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Lea y disfrute de las historias ganadoras del concurso ‘Ibagué: te canto y te cuento’

Crédito: Suministrada / El Nuevo Día.
Durante tres ediciones de esta sección cultural dominical, encontrará las obras ganadoras de este concurso, que eligió entre 104 seleccionados, los mejores cuentos. Cabe destacar que para esta categoría, luego del primer puesto, hubo un empate del segundo lugar entre tres participantes más.
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LA SINFONÍA DE LA MONTAÑITA

Cuenta la leyenda que en lo alto de la montañita, donde las aguas corren, donde florecen las flores más bellas y el verde más oscuro es donde viven los animales más lindos, admirados e inteligentes de la naturaleza. Allí vive una pequeña comunidad de animales que decidieron un día hace muchos años, vivir juntos para cuidarse entre todos; la señora Danta Mapu y su familia, el abuelo oso don Leo, con sus hijos y nietos. Don Leo es un abuelito lindo que siempre usa sus anteojos, porque sus ojitos están un poco gastados y cansados, él es quien cuenta todas las historias que a los pequeños y grandes animales de la montaña les gusta escuchar en las noches de reuniones frente a las fogatas y bajo las estrellas. La joven y vanidosa Puma, Bela, quien es de las más bellas felinas de la montaña, fuerte, ágil y con un corazón lleno de bondad, es quien ayuda al abuelo Leo a levantarse cuando se queda sentado en la arena, y le colabora a Mapu cuando de ir a buscar comida se trata.

Estos tres grandes animales, no son los únicos que conforman la comunidad de la montaña, también hay más pajaritos grandes y pequeños de todos los colores, que dan color y dibujan los cielos azules cuando vuelan, serpientes que se arrastran y trepan sobre los árboles, hermosas mariposas, sus primas las orugas, todos viviendo felices, respetándose entre sí y sintiéndose como la gran familia de la montañita.

Una noche cuando ya todos debían descansar, Mapu notó que su pequeña Sari, estaba muy enferma y con desespero llamó a Bela, ella sabía de plantas medicinales y podía ayudarle, al verla Bela no sabía qué le pasaba a la pequeña Sari, por lo que prometió a Mapu, introducirse en el territorio de los humanos y encontrar una cura para el mal que aquejaba la pequeña danta.

Al día siguiente, Bela camino y camino de forma sigilosa sin ser descubierta, y llegó al territorio de los humanos, con cierto temor. Tiempo atrás había escuchado leyendas que decían que estos aterrorizaban a los animales de la montañita y se desparecían, por eso en la montañita ya quedaban muy pocos animales y debía protegerse como fuera posible, mientras caminaba y caminaba se sentía muy, muy agotada, entonces su camino se dirigió a un lugar donde se veía mucha vegetación, allí podría encontrar agua o un lugar donde descansar y pensar que hacer para ayudar a los animales de la montañita, ya que no era solo Sari la enferma, muchos animales estaban enfermando y no sabía cómo sanarlos.

Bela descansó en este lugar de extensa vegetación, bebió agua de un lago y notó que a lo lejos se escuchaba un extraño, pero bello sonido, por lo que le dio curiosidad y muy sigilosamente se acercó sin ser descubierta, ¡vaya!, Bela estaba en lo que ella le pareció como un castillo, un lugar inmenso, de puertas grandes, lleno de muchas ventanas y con muchos humanos adentro, con cautela se asoma por una de sus ventanas, y ve que hay humanos tocando y haciendo unos sonidos muy bellos, todos con mucha felicidad en sus rostros, la mayoría cerraban los ojos y sonreían. Bela al ver esto se le ocurrió que quizás eso que se escuchaba era el tipo de medicina que necesitaban en la montañita para curar a los animales enfermos.

Facetas.

Tristemente en la montañita, Bela nunca había escuchado algo similar, ella sabía qué hacía mucho mucho tiempo los pájaros cantaban, hacían ruidos hermosos, tal vez parecidos a los que escuchó en aquel castillo, pero desde algún tiempo decidieron callar. Don Leo contaba en las noches de fogata, que un día toda la montañita se quedó en silencio, cuando muchos amigos, familiares, y otros animales empezaron a desaparecer, todos los demás animales no volvieron a hacer ruidos fuertes ni los pájaros volvieron a cantar, pensaban que así no serían encontrados tan fácilmente por los humanos malos y preservarían su comunidad en la montañita.

Bela pensaba que si los pájaros cantaran, si los animales gritaran de felicidad como antes, la enfermedad de la montañita se curaría, no podía imaginar que los humanos hicieran algo malo, pues cantaban hermoso y hacían esas bellas sinfonías, entonces estaban curados del mal que invadía sus corazones, y los animales en la montañita podían ser libres y vivir entre música. Así que decidió volver y contar a sus amigos que ya había acabado el mal, estaban fuera de peligro, y podían sanar.

Sin dudarlo corrió y corrió para llegar pronto a la montañita donde sus amigos que eran su familia, la esperaban, cuando de repente y sin darse cuenta cayó sobre un agujero en la tierra y se partió su patica, desconsolada y llena de dolor, sabía que no podría salir de allí sola, lloraba y lloraba muy fuerte, se acercaba la noche y sentía que le había fallado a los animales de la montañita y a su amiga Mapu, cuando de pronto escucho un ruido, y se dio cuenta que encima del agüero habían dos humanos, empezó a temblar, aun tenía temor de que ellos fueran a hacerle daño y desapareciera como lo contaba don Leo, cerró los ojos y espero lo peor.

Rato después y aún más oscuro, Bela despertó, no sabía que había pasado, se sentía un poco mareada, con sed, no sabía dónde estaba, sintió miedo, lo último que recordaba eran los humanos sobre ella, no lo podía creer, se miró su patica y estaba vendada, ya no le dolía como antes, y no estaba en el agujero, estaba en un lugar verde muy cerca de su montañita, allí comprobó lo que pensó en aquel castillo, los humanos ya habían sanado su corazón de la maldad, ahora eran buenos y ayudaban a los animales, a ella la ayudaron, ahora se sentía segura y con fuerzas para continuar su camino.

Por fin, unas horas después, Bela llegó a su montaña. Busco a Mapu, quien se encontraba preocupada y agotada pues había cuidado sin descansar a su pequeña y los otros animales que estaban enfermos. Bela reunió a Mapu, a don Leo, al señor cóndor y todos los animales de la montañita, le pidió a los pájaros que por favor cantaran para ellos, que cantaran para su hermosa montaña, los pájaros temerosos y sorprendidos no podían creer lo que les pedía, sus abuelos siempre les dijeron que cantar era peligroso, los humanos malos escuchaban y podían venir por ellos, entonces Bela les dijo que no había que temer, les mostró su patica y contó como los humanos la habían ayudado para poder llegar donde ellos, lo maravilloso que vio y escuchó en aquel gran castillo, y como los bellos sonidos de la música acabaron con el mal en los humanos y los había hecho buenos.

Los pájaros asustadizos empezaron a cantar de forma muy suave, y mientras cantaban, la pequeña danta iba mejorando, y los otros animales enfermos también, al ver esto, cantaron cada vez más fuerte y melodioso, todos los animales que nunca los habían escuchado estaban realmente sorprendidos, igual que en el castillo cerraban sus ojos y disfrutaban los sonidos, por un momento todo fue como una gran sinfonía, no solo cantaban los pájaros, también las dantas, los osos, el gran cóndor, las serpientes se arrastraban con ritmo y las mariposas volaban con mejores movimientos. Bela lloro de felicidad, pues como ella lo imaginó, la música los había sanado, ya no estaban más enfermos, y desde ese momento siempre hubo música en la montañita, ya no tenían por qué callar, los humanos ahora los protegían, y así los animales y los humanos cada uno en su territorio acercándose de vez en cuando, vivieron felices, protegidos y libres para siempre.

SAMUEL GONZÁLEZ - ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

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