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“Hay que demoler el Estado clientelar y corrupto”: Rodrigo Lara

Crédito: Colprensa/EL NUEVO DÍA
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En entrevista con El Nuevo Día, el senador y precandidato presidencial por el Nuevo Liberalismo habló de su propuesta política, dijo que se necesita una reforma económica que proteja el empleo y la producción, y ahondó en su idea de hacer una consulta de liberales socialdemócratas.
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¿Qué lo animó a lanzarse a la Presidencia?

Estos últimos meses nos hablan de dolor en Colombia, de historias difíciles y de personas que perdieron su empleo, su microempresa, su local de barrio, y les negaron las ayudas del Estado, pero sí les llega la cuenta de impuestos, mientras que a las empresas grandes, el Gobierno con generosidad las apoya. Son tiempos en los que vemos mucha angustia por la inseguridad, porque hay robos, fleteo y cada vez que sale un hijo de la casa no sabemos si regresa a salvo.

Soy de la tesis de que necesitamos un Estado serio y fuerte, que provea la seguridad física, económica y ambiental de los colombianos y que emprenda reformas muy profundas, como demoler el Estado clientelar y corrupto y construir una economía del bien común, basada en lo que he llamado el ‘Patriotismo económico’. Se va a acabar la renta petrolera y del carbón, entonces es hora de promover unas reformas económicas muy profundas que genere y proteja el empleo y la producción de los colombianos. 

¿En qué consiste el Patriotismo económico?

Significa que el Estado seleccione sectores estratégicos de la economía y los promueva, de tal forma que proteja el empleo de los colombianos. Este Gobierno y el anterior han sido muy generosos con la importación de productos extranjeros. Tienen al sector arrocero quebrado y al sector agropecuario supremamente golpeado. Todo esto ha llevado a que se precarice el empleo, se destruya el aparato productivo y no exista suficiente oferta laboral para todos los colombianos. Es hora de tener patriotismo económico, darle prioridad al trabajo y la empresa colombiana y luego, en segundo lugar, a las importaciones.

El Gobierno sostiene que la nueva reforma tributaria busca proteger a las personas más vulnerables. Las plenarias del Congreso están citadas hoy para dar trámite a ese proyecto. ¿Cuál es su posición al respecto?

Lo hacen muy tarde, cuando la gente ya perdió sus micronegocios y sus empresas. Van a extender el subsidio a la nómina, pero para las empresas que lograron sobrevivir, lo cual me parece bien, pero ¿las que se quebraron, las que desaparecieron, por la falta de apoyo y ayuda del Gobierno? Muchos sueños se rompieron y los esfuerzos de muchos años se evaporaron. Entonces, todo eso ya es una respuesta tardía y me da la impresión de que es muy politiquera, hecha para las elecciones.

Me duele que suban el impuesto de renta para las pequeñas y medianas empresas al 35 %, porque afecta al sector productivo y al crecimiento de la economía. Además, lo hacen de manera igual para las grandes empresas que han recibido subsidios de nómina el año pasado y las que no han recibido absolutamente nada. Es la lógica de este Gobierno de derecha populista: duro con los pequeños, suave con los grandes. Un Robin Hood al revés: el personaje le quitaba al rico para darle al pobre y acá el Gobierno le quita a la clase media y baja para darle al rico.

¿Cree en la renta básica?

Es necesaria. No se puede ampliar a toda la población colombiana, como señalan algunos teóricos, pero sí hay que llegar con renta básica a los campesinos sin tierra, las personas que no tienen techo y los que no tienen trabajo. Son tres ‘t’ que caracterizarán mi gobierno. 

Como precandidato del Nuevo Liberalismo, usted invitó a Alejandro Gaviria, Iván Marulanda, Sergio Fajardo, Ingrid Betancourt y otros líderes a ser parte de una consulta liberal socialdemócrata. O sea, ¿invita a hacer otra consulta distinta a la de la Coalición de la Esperanza?

Como liberal, tengo unas convicciones e ideas muy claras. Soy reformista y profundamente socialdemócrata, que coloca la solidaridad en el seno de todas las políticas. La forma de vencer el populismo, tanto de la izquierda marxista de Gustavo Petro como de la derecha populista del actual Gobierno es con una política de fraternidad y eso se construye cuando hay solidaridad. Esa es la esencia de mi proyecto. 

Ahora, este no es un proyecto de centroizquierda. El partido Verde y, de cierta forma, la Coalición de la Esperanza tiene elementos de centroizquierda muy marcados y no es lógico políticamente casarse con esa tendencia cuando la izquierda de Petro está en la segunda vuelta. Por otro lado, me parece que las posiciones de la centroizquierda frente a la seguridad son muy frágiles. Mi posición contra el narcotráfico y la lucha contra el crimen es de absoluta severidad, porque hay que proteger la vida, el patrimonio de las familias y los hijos de los colombianos.

Pero, insisto, ¿la idea es armar otra consulta?

No entiendo por qué toda la discusión política en Colombia gira alrededor de la mecánica de una consulta. En cualquier democracia, eso es lo último que se resuelve. Lo primero es definir qué ideas representamos, cuál es la filosofía política subyacente y qué vamos a defender. Las coaliciones no enamoran porque solo hablan de mecánica. Las personas se reúnen alrededor de ideas, no pueden ser roscas ni clubes cerrados.

Además de esas personas que mencionó, ¿con quiénes más tiene afinidad de ideas para esa nueva consulta que propone?

Cuando unas personas comparten un ideario común, es fácil ponerse de acuerdo, pero cuando la coalición es un sancocho ideológico de tendencias de izquierda, izquierda fuerte, centroizquierda, más liberales, es difícil encontrar contundencia. Por eso las coaliciones no enamoran, porque no tienen una coherencia ideológica clara. Es su principal debilidad. La excesiva heterogeneidad ideológica le resta contundencia al discurso.

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