El NO a regresar a la violencia de Rioblanco

Crédito: Camilo Jiménez / Archivo / Suministradas / EL NUEVO DÍA.
Durante décadas la belleza natural y la resplandeciente biodiversidad de Rioblanco estuvieron opacadas por la violencia. Pocos se atrevían a andar por los corredores biológicos o contemplar, sin temor, los paisajes fisiográficos y sus diferentes pisos térmicos.
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Rioblanco es uno de los municipios más ricos en recursos hídricos. Las subcuencas de los ríos Anamichú, Mendarco, Cambrín y Hereje alimentan el cauce del Río Saldaña. Por las trochas hacia las fincas en las veredas o por la carretera a corregimientos de Puerto Saldaña se ven cascadas y las quebradas al borde o atravesando los caminos.

Ese montón de agua separó, en cierto momento, a los actores armados que estaban en disputa. Los rioblancunos recuerdan, varios años después, la ocasión en que las Farc convocaron a una reunión, con asistencia obligatoria, a todo el pueblo. Dieron órdenes y repartieron amenazas. Al otro lado del río estaba la fuerza pública.

Los habitantes de Herrera y Puerto Saldaña vivían en dos zonas enfrentadas, aún cuando muchos eran amigos o familiares. El primero era un fortín de la insurgencia, mientras que el segundo lo era de la contrainsurgencia. 

 

La ida y regreso a Puerto Saldaña

Generales.

En el año 2000, más de 400 familias del corregimiento de Puerto Saldaña tuvieron que salir huyendo, dejando tierras y animales para salvar su vida. Unos 450 guerrilleros de las Farc lo volvieron un pueblo fantasma en un ataque que inició a las 5 de la mañana. Decenas de casas, la escuela, el puesto de salud y hasta la iglesia fueron destruidas.

Antes, en 1999, paramilitares llegaron a la vereda Las Palmas y secuestraron a varios campesinos que luego aparecieron muertos. Tres meses después, 87 personas salieron desplazadas de las veredas La Ocasión, El Espejo y El Placer huyendo de los enfrentamientos entre paramilitares y guerrilla.

“En esos momentos nos tocó salir desplazados a la carrera. Trabajábamos, pero llegó la guerra y nos fuimos desplazados. Unos para Ibagué y para otros lados del Tolima y hasta para Bogotá a pagar arriendos con plata que no teníamos. Cuando volvimos recogimos los escombros que quedaron, pero ya no era igual”, cuenta Nelly Gutiérrez, habitante del corregimiento desde hace 45 años.

Luego del desplazamiento, la mayoría de las familias han ido regresando poco a poco. Cuando retornaron, casi la totalidad de las casas estaban destruidas. Egidio Yaguara, presidente de la Junta de Acción Comunal de Puerto Saldaña, dice que el combate ahora está por terminar de reconstruir las viviendas, aunque sí se siente la mejora en la seguridad.

“A veces la gente dice que ven patrullando por el monte, pero últimamente no se han llevado a campesinos así como antes. Están pendientes el acueducto, el techo del polideportivo, la reconstrucción de las casas y otras cosas, pero las montañas y las aguas abundantes, las quebradas por lado y lado están ahí para que vean nuestras riquezas”, comentó Egidio Yaguara.

Si bien no regresaron todos, los que sí lo hicieron ahora la luchan por hacer cumplir las promesas que les hicieron e intentar comenzar mostrar otra cosa: “Yo sí digo que 

Generales.

 

“No queremos regresar a la guerra”

Desde que se conformaron en 1949 las primeras cuadrillas de autodefensas campesinas de corte comunista y liberal en Rioblanco, su población ha tenido que ver cómo se cambian de forma las dinámicas de las violencias. 

Comunistas y liberales convivieron en paz, protegiendo su propio territorio, por un tiempo hasta que iniciaron las disputas. Pasaron a denominarse ‘limpios’ y ‘comunes’ y comenzó una nueva guerra.

“Luego siguieron muchísimos más hechos, pero el más terrible fue el desplazamiento Puerto Saldaña. Cuando pudimos regresar al territorio años después intentamos recuperar esa sociedad. No queremos regresar a la guerra y a las cosas que vivimos”, afirmó Elisabeth Barbosa, alcaldesa de Rioblanco.

El sur del Tolima limita con departamentos como Valle del Cauca, Cauca o Huila, por lo que la presencia de grupos residuales al margen de la ley es recurrente. Sin embargo, los dispositivos de ordenamiento territorial han cambiado.

“El Estado, que también abusó de la comunidad, ahora tiene otra imagen en la región. Vemos las operaciones de los últimos años y las personas confían en la autoridad. La captura de alias Carlos, el explosivista del frente Ismael Ruiz de las disidencias de la guerrilla de las Farc, se hizo sin un solo disparo, contó Elisabeth Barbosa.

Generales.

La relativa tranquilidad que se vive hoy en Rioblanco motiva a estar más alertas ante las señales de alarma que se encienden periódicamente. 

“Los fines de semana es un pueblo vivo, alegre. Con campesinos en cada esquina, la gente llega a vender su café, ‘cervecean' y se van, todo mucho más pacífico. Hay casos de intolerancia, riñas a machete y eso, pero nada que ver con los tiempos pasados”, finalizó la alcaldesa.

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La búsqueda histórica de la paz del sur del Tolima.

El café, impulsor del cambio del sur del Tolima.

El ascenso de las mujeres lideresas del sur del Tolima.

La historia de los pijaos más allá de la identificación regional.

Los PDET, un avance hacia la paz del sur del Tolima.

Planadas, cuna de la violencia y pionera de la Paz.

Las luchas sociales por el renacer de Ataco.

Chaparral, tierra de grandes y capital del sur del Tolima.

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CAMILO JIMÉNEZ

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