20 años de la toma guerrillera a Roncesvalles

Crédito: Archivo - EL NUEVO DÍA
Entre las múltiples tomas guerrilleras que cubrió EL NUEVO DÍA, se recuerda la de Roncesvalles, combate que terminó con la vida de 13 policías y 11 guerrilleros.
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Los policías fueron llamados uno a uno por los guerrilleros que horas antes habían atacado Roncesvalles y, con la excusa de que les perdonarían sus vidas si se arrodillaban ante ellos, creyeron sus palabras sin saber que recibirían un tiro de gracia.

La imagen y el sonido de las balas aún retumban en la cabeza del exconcejal Jesús Antonio Pareja Molina, quien cuenta que sobre las 10 de la noche del viernes 14 de julio de 2000 sonó el primer disparo. Miembros de las Farc habían destruido un transformador para dejar sin electricidad a esta población del sur del Tolima.

“Ya antes habían ocurrido unos ajusticiamientos tanto en zona rural como urbana, y otras tomas, pero no como la de esa noche. Roncesvalles fue sacudida por la violencia entre liberales y conservadores, con las guerrilleras del M-19, pero fueron incursiones mínimas.

“La toma sucedió un viernes en la noche, allí estuvieron los frentes 21, 50 y una columna de La Gaitana, fueron más de 10 horas de combate. Días antes hubo un consejo de seguridad y el comandante de Policía me contó que el panorama estaba ‘caliente’ y algo podía ocurrir”, recuerda Jesús Pareja.

 

Se tomaron el pueblo

Cuenta el exconcejal Pareja Molina, que ante los rumores y el ambiente de guerra que se sentía en la población, enviaron una alerta temprana a las autoridades nacionales, pero la única respuesta que recibieron fue la del comandante de Policía Tolima de la época, quien les dijo, ‘para eso los entrenaron y a ver si ellos se dejan matar’.

Con la población en la penumbra, las ráfagas de fusil cruzaron el cielo de Roncesvalles, las trazadoras fijaban el blanco y los estruendos por los cilindros bomba atormentaban a policías y civiles que se resguardaban para no morir en el ataque.

“El combate es cruento, en una hora se escuchaban hasta 20 explosiones duras, y no solo iban dirigidas hacia la estación de Policía, sino a la Caja Agraria y Telecom; la Policía hizo frente como hasta las 2 de la madrugada cuando se desplomó una pared y los dejó sin protección”, añade.

Uno de esos muros cayó sobre el uniformado Fernando Méndez Medina, quien quedó entre los escombros y una columna, lo que evitó que muriera esa noche. Sus compañeros no corrieron con la misma suerte, pues ya acorralados, los sacaron hacia una vivienda contigua y los tuvieron hasta que salió el sol.

“A mí me sacaron de la casa como a las 4 de la mañana para que les abriera la puerta del Concejo, pero ya habían volado la puerta, no sé qué buscaban, porque allá no había dinero; se llevaron una grabadora periodística, dispararon sobre una máquina de escribir y quemaron archivos y muebles”.

EL NUEVO DÍA

Tiro de gracia

Sobre las 7 de la mañana, según lo narrado por Jesús Pareja, formaron a los uniformados y a los dos primeros los arrodillaron y a cada uno le dispararon en la cabeza.

“Me afectan todavía esos recuerdos, yo preferí mirar hacia otro lado y solo escuchaba los disparos. Eso fue sin misericordia. Uno de los policías tenía una pistola y disparó y huyó, pero cuando lo rodearon, le dieron a los más jóvenes, ‘afinen puntería’ y lo acribillaron”.

El Ejército logró ingresar a la zona sobre las 10:30 a.m. y la ultima explosión en ese primer combate, según lo contado, fue desde un helicóptero, pues las tropas ingresaron por aire, ya que el camino estaba minado.

El dolor todavía ronda en la población, así como en las familias de las víctimas, quienes esperan nunca más volver a vivir estos episodios de sangre que dejó además, pérdidas económicas y retrasos en la educación infantil.

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Uniformados que fallecieron

Sargento segundo Adán Bocanegra Vega; subintendente Norbey Molina Romero; patrulleros Álvaro Mejía y Óscar Ñustez Pérez; agentes Humberto Álvarez Arango, Jhon Jairo Castro Ortiz, William Cifuentes Másmela, Éver Hernández Pinto, Henry Méndez Pedreros, José Parra Moreno, Alexis Rojas Firigua, Alfonso Rodríguez y Javier Vidales Bautista.

EL NUEVO DÍA

 

Impreso en el papel

EL NUEVO DÍA registró este episodio, así como otras tomas ocurridas ese mismo año, como la de Alpujarra el 20 de marzo y el primero de abril en Puerto Saldaña.

Este rotativo informó en su momento que “A sangre fría, los guerrilleros asesinaron uno a uno los policías que en la mañana de ayer se quedaron sin munición y decidieron entregarse. El general Luis Alberto Gilibert, anunció que las Farc obligaron a la población civil a salir de sus casas para evitar un bombardeo por parte del avión fantasma y de los helicópteros que sobrevolaban la zona”.

El director de la Policía Nacional también le contó en esa ocasión a El Periódico de los Tolimenses’, que “mis hombres murieron con las armas en las manos. Son héroes que entregaron la vida por defender a la población, pero cayeron en manos de gente sin piedad”.

Es que según lo reseñado por la redacción judicial en el 2000, fueron 11 los uniformados asesinados con tiro de gracia, mientras que otros dos murieron durante el enfrentamiento.

El 16 de julio se cumplió en Ibagué un sepelio simbólico de ocho víctimas, pues las otras tres eran de Espinal, Melgar y Armero-Guayabal y allí monseñor Juan Francisco Sarasti dijo que la iglesia condena toda violencia viniere de donde viniere.

En cuanto a bajas guerrilleras, este periódico publicó la información otorgada por la Sexta Brigada, que dio cuenta de 11 subversivos muertos y dos capturados. Entre los dados de baja estuvieron el comandante del frente Héroes de Marquetalia Carlos Abel Calderón Bello alias ‘Hernán Murillo Toro’ y de alias ‘Mayerli’, tercera al mando de dicho frente y compañera sentimental de ‘Murillo’.

Luego de esta toma, inició un éxodo de por lo menos 215 personas, la mayoría menores de edad, quienes temían por sus vidas, ya que se escuchaban rumores de una nueva incursión.

 

Dato

En el enfrentamiento resultó herido un solo civil, este fue identificado como Rigaúl Garrido González, quien entregaba los recibos de Electrolima y dos días antes había llegado a la población, procedente de Playarrica, para ejercer sus labores, y con la mala fortuna de ser alcanzado en el estómago por una bala.

archivo

ANTONIO GUZMÁN OLIVEROS

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