El legado intelectual de Rafael Gutiérrez Girardot: sobre su archivo personal

Crédito: Suministrado / El Nuevo Día.
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El reciente envío de cartas y otros documentos personales de Rafael Gutiérrez Girardot al profesor Juan Guillermo Gómez García, efectuado por su hija Bettina, constituye quizá el más importante testimonio de sus amplias relaciones académicas y profesionales por más de medio siglo de intensa actividad ensayística e intelectual.
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Hace once años ya, la Universidad Nacional de Colombia había obtenido cerca de diez mil libros de su biblioteca personal y una parte muy significativa de su patrimonio epistolar, muchos de sus ensayos. También en Barcenillas (Santander, España) hay, a resguardo, otra parte.

Precisamente, en ocasión afortunada para estudiantes e investigadores, Bettina Gutiérrez Girardot, poco después de la muerte de su padre en Bonn en mayo del 2005, había enviado material indispensable, sus originales de ensayos, correspondencia y las llamadas Vorlesungen, o sea, las lecciones magistrales impartidas en su cátedra de Hispanística en esa ciudad durante más de 20 años. Este material llegó en esa época y hoy se encuentra clasificado y bajo la custodia de la biblioteca Gabriel García Márquez. También se han hecho respetuosas solicitudes a los descendientes de Pancho Pérez González, para que nos donen lo que tienen. 

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José Hernán Castilla: ¿Qué significa el legado archivístico que acaba de llegar de Bonn?, ¿cuál es la novedad que trae este nuevo material?

Juan Guillermo Gómez García: La novedad consiste en que por fin tenemos una imagen más completa, si no decisiva, de su obra crítica que, entre otras cosas, podría abarcar unos 45 tomos. Ahora tenemos a la mano su correspondencia con Heidegger, con Golo Mann y alguna pieza de más con Hugo Friedrich.

Tenemos pues ahora en este envío, otras dos mil quinientas piezas epistolares, por ejemplo, las largas y jugosas cartas con el crítico uruguayo Ángel Rama, que componen más de sesenta cartas, en la época como director de Biblioteca Ayacucho.

Así que ya podemos saber con detalle cuál fue el proyecto de entre ambos, qué plan maestro se idearon para llevar a cabo la más imponente realización editorial de nuestro continente. Esto tiene un valor inestimable. También, y esto quizá con anécdota o valor simbólico, tenemos la última carta de Jorge Gaitán Durán, que escribe solo tres días antes de su fallecimiento, en accidente aéreo, carta del 19 de junio de 1962.

Tiene al margen la nota a lápiz: “última carta. El 21-22 murió en accidente”. Además, hay una extensa carta de 1960 a Jaime Vélez Correa (SJ), que brinda datos inéditos hasta ahora de su biografía intelectual.

 

J.H.C.: Valioso todo esto. ¿Podría seguir haciéndonos una descripción de este material y su significación?

J.G.G.G.: Mire José Hernán, usted como archivista de documentos de Gutiérrez y difusor de su obra que ha sido, puede valorar la importancia de tener material original, no solo por el fetiche de la originalidad, sino por el hecho de que allí subyace un elemento insustituible de cultura.

Ahora podemos ir armando las piezas del rompecabezas de un intelectual de la categoría y prolífica actividad ensayística de Gutiérrez Girardot. Con estas cartas incluso tenemos un panorama suficientemente amplio para reconstruir nuestra vida intelectual, en estas décadas del siglo XX.

 

J.H.C.: Expliquemos mejor…

J.G.G.G.: Ahora podemos entablar no sólo una red de intelectuales, sino dar cuenta de una compleja y detallada vida intelectual, sus relaciones estrechas e incluso íntimas con Hugo Friedrich, Hans Paeschke, Eduardo Mallea, Gonzalo Sobejano, Pepe Valente, los hermanos Goytisolo, R. H. Moreno Durán, Ángel Rama, José Luis Romero, Alfonso Reyes, Nils Hedberg, Rubén Jaramillo Vélez, Charry Lara, Gómez Valderrama, hombres muy representativos de la cultura filosófica, literaria, histórica de sus países.

Este cosmopolitismo intelectual que también se desplegó en otras múltiples realizaciones, en diversos espacios de la actividad intelectual, en las universidades, congresos, foros, prensa, revistas, editoriales.

El intelectual vive de estas relaciones, de este variado y nutrido universo que, en el caso de Gutiérrez Girardot, se despliega con un vigor inusitado, con una irreverencia, pero sobre todo con una pasión por América Latina. Por una devoción por la inteligencia que siempre hizo presente en el caso suyo por Heidegger, Zubiri, Reyes, que fueron sus maestros.

 

J.H.C.: ¿Qué más contiene este material recibido en Medellín?

J.G.G.G. Hay algo nunca esperado y que no sabía que existía y que nos abre un horizonte de su disciplina de estudiante. Están los cuadernos de estudio en la década de los cincuenta, sus notas de estudiante, juiciosas y minuciosas, detalladas; por ejemplo de su lectura de la Fenomenología del espíritu de Hegel.

Todas notas en alemán. En esos cuadernos, escritos con una caligrafía preciosa, en tinta estilográfica de azul, testimonian sus años dedicados a la lectura de la obra maestra hegeliana.

Los cuadernos (unos treinta) testifican sus horas de estudio, sus esfuerzos silenciosos por años. Como usted sabe, Gutiérrez fue un pésimo estudiante de Derecho del Rosario y de Filosofía de la Nacional. No se adaptaba, pero los Cuadernos muestran otra cosa muy diversa. Sobre la lectura de Hegel de la Fenomenología: hay lecturas desde 1954 hasta 1957.

Así, años concentrado en Hegel. Vienen cuadernos de lectura sobre Heidegger y el humanismo. Y sobre literatura española (poesía principalmente), y sobre el crítico dominicano Pedro Henríquez Ureña. Hasta un cuaderno para Lenin.

 

Dato

Juan Guillermo Gómez García es profesor en la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia. Ha recibido el premio Pensamiento de América Leopoldo Zea, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, OEA (2019), y la Medalla Francisco José de Caldas, Categoría de Oro (2020) de la Universidad de Antioquia.

POR JOSÉ HERNÁN CASTILLA MARTÍNEZ

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