Un proyecto, primer paso para sembrar

ARCHIVO - EL NUEVO DÍA
Para los expertos, antes de establecer cualquier proyecto agrícola, se debe tener en cuenta, al menos, la oferta ambiental del predio, la disponibilidad de agua, el análisis de suelo, asesoría técnica y selección de buen material vegetativo.

Sembrar por tendencia o moda es sinónimo de quiebra.

Una fiel muestra de lo anterior se vivió hace 20 años en Santander, cuando se quebraron todos los arroceros, quienes plantaban cerca 20 mil hectáreas sin tener el recurso riego, sino la esperanza de que las aguas cayeran del cielo.

También lo están padeciendo unos campesinos metidos en las llamadas “alianzas estratégicas”, donde primó el afán del operador logístico y se plantó buena parte del proyecto en tierras donde nunca se debió sembrar palma.

Hay casos muy claros en el sector frutícola. Por no tener en cuenta los costos de producción y problemas fitosanitarios, hay siembras de guanábana y guayaba pera que tuvieron que ser erradicadas.

De acuerdo con los expertos, no se puede sembrar por sembrar; lo primero que se debe tener claro es la concesión de un proyecto agrícola que involucra una serie de variables que van desde la situación económica del sector, pasando por las condiciones agroecológicas del predio, hasta la comercialización. No tener en presente una sola de las variables representa el fracaso de la pretendida iniciativa agrícola.

¿Qué debe tener en cuenta un campesino antes de establecer un cultivo?

De acuerdo con Rafael Hernández Lozano, gerente de la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, lo primero que se tiene tener en cuenta cuando se pretende la siembra de arroz es el recurso agua, puesto que se trata de un cultivo semiacuático.

Seguidamente, hay que mirar las condiciones agrobiológicas del suelo, para determinar si es apto para ese cultivo. Posteriormente, conocer la oferta ambiental.

“Es primordial la ubicación del predio, pues hay que tener en cuenta que la cosecha se tiene que sacar; pero a su vez, entrar insumos y fertilizantes para el cultivo”, agregó.

No puede faltar la asesoría técnica, la semilla certificada e implementación del Programa de Adopción Masiva de Tecnología, Amtec, el cual le permite un ahorro de 30% de los costos y aumento de la producción en un 20%.

Primero, agricultores

Aunque no se crea, para ser un buen ganadero lo primero que se tiene que ser es un excelente agricultor.

Así lo estimó José Félix Lafaurie Rivera, presidente ejecutivo de la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, al comenzar a enumerar cinco variables que son sustanciales a la hora de establecer un proyecto ganadero, ya sea para la explotación de leche o carne.

“No se puede comprar una finca que no tenga agua, debido a que así en el primer año, el proyecto colapsa”, agregó.

En su concepto, además, hay que tener en cuenta la vocación del suelo, pues se tienen que establecer, en primera instancia, las pasturas, que serán las que proporcionen el alimento de los ejemplares.

“Un ejemplo claro en la producción de leche en Colombia se tiene en la ganadería El Madrigal, en Santander, donde el manejo y confort de las vacas conlleva a una mayor producción por animal”, agregó.

Lafaurie Rivera expresó que, igualmente, es necesario contar con un plan sanitario y una mejora genética.

“El proyecto debe establecerse, en lo posible, cercano a vías principales, para poder acceder a los centros de comercialización”, agregó.

Para el directivo de Fedegán, no existe ganadería sin comida, de ahí que el ganadero deba ser un excelente cultivador de pasturas.

El comercio, sustancial

El cultivo de tabaco en Colombia es el fiel reflejo del minifundio; es decir, familias dedicadas a su siembra en un área muy pequeña.

Para Heliodoro Campos Castillo, gerente de la Federación Nacional de Tabacaleros, Fedetabaco, antes de sembrar la primera planta, se debe tener certeza de si se cuenta con el recurso agua.

En su concepto, no disponer de ella es alistarse para el fracaso económico de ese proyecto.

“Sin agua y con buen tiempo (hoy incierto), se pueden recolectar 1.800 kilos por hectárea; pero si se cuenta con riego gota a gota, se recolectarían 2.400 kilos. El kilo de tabaco borley se vende a $4.800 en promedio, lo que significa que se obtendrían 600 kilos de más que valdrían en el mercado $2.880.000. Ahí esta la diferencia entre el éxito y el fracaso”, agregó.

Además, Campos Castillo explicó que no deben dejar de lado una comercialización asegurada, terrenos aptos, crédito barato y disponibilidad de mano de obra.

“Sin asistencia técnica y material de calidad, tampoco se sale adelante”, aseveró.

El recurso económico

Muchos agricultores se quedan en la mitad del proyecto sin recuros económicos para desarrollorlo a cabalidad; de ahí que por la falta de éste, no quede técnicamente establecido.

Según Gildardo Palencia Calderón, director del Centro de Investigación La Suiza, de Corpoica, en El Playón, el agricultor debe hacer una planificación económica milimétrica de su proyecto. Cumplido este factor, hay que tener en cuenta la oferta ambiental del predio y establecer qué piso térmico posee, con el fin de no establecer cultivos no adecuados para esa altura sobre el nivel del mar.

“Hemos encontrado en clima templado cultivos de clima caliente, y ahí la sacrificada es la producción”, agregó.

Palencia Calderón dijo que se debe hacer un análisis de suelo, para conocer su condición química y física. A partir de ahí, se hará las respectivas correcciones.

“No se puede concebir un proyecto agrícola, sin antes conocer el análisis de suelo donde se va a plantar”, agregó.

Para el investigador, la condición hídrica es de vital importancia, pues será el factor determinante en la producción y estacionalidad de la misma.

En su concepto, se debe contar con asesoría técnica y disposición, y, a su vez, apropiarse de esos conocimientos.

Finalmente, considera necesario hacer una muy buena selección del material vegetativo y establecer un plan sanitario que se cumpla a cabalidad.

Obtener ganancias

Para los expertos, si el campesino desea establecer un proyecto agrícola, debe tener en cuenta que su intención es una sola: producir para ganar.

De ahí, según sus conceptos, que deba tener en cuenta todas las variables para lograrlo y hacer de la planificación su mejor compañera.

Por ejemplo, si el proyecto es agrícola, debe tener en cuenta que los frutos no los obtendrá al año siguiente, si no que debe esperar dos o tres, hasta lograr una producción que lo aproxime al punto de equilibrio.

Además, debe proyectar esa producción en el tiempo y así estimar si es factible en términos de ingresos y costos, es decir, si es rentable.

Los investigadores estiman que la mejor apropiación de información se logra de los vecinos en la vereda, así como de aquellas personas que ya tienen las siembras.

Ellos darán a conocer, con lujo de detalles, cuáles son los inconvenientes, ya sean de producción o fitosanitarios.

Recalcaron que cuando ese tipo de proyectos son financiados a través de un crédito, todos los pasos que se dan deben ser muy precisos.

Las coyunturas económicas

Aunque no se crea, en el sector agropecuario las coyunturas económicas tienen un peso sustancial, al punto que perfectamente pueden ser el éxito o el fracaso de un negocio.

Esa situación la padece en carne propia el sector avícola, uno de los más eficientes del sector pecuario colombiano; sin embargo, por una situación exógena, hoy sus costos de producción, en muchos casos, hacen inviable el negocio, debido a la revaluación del dólar. De acuerdo con Marta Ruth Velásquez Quintero, directora regional de Fenavi, hay empresas en las que sus costos han llegado a incrementarse entre 15% y 30%, ya que todas sus materias primas son importadas.

En concepto de Velásquez Quintero, este no es el momento para pensar en el desarrollo de proyectos avícolas, pues el futuro es incierto.

Si la situación fuese normal, la directiva estima que quien desee ser avicultor debe primero mirar el uso del suelo del predio donde se va establecer el proyecto. Hoy, los POT quieren sacar a los avicultores de las zonas que colonizaron. Igualmente, el componente agua es sustancial, como lo es el conocimiento real del mercado, el cual es muy variable y sensible. Las normas del ICA deben saberse de memoria. 

MARCO A. RODRIGUEZ PEÑA

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