La historia de ‘Benita’, la lora que le fue arrebatada al fotógrafo Ricardo Espinosa

SUMINISTRADA – EL NUEVO DÍA
Hace dos meses por orden de Cortolima, la Policía Ambiental se le llevó a Benita, una lora que tuvieron en su casa durante nueve años. “Es como otro hijo para nosotros”. La norma está en contra de don Ricardo y la única opción que queda es que se la entreguen en adopción.

En la casa del fotógrafo Ricardo Espinosa hace dos meses falta algo. El silencio ensancha las paredes y la familia está un poco más sola. Nico, el perro rottweiler que los cuida, es la única mascota que les queda, porque la Policía Ambiental se les llevó a ‘Benita’, una lora que tuvieron durante nueve años. “La casa ahora es más grande sin la bulla de Benita”, dice la esposa de don Ricardo.

Ricardo Espinosa fue reportero gráfico de Tolima 7 Días durante 12 años. Luego trabajó en otros medios, siempre tomando fotos. También hizo radio y publicidad. Sin embargo, “por la edad me fui alejando de los medios”, dice.

Ahora se dedica a disfrutar de su pensión de Telecom y a ver cómo su hijo comienza a seguir sus pasos en la fotografía. “La diferencia es que a él le gusta hacer videos”, dice.

La historia de cómo llegó ‘Benita’ a la casa de los Espinosa es importante, porque hace repensar qué es una especie silvestre y cómo las normas no siempre se corresponden con lo justo.

Don Ricardo estaba en un viaje por la represa de Prado cuando un pescador llegó y le contó una historia sobre un pichón. A la madre la había matado una culebra o algo similar, y el ave, apenas una pelusa, estaba a la intemperie. Le ofreció regalársela y él aceptó. “La lora me la regalaron, yo no la compré. Si no me la hubiera llevado probablemente habría muerto”, dice don Ricardo.

‘Benita’ estuvo nueve años en la casa de la familia. Por mucho tiempo pensaron que era macho y por una canción de Los Visconti le pusieron ‘Benito’. Luego se dieron cuenta de que era hembra, y entonces la llamaron ‘Benita’.

Un día llegaron unas mujeres de la Alcaldía de Ibagué a revisar si Nico, el rottweiler, tenía todas las vacunas. Don Ricardo las atendió y les respondió las preguntas del caso y les permitió que tomaran las fotos que consideraran necesarias. A ‘Benita’ le tomaron varias y dijeron que estaba muy linda.

A los diez días llegó a su casa la Policía Ambiental. Les pidieron que entregaran el loro, y que si no lo hacían se podían someter a que entraran con una orden judicial, a pagar una multa de hasta 25 millones e, incluso, a la cárcel. “Ante esas amenazas accedimos a entregarlo. También nos dijeron que si lo hacíamos voluntariamente había la oportunidad de que me la devolvieran en adopción”, dice.

La ley 611 de 2000 establece que fauna silvestre es “el conjunto de organismos de especies animales terrestres y acuáticas, que no han sido objeto de domesticación, mejoramiento genético, cría regular o que han regresado a su estado salvaje”. Para el caso de ‘Benita’ no aplicaría, afirma don Ricardo.

‘Benita’ no habría tenido ecosistema previo y estaría completamente domesticada. Es decir, no sería un animal silvestre. “Haberla sacado de la casa fue peor para ella que haberla dejado con nosotros. Loro viejo no cambia de familia”.

La domesticación de los animales es un proceso lento. Un animal es sacado de su entorno y llevado al de los seres humanos. Finalmente, debido a la adaptación, se les hace más favorable estar con las personas que volver a su entorno originario.

Don Ricardo no sabe cómo harán para darle de comer si ya estaba acostumbrada a tenerla siempre en la mañana.

La norma está en contra de don Ricardo. Puede que tenga razón en cuanto a que ‘Benita’ no sería un animal salvaje en el sentido estricto de la norma, sin embargo, las autoridades no miran cada caso, sino que prohíben la tenencia de una especie en general. Todos los loros frentiamarillos son fauna silvestre y como tal pertenecen a la Nación. Frente a eso no se puede hacer nada.

La norma es estricta porque busca proteger a los animales de la comercialización ilegal. Se castiga la tenencia, porque si no hay demanda no hay oferta.

Adriana Cardoso, líder en control y vigilancia de Cortolima, afirmó que para este caso “la norma dice que la tenencia de fauna silvestre es ilegal. Nosotros no hacemos las leyes y como autoridad ambiental nos corresponde solamente hacerlas cumplir”.

A don Ricardo le dijeron que la lora estaría en un lugar en donde le enseñarían a volar y a estar con los otros animales. La llevaron al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre de Cortolima. Allá la valoró un veterinario y “el manejo se ha efectuado cumpliendo los protocolos establecidos en la normativa vigente”, dice la funcionaria de Cortolima.

Pero eso, para don Ricardo y su familia, no es suficiente. Les preocupa que esté en una jaula con otros loros y que la lastimen: “Ella no sabe defenderse porque nunca tuvo la necesidad de hacerlo con nosotros. Es mentira que le vayan a enseñar a volar: los únicos que lo pueden hacer son los papás”, dice.

“La angustia para la familia es grande. ‘Benita’ llenaba la casa de ruido y de alegría”, dice.

Los loros son mascotas especiales. Ningún otro animal puede imitar de esa forma la voz de las personas. Es verdad que no hablan: imitan sonidos; pero eso es suficiente para quien siente esos sonidos como un contrapunto. Hablarle a un loro es como verse en un espejo: siempre se encuentra la misma imagen, la misma respuesta, pero esa confirmación de lo predecible reconforta. “Nosotros tarareábamos una canción y ‘Benita’ la terminaba. Siempre. Jugaba con Nico. Nos decía “pa” y “ma” y nos agradecía cuando le dábamos comida. Es como otro hijo para nosotros”.

La única opción que les queda es que se la entreguen por adopción. “Eso lo establece la Oficina Jurídica. Ellos efectúan la investigación y aplican las normas”, afirma Adriana Cardoso sobre esta posibilidad. “Nosotros nos sometemos a todo el proceso. Que vengan a la casa y nos revisen en qué condiciones la tenemos. Solo queremos escucharla de nuevo en la casa”, finaliza don Ricardo.

CAMILO JIMÉNEZ

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