Negociación de paro debe ser puntual y fiscalmente viable, analistas del Tolima

Crédito: Suministradas / El Nuevo DíaCarlos Salazar, Jaime Eduardo Reyes, César Picón y Eduardo Bejarano.
Ante la gran variedad de reclamos que han aflorado en las calles, analistas consideran que la movilización se puede desgastar y perder capacidad de alcanzar cambios si no se concreta una agenda de temas razonables desde el punto de vista político y fiscal.
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Tras dos semanas desde el inicio del paro nacional, la movilización social consiguió tumbar el proyecto de reforma tributaria, suscitó la renuncia de Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda y arquitecto de la iniciativa, y el Gobierno nacional anunció la construcción de una política pública de jóvenes para resolver los problemas de ese sector poblacional.

Para Jaime Eduardo Reyes, director del Instituto de Desarrollo Regional de la Universidad de Ibagué, las manifestaciones de las últimas dos semanas revalidan la importancia de la protesta para avanzar hacia una sociedad más democrática y alcanzar logros puntuales, pues, más allá de que se haya caído la reforma tributaria, confía en que el Gobierno piense un proyecto de carácter progresivo.

“Creo que esta manifestación social de entrada logró detener la aprobación de una reforma tributaria con un enfoque donde primaba la tributación para las personas naturales y no para las empresas. Esa lucha es un logro en el sentido de que la reforma tributaria que se apruebe ahora va a ser progresiva y se tenga en cuenta la necesidad de que las empresas y los grandes dueños del capital en Colombia aporten para la solución de los actuales problemas”, señaló. 

Ahora, el Comité Nacional de Paro y los diferentes sectores que están en las calles, aspiran a que la presión ciudadana propicie una ambiciosa negociación con el Gobierno del presidente Iván Duque, sobre la base de una lista variopinta que, para algunos analistas consultados, podría afectar la capacidad de alcanzar nuevos logros si no se priorizan temas.

Para Carlos Salazar, director del programa Ibagué Cómo Vamos, los cambios se podrán obtener en la medida que las demandas ciudadanas se direccionen de manera coherente con las capacidades del Estado en la pandemia, pues es cierto que hay un sinnúmero de necesidades por cumplir, pero es una realidad que las finanzas están maltrechas.

“Han salido a flote muchos problemas sociales y económicos del país, y si se puede llegar a acuerdos con un consenso, estos no pueden sobrepasar los límites del presupuesto que hay para ciertos temas en particular. Ya nos dimos cuenta con la gratuidad en educación que se puede flexibilizar el presupuesto hacia otras prioridades, pero la negociación tiene que ser focalizada. Hay una cantidad de cosas que pueden sonar imposibles en el corto plazo porque no se han podido conseguir durante muchas décadas y gobiernos. Son problemas estructurales que llegaron a su punto máximo en la pandemia”, afirmó.

En una línea parecida, el analista Eduardo Bejarano aseguró que la movilización social -a la que le reconoce los logros mencionados-, corre el riesgo de desgastarse y perder apoyo de buena parte de la población si no se avanza en una agenda concreta y fiscalmente razonable.

“Hay que definir los temas y entender que no hay un espacio fiscal para tanta petición que está surgiendo al amparo de esta movilización. Algunos tratan de resumirlos en diez puntos, pero todos los días salen unos sectores nuevos y así esto se va a volver interminable. Ya se comprobó que la movilización tuvo unos efectos, ahora hay que darle paso al diálogo social, a la conversación, a la concertación, porque si esto se mantiene en el tiempo, el impacto en materia de recuperación de la economía, de contención de la pandemia y de generación de empleo va a ser negativo. Las cosas deben tener algún límite”, aseveró. 

Por su parte, César Picón, columnista de opinión y exsecretario de Agricultura de Ibagué, dijo que a diferencia del proyecto de reforma tributaria, cuyo rechazo aglutinó a diversos sectores en una única causa, ahora existe una gran diversidad de exigencias y reclamos al Gobierno nacional que, por separado, no tienen la misma fuerza en las calles. 

“Veo con preocupación que tenemos unos propósitos tan disímiles que harían difícil que podamos conseguir otros logros significativos desde el punto de vista de la presión popular en el Gobierno. El movimiento popular ya triunfó al lograr su objetivo original, pero en este momento hay muchos sectores que tienen múltiples inconformismos valederos y legítimos que, ante tanta dispersión de esfuerzos y falta de unificación de unos objetivos claros, pues hacen difícil que logremos obtener una conquista perenne. Se pueden lograr resultados particulares para un determinado grupo, pero no vamos a alcanzar las reformas profundas”, indicó. 

Para Picón, si se quiere que la movilización social se traduzca en cambios profundos, es necesario establecer cuáles son los temas prioritarios. “Una reforma tributaria progresiva o una reforma a salud sí son propósitos profundos, pero hoy unos están marchando en contra de la alternancia, otros contra el glifosato, otros contra los peajes. Son tantos los temas que  no va a haber una posibilidad de negociar unas reformas sustanciales sino de pronto unos resultados dispersos que no van a ser profundos”, agregó.

Redacción Política

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