“A mi papá no lo abrazo desde febrero”: José Edwin Murcia, médico pediatra

Crédito: HÉLMER PARRA / EL NUEVO DÍAJosé Edwin Murcia Osorio, médico pediatra.
El médico pediatra José Edwin Murcia Osorio lleva ocho años ejerciendo su profesión en Ibagué, tiempo en el que se ha desempeñado en distintas entidades privadas y oficiales. Aunque su trabajo lo obliga a vivir diferentes circunstancias diariamente, el 2020 le dejó una huella imborrable.
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Desde un consultorio pediátrico recordó que en su época de formación, el escenario probable más difícil a afrontar era el de VIH Sida y alguna patología de cáncer, “no se tenía tantos avances como ahora, eran las enfermedades que veíamos nosotros como muy grandes, como pandémicas, de resto no más, nunca pensamos que un virus o alguna infección nos llevara a la posición en que estamos ahora”.

José Edwin narró que cuando le explicaron la dimensión de lo que estaba a punto de llegar, lo primero que le cruzó por la mente fue su familia, “para nosotros es claro que éramos las personas que estábamos capacitadas y las que teníamos que hacerle frente a atender pacientes, pero el gran miedo no era nosotros, sino que el miedo era de poder llevar eso (virus) a nuestras familias y personas cercanas”.

Entre marzo y abril, los contagios se veían de forma leve, pues aunque otros departamentos ya registraban altas cifras de casos diarios, en el Tolima la curva de ascenso avanzaba de forma lenta y controlada, “entre julio y agosto empezamos a ver la repercusión inicial”.

Mientras el pediatra daba lo mejor de sí mismo para atender a sus pacientes, al interior de su hogar se tuvo que empezar a vivir con nuevas reglas, que tenían como fin crear una barrera de protección para su esposa, sus dos hijas adolescentes e hijo de 8 años.

“Fue muy difícil porque era la restricción con los hijos, de decirle no me abrace, no me toque, el hecho de llegar a la casa y expresarle enciérrese en el cuarto, mientras me baño, después de ahí sí recibir las muestras de cariño”.

La rutina fue más compleja para el menor de la casa, pues la costumbre era que el pequeño recibiera a su padres en la puerta de la casa. “Frenar ese impulso del cariño, fue un tema difícil”.

Con el paso de los meses, tanto en el colegio como con sus padres, el niño empezó a aprender de la ‘nueva realidad’, ahora él colabora activamente con los protocolos de limpieza y prevención.

A la par de dichas situaciones, el médico también llevaba en su interior otro vacío, “dejar de ver a mis padres por mucho tiempo, por la edad de ellos, a los abuelos, restringirse de tener reuniones familiares, solo por eso”.

Fueron cerca de cuatro meses en los que el pediatra no volvió a tener contacto físico con sus padres. Lo que anteriormente era una muestra de cariño constante, ahora solo se puede desde la distancia, “con mi papá hasta hace 15 días estuvimos relativamente cerca, antes simplemente era llevar cosas desde la puerta y ya. Con mi mamá sí fue un poco más cercano pero con todas las restricciones”.

“A mi papá no lo abrazo desde febrero y con mi mamá ha sido lo mismo, hay que cuidarlos a ellos”.

 

De médico a paciente

Además del distanciamiento con sus familiares, la otra prueba que afrontó en este año, fue ser un paciente positivo para coronavirus, pues finalizando agosto José Edwin contrajo el virus, al parecer se contagió en su labor diaria.

De este capítulo recuerda que los primeros síntomas fueron pérdida del olfato, dolor de cabeza y malestar, por lo que pensó que sería una enfermedad leve. “Me hago una prueba inicial particular, la cual salió negativa, pero teniendo en cuenta los días guarde aislamiento y me la repetí, la cual salió positiva”.

Después, llegaron las señales que empezaron a generar temor como son la fiebre, tos, dolor en el pecho y dificultad para respirar, “trate de manejarlo en la casa, no quería consultar y ya prácticamente obligado por mi esposa, que me vio una noche muy mal, me dijo vámonos y me llevó hasta la clínica”.

En menos de 24 horas fue trasladado a una Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, lugar en el que permaneció por ocho días con oxígeno permanente y al borde de ser entubado. “Gracias al manejo de todo el personal de la institución en donde estuve, se logró superar”, la batalla.

Durante esa semana, el médico estuvo consciente de lo que sucedía a su alrededor, confesó que fue un tiempo de mucha reflexión y aprendizaje, “nunca en la vida me habían hospitalizado, estar en el papel del paciente, nunca me había pasado. Uno entiende que de verdad hay que ser más humano, más persona con el enfermo, (pues) no solo necesita el medicamento, sino también palabras de apoyo”.

Cada día fue una lucha en contra de ese enemigo invisible, que en ocasiones parece comportarse como una lotería, pues algunas de las personas que pasan por cuidados intensivos salen avantes, mientras que otros no. “El impacto del personal luchando es difícil, es algo que emocionalmente impacta”.

A la par, sus hijos y esposa lidiaban con la angustia que genera tener a un ser querido en una UCI, asimismo, su compañera de vida, vivió un fuerte choque por el gran vacío que había en casa.

Pero esta historia afortunadamente tuvo un buen final, pues se logró superar los días grises y tener un oportunidad de recuperación en el hogar, allí José Edwin llegó con la convicción de que su familia siempre será lo primero, “no todo puede ser trabajo, hay que tener tiempo para ver crecer a los hijos, uno muchas veces por trabajar pierde ese tiempo que no se recupera.

“Era consciente de que tenía que recuperarme y volver al ruedo, volvimos con toda a luchar por los niños y por todos los enfermos del departamento”.

 

Llamado a la sensatez

A pesar de la vocación y entrega que tiene, hizo nuevamente un llamado a las personas para que tengan cordura en lo que queda de diciembre, pues le preocupa el alto número de casos registrados en los últimos días.

“Entiendo el comercio, que las familias están muy golpeadas, que ha sido un año muy difícil para todos, pero la gente que no ha perdido familiares, ni ha tenido que vivir en carne propia, no entiende la magnitud de esta enfermedad”.

Al preguntarle, que si cambiaría algo de lo vivido a hasta ahora, José Edwin expresó sin dudarlo que “amo lo que hago y como lo decía un profesor, si algún día me quedara en el campo de batalla, lo haré con todo el amor, no lo hago por obligación ni por dinero, me apasiona. Siempre seguiré cuidando a mis niños y poniendo siempre la salud para todos”.

A sus colegas les dice que “tenemos que seguir luchando, este virus no nos puede acallar o vencer, falta poco y hay que seguir dando el amor, ser humanos con los familiares y pacientes”.

Las familias tienen que sentirse orgullosas de todo el personal que sale todos los días a ponerle el pecho a esto y a exponer sus vidas

Personajes del Año.

XIMENA VILLALBA C.

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