Pareja de ancianos vive desde hace 7 años debajo de un puente

Crédito: Hélmer Parra - EL NUEVO DÍA
En el barrio Santa Helena, ubicado entre la Universidad del Tolima y la avenida Ferrocarril, existe un puente vehicular, el cual se convirtió en el hogar de Julia y su pareja, dos habitantes de calle que viven su día a día sin afanes y en tranquilidad.
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El espacio que divide el inicio del puente, con el canal de agua del barrio Santa Helena, es ahora la casa de Julia y su pareja, quien por motivos personales decidió no dar su nombre. Ellos son dos personas entre los 50 y 60 años de edad, que por condiciones de la vida, hoy son habitantes de calle.

Su lugar de estadía está cubierto por algunas prendas de vestir, una cobija que a su vez hace de cortina, permitiéndoles tener un poco de privacidad, y su fiel compañero, un perro criollo, de pelo negro brillante y mal humorado que cuida de ellos.

El cielo está cubierto por neblina, señal evidente de que se aproxima la lluvia, en ese momento Julia ayuda a levantar a su compañero y empiezan a desplazarse un poco más adentro del puente. Según cuenta Julia, el señor se cayó cuando regresaba a su morada y está indispuesto, razón por la que mantiene acostado sobre una espuma que les sirve de colchón.

Dentro de su ‘casa’, hay un par de pocillos, una olla, uno que otro libro, algunas cobijas y mucho plástico y cartón, que cumplen la función de evitar que el frío sea intolerable para ellos.

Es casi la hora ‘pico’ y hay afluencia de vehículos, suena el claxon y laten los perros, ellos parecen no escuchar, nadie los molesta, nada los perturba, no tienen deudas, ni amigos, ni enemigos, son ellos dos en su expresión libre de vivir.

Ambos son muy callados, parecen molestarle los ‘intrusos’, por lo que al conversar con ella, hace el mayor esfuerzo por evadir algún tipo de respuesta. Su pasado no parece enorgullecerla y dice a viva voz que a nadie le interesa, vive feliz con su pareja y disfrutan del presente.

En el último mes la pareja fue conocida gracias a unas fotos que publicaron a través de internet, razón por la que Julia no deja de demostrar su disgusto por las personas que quieren aprovecharse de su situación, y asegura que está tranquila viviendo de la forma en que lo hace.

“Yo he vivido aquí tanto tiempo sin ayuda de nadie, solo con la ayuda de mi marido, no sé porque ahora creen que necesito apoyo, yo ya estoy acostumbrada”, dice.

“Me sacaron unas fotos por el ‘feis’ y ahora todos quieren conocernos, el alcalde vino hace unos días dizque para ayudarnos y por acá nada ha pasado, aquí tengo mi rinconcito, esta es mi vida, no hay mucho que contar”, añade.

Sin embargo, más allá de ese carácter fuerte que irradia Julia, hay una mujer preocupada por su hogar, sale a buscar medicamentos para su pareja y recibe amablemente dos platos de comida que un residente del sector le brindó.

Así como ellos, en Ibagué existen otras historias similares, cada una con su particularidad, unos más amables, otros iracundos, unos en su cuento y otros queriendo vivir el cuento de alguien más.

 

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LINA PUENTES

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