‘La gran meta de la negociación es que el país se reconcilie’, monseñor Henao

Crédito: Colprensa/EL NUEVO DÍAMonseñor Héctor Fabio Henao, director de la Pastoral Social y delegado de la Conferencia Episcopal en las negociaciones del paro.
En entrevista, monseñor Héctor Fabio Henao, garante de la Iglesia católica en el diálogo entre el Gobierno nacional y el Comité de Paro, dijo que la crisis debe ser tramitada sin caer en estigmatizaciones y reconociendo la dignidad de todas las personas.
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¿Qué valoración hace la Conferencia Episcopal de este momento tan turbulento?

Es un momento de crisis social y económica de alta complejidad, que exige de manera urgente un plan de recuperación integral en el que se brinden oportunidades para todos los sectores, particularmente los más vulnerables. Las situaciones históricas de inequidad en Colombia se han ido acumulando a lo largo de décadas y los reclamos apuntan a que haya una sociedad más incluyente. 

La pandemia profundizó esa situación de empobrecimiento de la población y se agudizaron ciertas situaciones que deberían haber tenido respuesta. Nos preocupa en particular la situación de los jóvenes, que tienen un nivel de desempleo muy alto, pero también nos inquieta las condiciones de sectores como los campesinos, los indígenas y las pequeñas y medianas empresas, que, siendo el gran empleador de Colombia, han tenido cerrar. 

 

¿Cuál es el papel de la Iglesia en el proceso de negociación?

El rol de la Iglesia es en varios niveles. Por petición del Comité Nacional de Paro, la  Conferencia Episcopal y las Naciones Unidas estamos acompañando el proceso, pero también estamos presentes con las personas que tramitan de manera no violenta sus aspiraciones y las comunidades, sobre todo junto las personas que han resultado afectadas por el paro y tienen múltiples dificultades. Buscamos hacer puentes y construir relaciones para darle solución a la difícil situación que vivimos. 

negociación

¿Qué tan complejo ha sido el arranque del proceso?

Difícil. Hemos tenido las solicitudes de muchos sectores que piden que se establezcan condiciones de garantías para la marcha y la protesta no violenta. Esas condiciones pasan por la protección y el respeto por la vida humana, de lado y lado, con lo cual nosotros estamos cercanos. A todos nos duele lo que está pasando, la muerte de un joven como Santiago o el patrullero de la Policía es el dolor de toda la nación. Pero también hay una solicitud de garantía para el funcionamiento de la mesa. Estamos en la fase previa a la negociación en la que se define el marco de garantías tanto para la movilización pacífica como para la mesa de negociación.

 

Los manifestantes dicen que no pueden conversar cuando se cometen violaciones contra la ciudadanía. ¿Cómo avanzar en una negociación así? 

Lo primero es centrar todos los esfuerzos en preservar y cuidar la vida. El papa Francisco ha desarrollado toda una reflexión sobre lo que significa el cuidado de la vida en todas sus dimensiones y queremos insistir en ese asunto. Lo segundo es actuar en el marco de la dignidad y los derechos humanos, nosotros vamos a trabajar en esa línea con el Comité del Paro y el Gobierno nacional, animando para que se den signos de diálogo positivos de cada lado y encontrar soluciones.

Como el Papa, son diferentes organizaciones y miembros de la comunidad internacional que tienen la mirada puesta en Colombia para que se respete el derecho a la protesta...

Existe una preocupación de la comunidad internacional por las situaciones que se viven en Colombia y hay consciencia de que estamos ante situaciones en las que ha habido hechos,  desde distintas orillas, que han afectado los derechos de las personas. Nosotros estamos escuchando y haciendo seguimiento a las formas cómo la comunidad internacional está abordando la temática, eso nos anima e impulsa a trabajar por el respeto por la vida y los derechos de todos. 

 

¿Qué cree que pueda resultar de la eventual negociación?

Que se construya una Colombia más equitativa. Es un proceso de largo plazo, pero esperamos que se señalen las rutas, que salgamos con una sociedad fortalecida, con capacidad de escucha y diálogo, pero, sobre todo, reconciliada, que esa es la gran meta. Para eso, no debemos estigmatizar. Lanzar expresiones, calificativos o epítetos contra una persona rompe el camino de la reconciliación. El ser humano es mucho más que ciertas circunstancias y, por tanto, con los ojos puestos en la fe pensamos que hay que aprender a vernos cara a cara, identificarnos para poder construir un pacto que ayude a avanzar frente a los desafíos más grandes del país.

 

Con tantos reclamos sobre la mesa, ¿cómo cree que puede avanzar la negociación?

Hay que reconocer que todos los actores deben ser escuchados. El momento exige tender mecanismos suficientes para escuchar a todos los sectores. El presidente Iván Duque dio instrucciones a los gobernadores y alcaldes para que activen mecanismos en ese sentido a nivel local y departamental. 

De ahí que sea fundamental activar los consejos territoriales de paz, reconciliación y convivencia, para que asesoren a los mandatarios en los elementos que se necesitan para avanzar en la búsqueda de soluciones. No todo se va a resolver en la mesa nacional, porque están los niveles territoriales y sectoriales. La idea es construir confianza y reencontrarnos.

 

Quizás no se ha hablado mucho al respecto, pero en las calles también están protestando por la corrupción. ¿Qué tanto tiene que ver este fenómeno social y político en la crisis?

La corrupción es el cáncer de una sociedad, que va poco a poco carcomiéndola, que va destruyendo la confianza, que quita oportunidades a los más pobres. Normalmente la corrupción se empotra más en los programas que deberían beneficiar a los más pobres. Es un fenómeno en el que hay actores de ambos lados: quienes entregan y quienes reciben recursos para el bien común. Desde ahí, el rechazo contundente de la Iglesia, habida cuenta de que es un fenómeno destructor de la democracia y que afecta gravemente la credibilidad de las instituciones.

 

La Iglesia acompañó el proceso de negociación que concluyó con la firma del Acuerdo de Paz, cuyo cumplimiento está en entredicho. Con las denuncias de fallas en su aplicación, ¿cómo hacer que los acuerdos que de aquí surjan, se ejecuten?

Eso es parte de lo que hay que definir, todavía no hemos llegado hasta allí. La metodología tendrá mecanismos de acompañamiento y seguimiento adecuado. Hay que fortalecer el diálogo, la escucha, la no estigmatización y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas. En esa medida, avanzaremos hacia la construcción de la nación que tenga como eje central la reconciliación.

Redacción Política

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