Lo que podemos aprender de Japón

Crédito: SUMINISTRADA - EL NUEVO DÍA
¿Qué se hace en el Japón para que los estudiantes no repitan grados de escolaridad? ¿Qué podemos aprender de este país asiático en cuanto a su sistema escolar, que sea aplicable en Colombia, en el Tolima e Ibagué, por lo menos en cuanto a eficiencia interna ?
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Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Ocde, sobre repitencia escolar en estudiantes de 15 años, que han repetido por lo menos un año en su recorrido por las aulas, me han planteado varios interrogantes. Porque según el informe de Andreas Schleicher (2016), director de educación de este organismo internacional desde el año 2012, Colombia ocupa el primer lugar en cuanto a este indicador de eficiencia interna, lugar realmente deshonroso. Y en Japón hay cero repitencia escolar entre 19 países con los cuales se hace la comparación.

En Japón no hay repitencia, frente a lo que ocurre en Ibagué donde llega a ser equivalente al 6.7 sobre el total de estudiantes matriculados, porcentaje que es igual a 7 mil 558 repitentes (2017), cifras realmente escandalosas. ¿Qué se puede y debe hacer para intervenir sobre esta situación problemática en la capital tolimense? ¿Qué decisiones ha tomado el Alcalde y su Secretaria de Educación para aminorar o eliminar este problema de eficiencia interna escolar?

Sea lo primero acceder a diferentes fuentes documentales para establecer algunas características de Japón en cuanto a sus indicadores geográficos, demográficos y características del comportamiento de su población. Porque de una u otra manera son factores del contexto que se manifiestan en el ámbito de la organización escolar.

 

Eficiencia y puntualidad

Japón es un país isleño, con su población ubicada en 5 grandes islas a las que se le agregan unas 6 mil islas pequeñas, donde ocurren las 4 estaciones. La extensión geográfica de Japón es de 377 mil 950 metros cuadrados donde residen cerca de 128 millones de habitantes y la densidad demográfica es de 343 habitantes por kilómetros cuadrado.

En Colombia su población es de 50 millones de habitantes según el último censo (2018), en una extensión geográfica de mil 143 kilómetros cuadrados y una densidad demográfica de cerca de 44 habitantes por kilómetro cuadrado. Son aspectos en los cuales Japón nos supera. Comenzando por decir que Colombia no es un país isleño, tampoco ocurren aquí las cuatro estaciones así tengamos la ventaja de contar con todos los climas atmosféricos.

Pero las mayores diferencias entre la población de Japón y la nuestra se pueden resumir en varias psicológicas y sociológicas.

Los japoneses son altamente eficientes, perfeccionistas, detallistas, rápidos, puntuales en el cumplimiento de horarios, “ordenados a rabiar, amantes de las reglas” (MurZielaGa).

En esto los colombianos somos distintos, porque nos ajustamos a la cultura individualista de occidente. Se dice al respecto que los japoneses nos ganan porque saben trabajar en grupo, frente a nuestra costumbre de obrar por intereses individuales y, en consecuencia, por darle mayor prioridad a los interese personales que a los institucionales. Ellos son producto de una cultura muy propia, con una lengua original, tradiciones y religiones propias. Son comportamientos y conductas que hacen distintos a los japoneses.

 

El sistema de educación japonés y el nuestro

Ambos países tienen un sistema escolar muy similar en la educación por niveles educativos. Allá, como ya se dijo al comienzo, el sistema educativo japonés es uno de los más eficientes del mundo, porque la reprobación y la repitencia escolar tiende a ser inexistente como fenómeno educativo que acá es tan común.

Pero, quizás, la gran diferencia está en que en Japón se aplica un currículo centralizado, en el cual sus objetivos y contenidos son determinados por el nivel central, en el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología. La Ley Fundamental de Educación de 1947 sigue vigente a la fecha, porque una de las características adicionales del sistema escolar es una permanencia, en bloques trimestrales del año escolar que comienza en abril. Es un sistema basado en la meritocracia, en la competitividad, en la que los estudiantes luchan permanentemente por adquirir buenos resultados académicos, en las pruebas estandarizadas, en las que les va bien. Así, por ejemplo, en las pruebas Pisa del 2019, Japón ocupó el quinto lugar en las pruebas de matemáticas y el sexto puesto en las de Ciencias.

Pero hay algo singular en la estructura escolar del plan de estudios que se implementa en Japón. Me llama la atención el Modelo Soka, que le apunta al logro de la felicidad en los estudiantes, en desarrollo de la asignatura de “Educación para la felicidad”, para la “creación de valor”, a través de esta estrategia pedagógica.

La formación en valores es una de los grandes propósitos, lo cual implica, mayor énfasis en el desarrollo de competencias del ser, a través de valores y actitudes, que en Colombia también se pretende pero que se cumple con baja intensidad porque se privilegian las competencias del saber, es decir de aspectos cognoscitivos en la formación de los estudiantes. Nos pegamos en la transmisión de conocimientos ya conocidos, acumulados en los textos escolares, y poco en su aplicación y en la formación humana a través de la formación del ser.

Aquí, no se le apunta a la satisfacción de necesidades e intereses de formación de los estudiantes de ahí que ellos pierden interés en los que se les enseña porque encuentran poca utilidad y aplicación en estos aprendizajes.

 

Cursos de economía doméstica

En el Japón los estudiantes aprenden a cocinar y a coser su vestimenta, al lado del aprendizaje de artes tradicionales. Los estudiantes, por turnos, hacen el aseo de sus aulas y le sirven a sus compañeros las viandas de la alineación escolar, actividad que se cumple en los salones en compañía de sus profesores. Cosa distinta a lo que ocurre en Colombia, donde no se enseña a cocinar, tampoco a coser, a hacer reparaciones básicas en sus viviendas. ¿Cuánto se ahorraría el Estado en Colombia, si se aplican estas prácticas? No habría gasto en comedores escolares, tampoco en los costos de salarios para manipuladoras de la alimentación escolar o personas contratadas o vinculadas para hacer el aseo de espacios de la infraestructura escolar. Acá se dan casos de reclamos y la presentación de tutelas cuando se recurre a los estudiantes para la tarea de aseo de salones.

En síntesis, hay prácticas exitosas en el sistema escolar japonés, que podría ser aplicable en Colombia, otras no. Así, por ejemplo, no es aplicable la centralización de los componentes del currículo. Lo deseable es que se mantenga la autonomía institucional y curricular establecida por la Ley General de Educación (Ley 115/94) y sus decretos reglamentarios. Es necesaria una mayor formación académica de los docentes para que sean hábiles en la construcción de currículos adaptados a las circunstancias del contexto. Porque hay deficiente formación de los docentes en el diseño y desarrollo de currículos pertinentes.

luiseduardochamorro10@gmai.com

LUIS EDUARDO CHAMORRO RODRÍGUEZ - ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

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