Armero busca nuevas posibilidades

Crédito: ARCHIVO - EL NUEVO DÍALa recuperación del perímetro urbano y trazo de vías, es uno de los objetivos que se tienen para convertir a la desaparecida Armero en un parque cementerio y hacer que sea un monumento de belleza, espiritualidad y vida.
Casi una década después de la tragedia, los sobrevivientes se seguían quejando de la falta de empleo en la región, motivo por el cual muchos se vieron obligados a vender sus casas. Esto era lo que vivían en 1994.
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Publicada el domingo 13 de noviembre de 1994

Nueve años después de suceder la tragedia del Nevado del Ruiz, que sepultó por completo Armero, algunos de los sobrevivientes de la zona narraron cómo se encuentran después de casi una década, testimonios a través de las cuales reflejan la alarmante situación que se vive en la zona por falta de empleo, caso que se presenta tanto en Armero-Guayabal como en Lérida.

En Guayabal, luego de la tragedia se crearon un sinnúmero de barrios para los damnificados, pero hoy manifiestan que eso no fue suficiente, porque ¿qué sacan con tener una casa, sino se les brinda la posibilidad de trabajo? En la zona no existen industrias que les permita emplearse.

Han sido muchas las personas a lo largo de estos nueve años que vendieron o arrendaron su casa para emigrar a las grandes ciudades con el anhelo de buscar nuevos rumbos y fuentes de empleo. No existen microempresas que se unan en torno a ellos para proporcionar el empleo que tanto necesita la región.

El alcalde de Armero-Guayabal, Germán Meza Garzón, manifestó que ya se adjudicaron para el municipio unas tierras para la creación de la zona industrial, a lo cual varias empresas están interesadas en construir allí sus instalaciones, pero los habitantes manifiestan que mientras se crean estas industrias ellos qué hacen, de qué van a vivir.

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Como muchos otros

La gente no quiere recordar lo sucedido en la catástrofe, es mejor no remover aquellos recuerdos tristes, pero de lo que sí quieren hablar es de su situación actual, de la manera en que los tienen olvidados, como en el caso de Blanca Idalí Sánchez, habitante del barrio Ayudémonos, quién perdió a tres familiares en la tragedia.

En las viviendas hay un espacio grande para construir, pero ella manifiesta que no tiene dinero para la ampliación, vive del sueldo de su hijo, quien trabaja en Mariquita porque en la región no encontró empleo, gana el mínimo y le toca pagar el transporte diariamente de Guayabal hasta su lugar de trabajo y en realidad es muy poco lo que les queda, escasamente para comer, pero como ella dice “se rebuscan” como sea el sustento, porque no se van a dejar morir de hambre.

Con su esposo, hijos y nieta, Idalí vive en la casa adjudicada hace ocho años, pero manifiesta que luego de la tragedia recibieron ayuda sólo por seis meses, desde ese entonces han estado luchando contra la pobreza día a día.

Esta damnificada del Nevado del Ruiz dijo además, que al poco tiempo de sucedida la catástrofe, le regalaron una máquina de coser, ya que es modista, pero estaban en una situación económica tan alarmante que la tuvo que empeñar. “Esta era la única ayuda que les podía prestar, ahora nos tenemos que conformar con el sueldo de mi hijo y con lo que mi esposo rebusque a diario con su trabajo en el campo”, expresó.

Ante el problema de desempleo manifiesta que está dispuesta en estos momentos también a vender su casa, porque si la situación sigue igual y sería la única alternativa que tendrían y, como las demás personas, iría en busca de mejores oportunidades de empleo y condiciones de vida.

Como está familia, hay muchas en la región que manifestaron que si no se recurre a soluciones de empleo inmediatas, cada día van a ser más las personas que se retiren de la región en busca de mejores opciones para su familia.

En la zona existen por lo menos 10 barrios en los que habitan armeritas.

Armero-Guayabal es una zona eminentemente agrícola. Actualmente, los dueños de parcelas, por carencia de medios, están vendiendo sus propiedades y prefieren quedar empleados.

 

¿Y las entidades qué?

Luego de la avalancha de Armero surgieron organizaciones privadas y oficiales, las cuales, una vez realizada su labor y otras antes de culminarla, se retiraron del panorama.

Como ente oficial estuvo Resurgir, que les brindó opciones de vivienda a estas personas y adjudicó lotes, pero no fueron suficientes ante el gran número de personas damnificadas que habían, además se les dieron parcelas muy pequeñas, las cuales la mayoría ya fueron vendidas por los campesinos.

En cuanto a recursos otorgados al municipio por el Departamento, necesarios para la subsistencia de la gente, no fueron suficientes, porque además de ello, la región requería industrias para abrir fuentes de empleo, que aún hoy no existen en la zona.

En este momento en Guayabal tampoco hay ningún ente privado que brinde colaboración o ayuda, todos desaparecieron. En un comienzo se crearon empresas comunitarias, eran aldeas que formaron empresas agropecuarias que se desintegraron como consecuencia de la venta de la tierra de muchos. Existieron bastantes proyectos que no se cumplieron, como es el caso de la creación de granjas integrales organizadas por la Fundación Acción y Esperanza Rotaria, que no cumplieron con los objetivos que se tenían planteados, e implicó la desaparición de los proyectos que tenían para la formación de granjas.

Oliva Angarita de Guarín, promotora social de la alcaldía de Armero-Guayabal, manifestó que “se jugó con esta comunidad, de tal manera que la gente estaba tan decepcionada de todos los programas planteados para ellos, que decidieron vender su tierra para organizarse cada cual por su cuenta”.

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Nueva cara de Armero

Pero no todo puede ser negativo para la región, es por eso que las personas sobrevivientes al siniestro se unieron en un comité en pro de la recuperación de lo que fue Armero.

Por tal razón, luego de nueve años de transcurrida la tragedia y con el objetivo de rendirle un homenaje al desaparecido pueblo, se creó el programa de apertura de vías y reforestación, esto con el ánimo de crear allí el 'Parque Ciudad Cementerio'.

Se recupera la zona urbana a través de la delimitación de las calles y carreteras, así como su arborización. La idea es rescatar definitivamente el perímetro urbano, para lo cual hasta el momento se han reforestado algunas calles con la colaboración de instituciones privadas y la comunidad armerita.

Los sobrevivientes quieren que Armero tenga una cara agradable, que no se acuda sólo con tristeza a ver su 'patria chica' desaparecida, sino que sea un encuentro con sus amigos que durante años no han visto.

Esta es una forma de mostrar un monumento de belleza natural espiritual y de vida, y como aquella frase bandera de los armeritas “No pasamos a la historia, somos historia”, se muestra el deseo inagotable de seguir viviendo y de salir adelante atravesando cual obstáculo se encuentre en su camino, porque para ser historia no es necesario que un pueblo desaparezca de la faz de la tierra.

Además de esta labor se piensa hacer un censo, hoy estarán a la entrada del desaparecido pueblo, mesas en donde las personas se podrán arrimar a inscribirse y así tener una muestra de la población de Armero.

 

Dato

La arborización que realiza el Comité, en asocio con entidades y armeritas que desean ver a su 'patria chica' más bella, es una muestra de la necesidad que tiene la gente en conservar un recuerdo agradable de sus seres queridos que perecieron en aquella tragedia.

 

Dato

La pobreza sigue de la mano con los habitantes de Armero-Guayabal, su preocupación más grande es la falta de industrias que fomenten el empleo en la región, motivo por el cual muchos de ellos vendieron o arrendaron sus casas y se marcharon en busca de alternativas para trabajar.

Franciny Espinosa

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