“He querido escribir cine como si fuera literatura”: Guillermo Arriaga

Crédito: Colprensa - EL NUEVO DÍA
El escritor y guionista mexicano es uno de los invitados estrella de la Feria del Libro del Eje Cafetero. Habló sobre su proceso creativo, el vigésimo aniversario de “Amores perros” y su última novela: “Salvar el fuego.”
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Lo he escuchado decir que cree fervientemente en el amor, ¿qué otras convicciones tiene Guillermo Arriaga?

Creo mucho en los seres humanos y en su voluntad. Creo en la fuerza de quien está decidido a hacer algo. Eso me motiva; eso, y las variantes del amor: el de pareja, el filial, la amistad...

 

¿Y en cuestiones políticas?

Siempre he sido más de izquierda.

Hay algo que me hace reaccionar y es que desconfío por completo de los políticos. No creo en la política, y  cada vez aumenta más mi anarquismo.

 

Leonardo Padura me dijo hace poco que Latinoamérica está muy desencantada, y que ese desencanto se debe, en parte, a sus políticos.

No creo que esté desencantada. Estamos desencantados con los gobiernos, no con Latinoamérica. El otro día me decía un español: mi país es fallido. Y no. Los gobiernos pueden ser fallidos, pero en los países seguimos trabajando, seguimos amando, seguimos jugando fútbol. ¿Por qué confunden un gobierno con un país?

 

Se cumplen veinte años de Amores perros. En su momento, dijo que escribir el guión de esa película fue como saldar una deuda con un accidente que tuvo. ¿Qué balance hace de ese ejercicio?

A mí lo que me ha dado mucha lidia con Amores perros es que he visto escuelas de cine en la India, en Bélgica, en Alemania, donde es la primera película que pasan.

Varios directores me han dicho que su estructura les cambió la forma de pensar el cine.

Estoy muy contento que esas estructuras permitieron un cambio en cómo se hace, no solamente el cine, sino ahora también las series. Me da gusto haber sido parte de ese proceso.

 

En “Amores perros” las historias se entrecruzan en puntos que no sólo son narraciones cinematográficas sino que también hacen parte de la vida real.

Eso lo vengo haciendo desde mi primer libro, el “Retorno 201”, que comencé a escribir a los 23 años. Cualquiera que lea ese libro, se dará cuenta de que estoy obsesionado con conocer las estructuras narrativas, con descubrir una estructura distinta dentro de cada historia.

Con “Amores perros”, “21 gramos”, “Los tres entierros”, “The burning plain” y “Babel” quise mostrar que en el cine también se pueden utilizar estilos narrativos distintos. Por eso, cada una de estas historias tiene una estructura propia, completamente distinta a las de las otras.

 

Otra característica de sus historias, es que usted es un narrador milimétrico. La suya parece una matemática de la narrativa.

Al contrario, mi forma de escribir es muy caótica, no pienso en las historias, no sé ni de qué se trata, lo voy descubriendo sobre la marcha. Si dice milimétrica es por puro azar.

Las historias se van dando de una manera orgánica, las voy escribiendo; se van escribiendo y las voy sacando. Es complejo porque tienen sus bemoles...

Tengo una obsesión por escribir. Lo primero que hago es sacar la historia; que salga completa. Luego empiezo a corregir el lenguaje, a ver si funciona.

 

¿Cómo es su proceso creativo, y más o menos cuánto tarda escribiendo?

Tarde unos tres años y medio en escribir “Salvar el fuego”. Luego tardé otro rato reescribiéndola. Tenía 700 páginas. Corté 300, y volví a arrancar. Al final quedó de más de 600.

 

El suyo es un trabajo dedicado a desarrollar y a pulir la escritura.

Para mi es fundamental respetar al lector. Por eso me esfuerzo. Sé que el lector ha invertido su dinero y su tiempo en comprar y leer el libro, o en ir a buscarlo en una biblioteca. Así como él o ella se esfuerzan por conseguirlo y leerlo, yo respeto su tiempo y me esfuerzo por escribirlo.

 

Cuéntenos sobre su día a día.

Me duermo casi todos los días entre las cuatro y las cinco de la mañana. Me despierto alrededor de las diez.

Por las mañanas siempre trato de hacer algo. Generalmente tengo una entrevista. Como el libro ha salido en muchos países, viene gente de Alemania, Holanda, Francia, Italia, y así. Hago unas cuatro entrevistas a la semana.

También tengo reuniones, voy con amigos a tomar café y regreso a comer a la casa. Después de comer, escribo hasta las 4am.

 

La literatura, el cine y la vida se entrecruzan o están muy…

No me creo hacer literatura. He querido escribir cine como si fuera literatura.

Soy fundamentalmente un creador, soy un productor creativo, no soy el productor financiero.

 

Cuéntenos sobre su nueva novela, “Salvar el fuego”

Ha sido el trabajo más fuerte que he hecho en mi vida. Es una novela grande, voluminosa. Sin embargo, la gente que la ha leído ha dicho que se lee como si fuera cortica; que se va de un solo jalón.

 

Se dice que vivimos en un mundo en el que la gente busca la inmediatez, y que las redes sociales han hecho que se vaya perdiendo el hábito de la lectura. ¿Cómo es escribir novelas como “Salvaje” y “Salvar el fuego” en este contexto?

La gente sí lee. Siguen existiendo espacios de reflexión, y muchas personas los necesitan. Si la gente no leyera, Jean Rollin no tendría una fortuna de tres millones de libras esterlinas. Si la gente no leyera, “Las cincuenta sombras de Gray” no hubiera sido un éxito.

Se trata de crear literatura de calidad para que los lectores se interesen por ella.

 

¿Se encuentra trabajando en algún proyecto cinematográfico?

Mis hijos son directores de cine. Entonces escribí la primera parte de la historia real de la trilogía de “Amores perros” y de la de occidente que se llama “Cielo abierto”, y se las di. Estoy produciendo esas, y tratando de realizar una película aquí en Colombia, en la India y en Brasil.

 

Qué opina de que se diga que Latinoamérica esté viviendo un boom creativo, no como el que le tocó vivir a usted en su momento, que generó una corriente, pero sí uno de escritores y de cineastas, de una gran diversidad de historias que están siendo contadas.

Este es un continente con unas paradojas muy marcadas, y tenemos que contarlas porque son muy vitales. Yo creo que eso alimenta la narrativa latinoamericana, tanto en el cine como en artes visuales, novela, teatro… etc.

 

En cuestiones de contingencias sociales y políticas ¿qué diría que ha potenciado la creatividad?

Este es un continente en efervescencia. Vivimos en medio de contradicciones que tratamos de superar: la injusticia, la miseria, la corrupción, la impunidad, pero también lo hacemos con música, con baile, con alegría... Yo creo que eso nos hace vitales. Vivimos con la esperanza de que algo bueno puede suceder.

 

Las realidades que viven sus personajes, los conflictos personales a los que se enfrentan, son muy simbólicos. ¿Cómo los construye psicológicamente?

No sé. Yo hice mi maestría en historia, y me especialicé en psicología, porque quería tener contacto con formas de pensar. Hice mis prácticas en hospitales psiquiátricos. Uno de ellos era muy pobre. Yo llegaba, me presentaba y les contaba historias.

Ellos me ayudaron, más que a desarrollar herramientas para construir personajes, a llenarme de historias. Eso es lo que ando buscando todo el tiempo: historias.

 

La gente ahora está más dispuesta a profundizar en temas de psicología y a conocer cómo funciona su mente. En una ocasión usted contó que les había pagado a sus hijos un curso de psicología. ¿Cree que este creciente interés por esa materia nos puede transformar?

Mis hijos estudiaron parapsicología, no psicología. Es la capacidad de darle al cuerpo una forma de ver que no está contemplada. Según su maestro, tenemos terminales nerviosas que son capaces de ver. La explicación es biológica, no mágica.

Yo nunca iría a terapia psicológica. No quiero que algo vaya a alterar mi manera de escribir, mi proceso creativo.

JOHN HAROLD GIRALDO HERRERA

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