisten en la implementación de puntos clave como la sustitución de cultivos ilícitos.

 

Acorralar a las comunidades

Los asesinatos y amenazas contra defensores del medio ambiente se extienden por cada rincón de Colombia, una estela de violencia con la que grupos armados ilegales atemorizan a las comunidades y frenan los procesos de liderazgo para seguir abriéndose camino en negocios ilícitos.

Detrás de estos homicidios están bandas vinculadas a actividades como el narcotráfico y la minería ilegal para quienes los líderes son un obstáculo en las disputas territoriales que libran a sangre y fuego para controlar zonas estratégicas del país.

“El homicidio de Gonzalo y el de otros defensores son ataques contra los procesos organizativos de las comunidades y organizaciones que defienden sus territorios de las multinacionales, de las economías ilegales, de la minería ilegal, pero también de unos procesos económicos legales”, explica a Efe el investigador del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), Leonardo González.

Su organización contabilizó en 2020 el asesinato de 310 líderes sociales, cifra que la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, en su último informe de diciembre, situaba en 53.

Pese a los constantes desafíos que enfrentan los defensores de la tierra, González reconoce que desde el desarme de las Farc “lo que ha sucedido en Colombia ha sido muy positivo”, pues han disminuido otros indicadores como los desplazamientos y desapariciones forzadas, las minas antipersona y los homicidios en combates”.

La radiografía que hace Indepaz sugiere que las comunidades y los líderes de las zonas que siguen siendo azotadas por el conflicto quedaron a merced de grupos ilegales que tras el proceso de paz “llegaron con mucha más velocidad a los territorios (que dejaron las Farc), mientras el Estado avanza con lentitud para copar” esos espacios.

Para González, “los otros grupos están ejerciendo un control social que por supuesto choca con las organizaciones y comunidades que defienden” los páramos, bosques, cuencas y la vida humana. Pese a los avances que destaca en materia de paz en el país, la zozobra persiste en las regiones que sufren la reconfiguración del conflicto.

 

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Entrega absoluta

Gonzalo Cardona trabajaba como administrador de fincas ganaderas en la región antes de empezar a laborar con la Fundación en 1998. Desde entonces, consciente de la necesidad de apoyar la conservación del loro, se aseguró de que no fueran cazados y su hábitat no fuera destruido, aun cuando las amenazas de bandas criminales amenazaban con silenciar su voz.

Más allá de su conocida devoción por el loro orejiamarillo, sus compañeros recuerdan a Cardona, el primer líder ambiental asesinado este año en Colombia, por su defensa de la palma de cera, su pasión por el gélido río Cucuana y su servicio a una comunidad a la que heredó el cuidado de sus propios recursos naturales.

En su trabajo ambientalista, se convirtió en un experto en subir hasta lo más alto de las palmas de cera para instalar nidos artificiales como parte de un programa de la Fundación ProAves, donde era coordinador de la Reserva, para la conservación del loro orejiamarillo.

La última gran alegría de Gonzalo se la dio el censo nacional que él mismo hizo del loro orejiamarillo y la cotorra coroniazul. “Su libreta arrojaba un número aún impresionante para él mismo: 2.895 loros en Roncesvalles. La alegría desbordó su corazón con el orgullo del deber cumplido”, señaló la Fundación sobre esa herencia, fruto de un trabajo que hoy queda en manos de las comunidades.

Cardona era tan admirado y respetado por su comunidad que cuando la fundación denunció su desaparición, fueron los vecinos del área los primeros en salir a buscarlo.

“Gonzalo fue un símbolo sin proponérselo. La comunidad está muy dolida y todos lo están esperando para darle el último adiós. Lo importante es que tenemos la confianza de que esos loros, esos ecosistemas y esos bosques van a seguir de pie porque la gente ha creído”.

 

DATO

El loro orejiamarillo es de vital importancia para el medio ambiente pues son diseminadores de las semillas que hacen posible el repoblamiento de la palma de cera en Tolima, Valle y Quindío.

 

 

 

REDACCIÓN LOCAL, EFE, COLPRENSA

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