35 años: sigue la búsqueda de los niños perdidos de Armero

Crédito: ARCHIVO COLPRENSA - EL NUEVO DÍAFrancisco González creó la Fundación Armando Armero, con el fin ayudar al reencuentro entre niños, que hoy incluso superan los 40 años, con sus padres, hermanos o tíos.
Esperanza Fierro salió con vida y con su hija en brazos, de la avalancha provocada por la erupción del volcán Nevado del Ruiz en la noche del miércoles 13 de noviembre de 1985, cuando Armero, un municipio del norte del Tolima, conocido como “La Ciudad Blanca” por sus importantes cultivos de algodón, fue borrado del mapa.
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Hace 35 años, una erupción del volcán sobre las nueve de la noche provocó el desprendimiento de las capas de hielo del glaciar del nevado. Estas fueron bajando hasta arrastrar rocas y árboles y hasta mezclarse con las aguas de los ríos Lagunilla, Chinchiná, Azufrado y Gualí. A las 11:30 de la noche, esa avalancha de lodo, agua, rocas y árboles llegó a Armero, arrasó con todo a su paso y sepultó la población y la vida del municipio como hasta ese momento se conocía.

La tragedia acabó con la vida de 24.442 personas, según los datos registrados en la base de datos Desinventar. De los fallecidos, 22.942 fueron personas residentes de Armero y 1.500 de Chinchiná, Caldas.

El 13 de noviembre de 1985 dejó 229.154 personas afectadas en 13 municipios del Tolima y cuatro de Caldas. Hubo al menos 5.392 viviendas destruidas y pérdidas estimadas en 246 millones de dólares.

Pero en medio de ese trágico panorama, Esperanza y su hija salieron con vida. Debido a sus heridas, tuvo que dejar a su hija en un albergue en Cambao mientras era trasladada a un hospital de Girardot. Nunca volvió a verla, pero sabe que Diana Marcela Acosta Fierro, quien tenía cuatro años en aquella tragedia, está viva en algún lugar del país o del mundo.

Como ella, Margarita Gómez también sabe que su hijo, Jorge Armando Lugo Gómez, salió vivo y de la mano de su hermana de aquel lugar en el que solo había barro y dolor. Jorge Armando fue separado de su hermana y desde entonces su familia desconoce su paradero.

Otros padres como Ricardo Morad, quien vio en un noticiero cómo su hija, Layla Morad, era entregada a un socorrista; o Claudia Ramírez, quien también vio a su hijo, Andrés Cubides, en los medios que registraron la tragedia; saben que sus hijos salieron sanos y salvos de Armero, pero nunca más conocieron de su paradero o de su destino.

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La mayor tragedia

Los niños perdidos de Armero son la herida más grande que dejó la tragedia. Según los reportes de la época, Armero tenía al menos 8.000 menores.

Al trabajo de buscar reencuentros entre niños, que hoy incluso superan los 30 o 40 años, y sus padres, hermanos o tíos, se ha dedicado la Fundación Armando Armero, creada por el también armerita Francisco González.

Hoy, su fundación tiene un compendio de 501 historias registradas de familiares que están buscando a sus hijos. De estos relatos, 137 son casos emblemáticos de la organización, es decir, que hay 137 historias en las que se ha comprobado que los niños salieron vivos de Armero. Algunos por los videos del periodismo de la época, otros por testimonios de vecinos, amigos o personas que vieron a los menores en albergues, pero de los que sus familiares no volvieron a tener información alguna.

 

Destacado

Mientras el mundo fijó sus ojos en Omaira, la niña de 13 años que se convirtió en el símbolo de la tragedia, tras fallecer atrapada en los que un día fueron los muros de su casa, otros menores desaparecieron de la zona.

 

Dato

Varios menores fueron adoptados y llevados a Estados Unidos, Holanda, Suecia, España y Francia, pero muchos también permanecieron en Colombia.

COLPRENSA

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