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Lea y disfrute de las historias ganadoras del concurso ‘Ibagué: te canto y te cuento’

Crédito: Suministradas / EL NUEVO DÍA
En esta segunda entrega encontrará las obras ganadoras de la categoría B: de 9 a 10 años de este concurso, que eligió entre 104 seleccionados, los mejores cuentos. En esta categoría está el primer puesto.
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En una época lejana, una mujer llamada Clementina, nacida en Estados Unidos, le gustaba viajar a todas partes y por eso cada ocho días viajaba de un lugar a otro. Había viajado a París, Europa, Nueva York, Francia y otros países. De ahí, que marcaba cada lugar al que había ido en su agenda preferida. 

Clementina un día quiso ir a Ibagué, en Colombia, estaba en Brasil y por ello tendría que hacer un largo viaje de cinco días. Fue a tomar el boleto para el autobús, eran las 10:30 de la noche y por fin el autobús llegó, se montó y pasaron las horas hasta llegar a los 5 días. 

Arribó sobre las 3 de la tarde a Ibagué, y llegó con emoción de poder conocer toda la cultura ibaguereña; ya quería conocer los bailes, trajes, leyendas, canciones y otras tradiciones, por eso, mientras iba llegando al hotel veía muchos carteles alusivos al folclor colombiano. 

Y de repente, paró y le preguntó a una anciana: ¿Por qué hay tantos carteles del folclor? Y le respondió: Estamos en el mes de junio, en el que celebramos las fiestas de San Juan y el San Pedro -muy emocionada, quiso seguir conociendo la cultura-. La señora también dijo que al otro día habría un desfile del Reinado, donde se hacen muestras de toda la cultura del Tolima y toda Colombia, y mucho más sobre la tradición. 

Al día siguiente, Clementina iba camino a la plaza y se encontró una exposición de mitos y leyendas y se detuvo a leer la del Mohán y aprendió sobre la leyenda tradicional. La leyenda cuenta que en el “río Magdalena, en el Puerto de la Caimanera, ubicado en el Espinal (Tolima), cantaba y se aparecía el Mohán: un hombre corpulento, de larga cabellera, barbado y lleno de atuendos con un tabaco en su mano. Algunos lo describen como un indígena moreno, acuerpado y con dientes de oro; otros como un ser malvado, traicionero, risueño y señor de las aguas”. 

Luego, Clementina iba caminando y se encontró a un perrito callejero, de hecho muy peludo y parecido al dibujo del Mohán, tenía larga cabellera, y decidió adoptarlo; lo llevó al hotel y pensó: ¿Qué haré con este hermoso perrito peludo? Y dijo: Le voy a comprar comida, un cepillo para desenredarlo y lo llevaré al veterinario, le compro varias cosas, lo peino y le dio de comer, y cuando iba buscando la veterinaria le tocó preguntarle a un señor dueño de una tienda: 

-Buen día señor, ¿por casualidad usted conoce una veterinaria? El señor le indicó el lugar, y por fin Clementina y el perrito llegaron, atendieron al perrito, le sacaron las pulgas y... ¡listo calisto! El perrito quedó reluciente, entonces le puso de nombre Mohán, ya que tenía el pelo largo. 

Mohán y Clementina querían salir a comer en los lugares más tradicionales de la feria, Mohán se le perdía a Clementina cada cinco minutos, entonces mientras caminaba encontró artesanías para perro, en las que observó una correa muy bonita color aguamarina, y la compró; se la puso a Mohán y siguieron el camino. 

Por fin, con tanta hambre, encontraron el restaurante tradicional de las ferias llamado “Doña tamalita”, Clementina jamás había probado el tamal y lo pidió para ver cómo era porque se le hacía extraño un alimento que venía empacado en hojas de plátano. 

El extraño plato llegó a la mesa y Clementina dijo: ¡Es la hora de ser juez de comidas!, y cuando lo probó, hizo una cara de encantada, le gustó tanto el tamal que fue capaz de otro más, - ¡en la tarde volveremos almorzar acá, Mohán!- ah, pero verdad que no te di a ti, ya vamos al hotel a que comas, él comió y ya era hora de la diversión. 

Clementina y Mohán se fueron a buscar un lugar donde había piscina, llegaron y se metieron, también comieron lechona - plato típico del Tolima-, y también le encantó a Clementina; volvió a meterse a la piscina mientras Mohán estaba en un spa para perros, llegó la noche y Clementina y Mohán se fueron al hotel a descansar. 

Un día después, decidieron seguir aprendiendo sobre la cultura ibaguereña. Mientras Clementina y Mohán iban caminando, de repente otra presentación por las calles se encontraban por sorpresa, escucharon canciones tradicionales como el Bunde tolimense, Colombia tierra querida, Ocobito, Soy tolimense, entre otras. Clementina, todas las canciones las busco por Google y se las aprendió. Y como no se las lograba sacar de la cabeza, porque le habían gustado mucho, decidió unirse al desfile, donde iba caminando y cantando; Mohán le intentaba decir con latidos y moviendo la cola que se tropezaría con un poste, Clementina no le puso atención y se tropezó con un poste, de suerte no le pasó nada, siguió adelante cantando, bailando y mirando presentaciones hermosas sobre la cultura. 

Otra que encontró fue una de trajes típicos, las faldas de las niñas resaltaban por sus colores, encajes y cintas decorativas, la blusa con cuello a la garganta y sus respectivas cintas y colores; el de los niños con traje blanco, rabo de gallo y sombrero, exponiendo la comidas típicas como el tamal, la lechona, el sancocho, etc. 

Luego fue almorzar arroz con pollo y jugo de tomate de árbol cultivado en Cajamarca, ‘La Despensa Agrícola de Colombia’, y llevó a Mohán a almorzar al hotel y volvieron a salir. 

Horas después, Clementina y Mohán volvieron a encontrar otra exposición de niños. Esta trataba de los lugares turísticos del Tolima como Ambalema, Anzoátegui, Carmen de Apicalá, el centro de la diversión de Cafam en Melgar; Espinal, Flandes, Honda, el nevado del Tolima, entre otros. 

Al día siguiente, compró sombrero, poncho, botas y camisa porque había una cabalgata en la tarde; también alquiló su caballo, ya que sabía montar. En el desfile, Mohán siempre iba al lado del caballo de Clementina, pasó la cabalgata felizmente. Clementina se había enamorado mucho de la ciudad y entonces decidió quedarse a vivir con Mohán, consiguió casa y publicó un artículo en el periódico contando todo lo que le pasó en tan solo unos días en Ibagué – Colombia. 

Se dice que Clementina vivió muchos años más con Mohán en la Capital Musical de Colombia. 

FIN.

 

POR MARÍA JOSÉ LONDOÑO PULIDO / ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

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