La educación superior como escenario de pensamiento y discusión

Crédito: Wikipedia.
Las manifestaciones de descontento social que se han presentado en el país, resumen en un mismo momento, las inconformidades y deudas ancestrales que aquejan a Colombia.
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La conquista a la fuerza, la reducción de las comunidades indígenas, la posesión de la tierra por pocos, los abusos de autoridad, la falta de acceso a la educación, el terrorismo, la guerrilla, el paramilitarismo, el narcotráfico, la creciente pobreza extrema en pleno siglo XXI, la violencia contra la mujer y los niños, el creciente desempleo, el cierre de empresas, entre otros, hoy son grietas que separan a los colombianos y los llevan a posiciones que parecieran irreconciliables, donde la desinformación y la falta de criterio priman en la era de la posverdad, haciendo que el país, cada vez se encuentre más polarizado y casi sin caminos de comunicación que los una.

En contextos como los actuales, varios grupos manifiestan no sentirse representados en las discusiones nacionales, el país no logra aún identificar la diversidad de los colectivos que existen ni sus reales necesidades. Para lograr el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y asumir los desafíos de la cuarta revolución industrial, Colombia no sólo debe continuar avanzando hacia la globalización, sino además, escuchar a los diferentes actores y trabajar con ellos para mitigar las desigualdades, de lo contrario, una de las economías más estables de América Latina podría verse fracturada.

Los impactos de una pandemia prolongada sin claridad sobre su posible finalización y mucho menos sin prever sus posibles impactos en las brechas sociales y económicas, junto con los bloqueos, freno a la economía, impacto a la infraestructura, disturbios y muertes de la población civil y a la fuerza pública, generarán un retraso económico de Colombia mucho mayor a los 10 años, que calcula CEPAL para la América Latina.

El país se encuentra en un momento único en su historia, en el cual, el descontento reina, sin importar la posición política que se tenga, la clase social, la profesión, la región o la edad, los colombianos sienten que se ha llegado a un punto de inflexión. Es un momento en el cual, por fin las noticias son leídas, la crisis ha impactado de algún modo a todos lo hogares del país, bien sea por la Covid, el desempleo, la violencia fuera y dentro del hogar, la falta de oportunidades, la desesperanza, el miedo y la incertidumbre.

Colombia se encuentra en un escenario único de discusión en el que se sentarán las bases de su desarrollo económico y social en los próximos años, en el que se debe trabajar en la identidad del país y su visión de mediano y largo plazo, en reconocer que es un realmente pluriétnico y multicultural, pero más aún, un país en el que convive un 14% de personas en la pobreza extrema, el 28% en la pobreza, el 30% en condición de vulnerabilidad, alrededor del 25% son clase media y menos del 2% tienen un alto poder adquisitivo, de acuerdo con las cifras del DANE.

Esta situación promueve que las instituciones de educación superior retomen su esencia, el valor de ser centros de pensamiento que reflexionan y discuten constantemente el origen de las brechas, pero más aún, el de ser un escenario de conocimiento apolítico que convoca a los diferentes actores de la sociedad para conversar, disentir y exponer sus puntos de vista.

Lo anterior, con el propósito de encontrar los elementos que los unen, así como los que los sitúan en diferentes orillas, para de esta manera, llegar a consensos colectivos en ambientes académicos.

La tecnología debe estar al servicio de esas discusiones, no generando más distensión en la población por cuenta de algoritmos que incrementan el odio y el rencor, sino como instrumentos de recopilación de información, de revisión de tendencias, como plataformas y canales de confluencia para la construcción y democratización de la comunicación y, facilitando la participación de los menos escuchados.

Teniendo el fomento del pensamiento crítico y la formación integral de ciudadanos que generan valor agregado a la sociedad como deber, la Fundación Universitaria del Área Andina (Areandina) ha creado un espacio de discusión permanente y abierto al país, en el cual, los estudiantes, docentes, comunidad académica y sociedad civil, pueden consignar en audio y/o video, sus opiniones sobre más de 20 temas que aquejan al país y proponer posibles soluciones. Este ejercicio nace de la apuesta del Sello Transformador Areandino que, desde hace más de tres años, busca que desde el primer semestre se generen espacios de discusión, para fomentar en los estudiantes el aporte crítico y responsable, las habilidades comunicativas, el desarrollo sostenible, las competencias ciudadanas y la resolución de problemas.

Las apreciaciones que se derivan de estas discusiones, son insumo de los foros y debates que Areandina ha venido desarrollando frente a temas de alta complejidad como la reciente propuesta de reforma tributaria y la reforma a la salud, los cuales han sido discutido por expertos, con la participación de estudiantes y docentes.

Estas discusiones han generado la creación del Centro de Pensamiento Aula País, en el cual se recogerán algunos de los orígenes identificados sobre los problemas del país, el sentir de la población con una mirada amplia que convoca a todas posiciones, para hacer propuestas al gobierno nacional, los empresarios y la sociedad civil, que buscan el fortalecimiento del tejido social y por supuesto, el desarrollo y crecimiento de Colombia y el pleno bienestar de sus habitantes.

De tal manera, desde Areandina se invita a participar y/o a escuchar lo que los jóvenes que se están formando y los que están a punto de graduarse y salir a un mundo en plena situación convulsa, tienen por aportar desde una mirada crítica del futuro que parte de su motivación por querer construir una mejor Colombia.

Martha Castellanos.

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