Más de 40 años tejiendo historias y confeccionando trajes folclóricos

Crédito: Helmer Parra /Nuevo Día
Camelia Ramírez, además de su amplia experiencia en la confección de trajes típicos, tiene fuertes bases conceptuales en lo que a folclor se refiere. Ella nos contó su historia y puntualizó el origen de la indumentaria típica que se utiliza en las festividades.
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Camelia Ramírez de Guarín es sinónimo de folclor y, sin duda, referente en esta materia en la ciudad y la región, en cada rincón de su vivienda se respira cultura, toda vez que hacia donde se coloque la mirada hay alguna de sus confecciones, esas que con esfuerzo y pasión han creado, fruto de un arte que empezó a ejercer hace más de 40 años.

Su trabajo ha sido reconocido por los ciudadanos que año tras año la buscan para alquilar o adquirir los trajes que elabora, así como por la prensa local y nacional que le han dedicado innumerables artículos que atesora y exhibe enmarcados en sus paredes a quienes la visitan.

Con su simple presencia se hace querer por su amabilidad y don de gente, cuando habla de folclor su mirada se ilumina y se sienta en la palabra, entre los conocimientos y anécdotas entretiene a quien la escucha y es difícil interrumpir su hilo narrativo.

Al consultarle por su fascinación por el arte y la cultura, mencionó que lo heredó de su madre Ana Ramírez, a quien recuerda con amor y cariño, pues esa “cercanía con el folclor, la música, nuestra identidad y todos los ancestros viene de mi madre, a la que desde pequeña veía tocando guitarra y además cantaba muy lindo”.

Su arte

Camelia, que recientemente cumplió 83 años de edad, no se ha amilanado con ninguna de las pruebas que le ha puesto la vida, pues recordó que superó el divorcio de su esposo y le ganó la batalla a un cáncer que alcanzó a amenazar su ‘llama’ de vida.

Justamente, durante la recuperación de esa patología “una hermana mía entró a estudiar diseño de modas donde Arturo Tejada, a ella no le gustaba eso y me regaló lo del semestre. Ahí estudié y paralelamente me formé con el folclorólogo Guillermo Abadía los fines de semana”, expresó.

Una vez culminó su formación académica y conceptual se radicó en Ibagué con la idea de “crear mi empresa dedicada al rescate de las tradiciones nuestras, de nuestras etnias, nuestros ancestros y todos los valores bellos que a hoy se han ido acabado”, dijo.

Recuerda con un afecto especial a Cecilia Motta de García, quien se convirtió en su primera clienta, toda vez que le pidió que le elaborara un traje típico para asistir a una fiesta en el Club Campestre.

Fue tal la aceptación de su trabajo que en un abrir y cerrar de ojos se le llenó la casa de clientas que también acudían a dicho encuentro. Su destreza en la confección creció como bola de nieve y gran parte de la ciudad conoció de ‘Diseños y creaciones Camelia’, nombre del negocio que prevalece hasta estos días.

Tal fue la aceptación de su trabajo que pronto contó con un grupo de colaboradoras que la apoyaban con sus creaciones, su talento le permitió durante muchos años confeccionar decenas de trajes para las reinas que acudían a la capital tolimense al Festival Folclórico Colombiano.

No obstante, en la Administración anterior ese vínculo se interrumpió, pues según cuenta, esa labor que ella cumplía fue encomendada a una firma de Bogotá que intentó alquilar sus trajes a un bajo costo, por lo que no hubo acuerdo.

“Ahí empezó a estancarse un poco la dinámica del negocio. No estoy ‘llevada’ porque tengo varias líneas, en primera comunión, 15 años, trajes de todas las regiones del país, vestidos de gala”, expresó.

confección trajes

Actualidad

Tras dos años de pandemia en los que, de alguna manera, se restringieron las actividades propias del Festival Folclórico, Camelia, con una sonrisa en su rostro, dice que tiene la plena confianza de que las cosas van a mejorar para su empresa.

En este diálogo, que se produjo la primera semana de mayo, comentó que a esa fecha ya había acordado con algunas empresas y universidades el alquiler de algunas de sus confecciones: “Tengo fe en Dios de que vamos a volver a levantarnos”, esbozó con ánimo.

En promedio uno de sus trajes de alta costura lo alquila en unos 80 mil pesos, sin embargo, cuando son varios accede a realizar un ajuste en el valor.

“Estoy dejando 17 vestidos para una universidad, alusivos a la Costa, en 25 mil, porque la situación es difícil. No se hace la misma plata que en otras épocas, pero uno es consciente de que la situación económica en general es difícil. Hay que colaborar con la gente”, puntualizó.

Detalles en la falda

Si bien la confección de todo el traje requiere un arduo trabajo, quizá la falda toma mayor tiempo por todos los detalles que contiene. 

De acuerdo con Camelia, esta debe tener 12 metros de ancho para completar la circunferencia, al levantar los brazos, asimismo tiene tres arandelas en gamas recamadas adornadas de cintas, randas y encajes.

“La enagua tiene encaje, el mameluco debe ser blanco, la blusa en algodón con cuello militar y con los mismos adornos de la falda pero sin ser extravagante”, dijo.

Apropiación cultural

Camelia ve con dolor la falta de apropiación de los jóvenes con la música colombiana y su interpretación, ya que, en su concepto, considera que están más pendientes de ritmos nuevos como el reguetón y sus derivados: “En el Festival de la Música Colombiana, que desarrollamos cada año en Ibagué, no hay presencia de jóvenes, solo vamos los viejitos”.

Y agregó: “Me da dolor que en ninguna casa se interpreten los instrumentos musicales, antiguamente por vivienda al menos dos de sus integrantes los interpretaban. Tengo mis nietas de 12 años y estoy ‘bregando’ por transmitir ese amor por la música nuestra, por la guitarra, por nuestros instrumentos”.

Aunado a lo anterior, destacó que la música colombiana de Jorge Villamil, Silva y Villalba, entre otros, eran verdaderos poemas dignos de replicar en la cotidianidad, por lo que invitó a las emisoras locales a retomar y difundir estas interpretaciones.

Origen de los trajes

Camelia tiene un amplio conocimiento en lo que atañe al folclor por lo que, al ser consultada, se refirió al origen de los trajes típicos folclóricos que están inspirados en la indumentaria que portaban los campesinos décadas atrás.

Antes que nada, explicó que el traje femenino “va al tobillo por el recato y moral de la campesina que no mostraba las partes nobles del cuerpo. Usaban cuello muy alto, manga larga o tres cuartos. Su saya en un solo tono hasta el tobillo con sus enaguas blancas y mameluco blanquísimo en señal de la pureza de la mujer”, manifestó.

Pese a que la falda en la actualidad se caracteriza por su amplitud, ya que debe conformar una circunferencia cuando quien la porta levanta los brazos, “unos 80 años atrás las faldas no eran tan anchas porque la campesina hacía unos pasos muy recatados y sencillos”.

Además, Camelia expuso que anteriormente la campesina atravesaba largos caminos, para llevar la vianda o comida a sus esposos, senderos en los que encontraba florecitas y se las colocaba en su cabello que usualmente estaba trenzado.

“Usaban mucho el sombrero de palma de pindo para cubrir su rostro en aquel tiempo. Ahora para evocar esa época lo llevan colgado en la espalda”.

Ahora bien, con relación a los hombres, Camelia señaló que los campesinos utilizaban la ropa completamente blanca porque en esa época no había color para teñir sus vestimentas.

“Como mantenían en cementeras y cultivando. Usaban un pedazo de coleta roja para secar el sudor, por eso ahora llevan el raboegallo”, dijo.

Y agregó: “Ese es el traje típico. En las fiestas típicas usaban mochila de fique, no los carrieles que son de zonas cafeteras y paisas. Ahí llevaban aguardiente para echarse sus traguitos”, refirió en tono jocoso.

Reconoció que, aunque el poncho tiene su origen en zonas cafeteras y es eminentemente paisa, lo utilizaban porque cuando estaban trabajando en la recolecta de diversas cosechas, la prenda les servía para alzar cargas y bultos a sus hombros.

 

 

MANUEL BRISNEDA

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