La inspiración artística que emergió de un tronco

El rostro humano que sostiene la tambora y el detalle del penacho de plumas.
Crédito: HÉLMER PARRA - EL NUEVO DÍA
Un artista caucano decidió transformar un trozo de un árbol que se había caído, en una obra con la cual pretende ofrecer un recorrido multicultural.
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Con un cincel y un pequeño martillo, Aníbal Bedoya Bravo se sienta desde las 3 de la tarde a tallar un tronco en el parque del barrio Belén, el mismo que hace seis semanas modela y, desde que llegó a ese lugar, imaginó que podía darle una forma artística.

A medida que esculpe, su mirada se fija en la madera, y analiza qué nuevos detalles puede agregar, pues espera al finalizar, ofrecer un recorrido multicultural en una sola escultura.

La primera imagen que empezó a detallar fue una cara, para muchos curiosos, se trata de una imagen de Jesús, por su cercanía a la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, otros ven un indígena Pijao, o el rostro de cualquier persona.

Ante esto, Aníbal Bedoya indica que eso es lo que buscaba, generar una obra polisémica, es decir, que no tenga una sola interpretación, sino que quien la observe, descubra lo que su mente le quiera mostrar; pero también una obra heurística, pues no existe ningún boceto, sino lo que su inspiración y la naturaleza le ofrece.

“La característica notable es la barba, este estilo es de la cultura sumeria, que se ubicaba en la antigua Mesopotamia y entre los ríos Tigris y Éufrates, allí, donde se hablaba de los orígenes de la humanidad. Y esa era la idea inicial, que la gente conociera esa cultura de medio oriente

“Pero también, cuando se observa la mirada, está representa la del faraón, entonces se van mezclando esas culturas. Pero entra el penacho de plumas, las culturas amerindias desde el norte de América hasta la Patagonia, nuestros ancestros. Así que lo que quiero rescatar es que sin importar dónde nacimos, todos somos seres humanos”, señaló. 

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Resurgimiento 

Mientras él trabaja, su esposa, quien es estudiante de Licenciatura de Artes de la Universidad del Tolima, vende artesanías, en el sitio donde Aníbal observó por primera vez ese tronco y, donde ahora aparece esa figura que con su postura surge de ese pedazo de naturaleza.

Y fue el estudio de su compañera sentimental, uno de los motivos que obligó el desplazamiento hacia Ibagué, ya que antes vivían en Cali, donde Aníbal enseñaba desde hace 10 años arte a los jóvenes vallunos, pero cuenta, que un recorte de presupuesto obligó a que se cerrara el programa y quedó desempleado.

Por eso la figura que emerge del tronco y su significado de siempre salir adelante; pero allí también se puede observar una tambora tolimense, recordando que somos ciudad musical, pero además, este instrumento que se relaciona con África.

“Cuando termina el confinamiento, con mi esposa sacamos nuestras artesanías y decidí preguntarle a las personas sobre el tronco abandonado, y me respondieron que llevaba más de dos años ahí, que lo veían como un estorbo.

“Pero cuando a uno le gusta el arte, y a mí, que me gusta en sus diferentes expresiones artísticas, vi una inspiración para recuperar no solamente parte de la memoria de Ibagué, porque este es un árbol muy antiguo que hace parte de la historia del barrio, así que decidí cambiarle el aspecto”, dice.

La mano izquierda recrea un mudra, un gesto del budismo y del hinduismo, con el que los orientales meditan para la sanación.

“En este caso, este mudra es el que usaba el maestro Jesús para saludar, quiere decir paz, fuerza armonía, o la paz sea con ustedes”, explica.

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Otros detalles

Como capital de la música, en el tronco también se observa una flauta o una quena, pero en realidad es un Ohe hano ihu, un aerófono de la Polinesia.
Este instrumento genera su sonido con el aire que sale de la nariz, de acuerdo con lo explicado, los jóvenes en Hawái enamoran así a las mujeres, pues para esa cultura, la lengua y la boca mienten, mientras que el aliento más puro para el amor es el de la nariz, así pues, la amada ya conoce el sonido, esa melodía única que se dedica y recibe la persona especial.    

En el tronco también se puede observar, y con mucho detenimiento, las tres pirámides de Egipto, las de los tres grandes faraones Kefrén, Keops y Micerinos y con la misma alineación a las estrellas del cinturón de Orión.

“También podemos ver que nosotros somos la gente del maíz, por ello la mazorca, para recordar de dónde venimos, nuestra alimentación natural, los orígenes de este grano que alimentó a Toltecas, Olmecas, Mayas, Incas, Chibchas y otros tantos. 

Finalmente, y para continuar con el homenaje a los pueblos indígenas, Aníbal decidió reflejar la leyenda del Hombre Jaguar y el respeto que le tenían en la antigüedad. Todavía no sabe si de esta pieza emergerán nuevas figuras o queda así definitivamente. 

El artista señala el sitio donde decidió ubicar las pirámides de Egipto.

Una gran idea

Cuenta este hombre nacido en el ‘Balcón del Patia’, en Balboa (Cauca), que los vecinos son los más agradecidos, porque incluso, hubo un momento en que le prendieron fuego al tronco, pero aún así resistió y esperó a este maestro que ahora le da una nueva vida.

“A la gente le ha gustado, y cuando les explico todo lo que representa, pues hay más aceptación, le gustó la transformación de lo que antes veían como algo inservible”, justifica.

Y sobre si había trabajado antes en una escultura en un tronco y al aire libre, cuenta que esta es la primera vez que realiza una talla de estas dimensiones, ya que siempre fueron pequeñas, las que vende su esposa junto con los tejidos de macramé que ella confecciona.

“El arte en los seres humanos son habilidades que en la mayoría son innatas, nacen con el artista y se fortalecen a medida que se practican; recuerdo que tallaba tizas en la escuela, era un hobbie, pero ahora con tiempo libre y en este confinamiento, retomé el trabajo en madera”, narra Bedoya.
Mientras revisa en su pequeño maletín para sacar un escoplo que le regaló un vecino, saca unas herramientas elaboradas por él, una sección de una segueta que afiló para labrar la madera, un cuchillo de zapatería, algunas gubias y un pequeño martillo.

“Espero terminar mi obra y recibir un patrocinio, porque el artista también paga arriendo y se alimenta. Agradezco a quienes me dejan monedas y a una persona que me envió desde España cien mil pesos, porque espero dejarle esto de recuerdo a la ciudad”, puntualiza Aníbal Bedoya. 

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Lo que hace falta

Y aunque no ha recibido apoyo gubernamental y apenas el artista recibe las donaciones que la gente le deja en una caja de cartón, la idea es que luego de que se termine de esculpir el tronco no quede a merced de lo que la naturaleza le pueda generar, por ello, Bedoya Bravo espera recibir apoyo para terminar su trabajo.

“Hace falta colbón para madera, lijas, el inmunizante, sellante para madera, resina epóxica, thinner acrílico, pinturas metalizadas y un mototool, un pequeño taladro especial para pulir.

“Ibagué Limpia, con un señor Carlos Uribe se comprometió a organizar el piso, la base, para que se conserve esta obra”, agregó Bedoya.

Cuenta que debido a que varios medios de comunicación lo han entrevistado y ya circulan fotos por las redes sociales, espera que el alcalde Andrés Hurtado ya conozca su trabajo y pueda ayudarle a él y especialmente a la ciudad, a recuperar ese tronco que en un momento fue un estorbo para el barrio Belén a una obra que enamore y atraiga el turismo.

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Frase

"Busco además, despertar el sentimiento altruista de las personas, ese dar sin esperar nada a cambio, yo lo hago y y doy ese ejemplo", Aníbal Bedoya Bravo.

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ANTONIO GUZMÁN OLIVEROS

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