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Lea y disfrute de las historias ganadoras del concurso ‘Ibagué: te canto y te cuento’

Crédito: HÉLMER PARRA / BANREP.ORG/ EL NUEVO DÍA
Contenido Exclusivo
En esta segunda entrega encontrará las obras ganadoras de la categoría B: de 9 a 10 años de este concurso, que eligió entre 104 seleccionados, los mejores cuentos. En esta categoría está el segundo puesto.
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Las aventuras de Juana, Julián y su mamá en el nevado del Tolima

Un día los niños Juana y Julián le propusieron a su mamá ir al nevado del Tolima, porque siempre estaban en casa y habían dejado de salir a divertirse y a pasear, luego de que su papá falleciera en un accidente de tránsito. 

Después de mucho insistir, su mamá, María, accedió a ir. A las 4 de la mañana de un viernes, partieron a su viaje hacia el Cañón del Combeima, caminaron muchísimo. Cuando comenzaron a salir los primeros rayos de sol y el amanecer dejó ver sus cálidos y radiantes colores, sintieron lo puro y refrescante del aire y su paisaje les hacía pensar que estaban en otro planeta. En ese momento sus estómagos crujieron, tenían mucha hambre, lo bueno es que María, la mamá, empacó muchos tamales, envueltos de mazorca, pan fresco, una agua de panela y mandarinas. 

Después de desayunar continuaron su viaje; tras una larga caminata llegaron a Juntas, empezó a hacer un frío terrible, pero eso no los detuvo, siguieron caminando con el objetivo en su mente, se llenaron de energía y entusiasmo. Después de un rato pararon a almorzar, llegaron a un restaurante típico de la zona y pidieron un rico sancocho, con jugo de mandarina; terminando su almuerzo, continuaron con su travesía llegando a El Silencio, donde se encontraron con su amigo hermoso oso de anteojos que habitaba y vigilaba los bosques altos andinos, quien los invitó a pasar la noche en su madriguera, la familia aceptó encantada. 

Al día siguiente, el oso les dio el mejor de los regalos; una ruta más rápida para llegar al nevado. Ellos siguieron atentamente las indicaciones de ‘Anteojos’, que les permitió llegar al majestuoso nevado del Tolima; llenos de emoción e invadidos de un cansancio gigante, decidieron sentarse un poco a descansar. En ese momento pasó algo mágico: ¡un frailejón les ofreció agua pura y fresca!, fue tan amable el frailejón, que comenzaron a conversar, él les dijo que por el cambio climático muchos de sus hermanos han estado desapareciendo, están muy tristes por eso. Juana y Julián preguntaron el porqué de esta situación, el frailejón respondió con su cabeza hacia abajo, que las personas que llegan a su hogar lo destruyen tirando plásticos, papel, envoltorios de comida, por todas partes. 

La familia de María, preocupada, le dijeron a frailejón que todas esas acciones estaban causando daños irreversibles en la naturaleza y decidieron ayudar a ‘Fray’, como le decían de cariño, recogiendo toda la basura que estaba alrededor. 

En ese momento pasaba por el lugar su amigo el oso de anteojos quien lucía muy agitado y asustado y Julián le preguntó: 

Anteojos, ¿hacia dónde te diriges? 

Y él respondió: 

Me están persiguiendo unos cazadores, ¡auxilio! Me quieren cazar. 

Juana indignada le dijo que se escondiera en unos arbustos y que no hiciera ningún ruido. Cinco minutos después aparecieron los cazadores con grandes escopetas, tenían ojos de desesperación, su respiración estaba bastante agitada y corrían por todo el lugar buscando al pobre oso, María irritada les gritó: 

Alto, deténganse, ¿qué es lo que se proponen hacer? ¿Acaso pretenden acabar con la única especie de osos que vive en nuestra región?, insolentes, ¿no se dan cuenta que este oso tiene familia? ¿A ustedes les gustaría que les hicieran lo mismo? ¿Que invadan y los saquen de su hogar, dejar a sus esposas viudas y a sus hijos huérfanos, solo por diversión? 

Los cazadores se detuvieron y se miraron los unos a los otros, reflexionaron pensando en sus familias. Anteojos salió de su escondite temeroso y en ese momento los cazadores arrepentidos le pidieron disculpas, y prometieron no volver a cazarlos. 

María, Juana y Julián más tranquilos después de ese evento continuaron su camino de regreso a casa; unos kilómetros más abajo se encontraron con una lora orejiamarilla tirada en el suelo muy herida, al acercarse a ella, les dijo que estaba a punto de morir, María le preguntó: ¿Qué te ha pasado amiga Orejiamarilla? 

Me encontraba en casa alimentando a mis hijos, cuando llegó un leñador de palmas de cera, quien derribó mi casa y se llevó a mis hijos y papá Loro. Me dejó herida pensando que ya había muerto. 

Julián le dijo a su mamá que le trajera en unas hojas de palma, agua del lago y semillas de ajonjolí que llevaba en su bolso, para alimentar y reanimar a mamá lora, ya que se encontraba muy mal. Juana le preguntó a la orejiamarilla qué camino había tomado el leñador. 

Ya más repuesta, mamá lora les señaló la ruta, y junto con ella emprendieron su búsqueda, montaña abajo; a lo lejos, vieron un hombre que llevaba una jaula en su mano, mamá lora gritó desesperada “allá llevan a mi familia”, inmediatamente todos corrieron hasta alcanzarlo. 

María muy enojada exclamó: 

¿A dónde lleva esa familia de loros? ¡Devuélvalos, no le permitiré que los convierta en prisioneros! 

En ese momento pasaba por el lugar un guardabosques y María exaltada le dijo: 

Señor guardabosques, este hombre taló una palma de cera y lleva en una jaula una familia de loros orejiamarillos, mamá lora está muy mal. 

El guardabosques le quitó los loros al hombre y le dijo que debía pagar una multa por el daño causado, y que a partir de ese momento no podría volver a ingresar al Parque Natural de los Nevados. 

Junto con María, Juana y Julián, el guardabosques buscó una palma deshabitada para que se convirtiera en el nuevo hogar de los orejiamarillos, liberaron a las aves, la lora orejiamarilla se reencontró con su esposo y sus hijos invadidos de felicidad, y agradecieron a María y su familia por su ayuda, invitándolos a que regresen nuevamente a visitarlos.

María y su familia continuaron caminanddo hasta llegar a la vía en donde tomaron el transporte que los llevó a su casa, y al final de su viaje reflexionaron sobre su aventura y lo maravillosa que es la naturaleza, se sintieron

como súper héroes por haber salvado la vida de varias especies de animales y  plantas que viven en ese hábitat y pensaron que si todos los seres humanos nos

convirtiéramos en ese tipo de súper héroes protegiendo a todos los animales y plantas del mundo, nuestra existencia tendría un gran sentido y nuestro planeta sería aún más hermoso.

FIN

 

POR EMILIANO GÓMEZ RIVERA / ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

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