
Héctor Germán Buitrago puede ser un nombre poco familiar para la mayorÃa de los colombianos. Sin embargo, con su alias, MartÃn Llanos, no solo es mucho más conocido sino que ha sido el protagonista de un importante capÃtulo en la sangrienta historia del paramilitarismo en el paÃs. A pesar de su relativo anonimato, su importancia está fuera de toda discusión.
En la historia de los más buscados por Interpol solo han figurado tres jefes paramilitares: Carlos Castaño, asesinado; Salvatore Mancuso, extraditado, y MartÃn Llanos. Este, el último de los grandes jefes paramilitares, logró mantenerse oculto por años, hasta que fue capturado en Venezuela el pasado 6 de febrero y extraditado tres dÃas después a Colombia.
Durante los últimos 15 años este hombre habÃa sido un misterio para las autoridades. Lo único que existÃa de él era una vieja fotografÃa de cuando tenÃa 18 años de edad. No habÃa huellas dactilares, ya que hace años hizo que las desaparecieran de la RegistradurÃa. Tampoco existÃan datos que permitieran conocer su imagen o publicar un afiche de recompensas con una foto. Muy pocos que no fueran de su cÃrculo más cercano lo vieron de cerca. Ese extremo cuidado fue, en parte, una pesadilla para muchos de quienes lo intentaron capturar durante lustros. Como afirman varios de ellos, era como perseguir un fantasma con una larga historia de violencia y crÃmenes.
MartÃn Llanos es hijo de Héctor Buitrago, alias el Viejo, uno de los más antiguos miembros de las autodefensas en el paÃs y quien a comienzos de los años ochenta fundó las llamadas Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC). En 1998 el Viejo fue arrestado, acusado, entre otros delitos, de conformación de grupos paramilitares y de haber cometido, junto con sus hijos, la masacre de una comisión judicial de 11 funcionarios, cerca de San Carlos de Guaroa. Con el fundador tras las rejas, MartÃn, de tan solo 30 años, quedó al frente de un ejército de mil 200 hombres, junto con su hermano Nelson, conocido con el alias de Caballo.
En 1999 el jefe del clan fue rescatado por sus hijos al aprovechar un traslado entre la cárcel de Villavicencio y un hospital de esa ciudad. Aunque las ACC se presentaban como un grupo contrainsurgente fueron involucrándose con el negocio del narcotráfico, la expropiación de tierras y la extorsión. Para 2000, manejaban la contratación en diferentes municipios de Casanare y tenÃan un inmenso poder polÃtico, con varios alcaldes y gobernadores como fichas de MartÃn.
Las ACC nunca entraron a formar parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) de los hermanos Castaño. Tampoco quisieron entrar al proceso de negociación en Santa Fe de Ralito con el gobierno de Ãlvaro Uribe.
Esta reticencia, entre otras causas, terminó desatando una guerra sangrienta contra el Bloque Centauros, comandado por el narcotraficante Miguel Arroyave.
Ese conflicto tuvo su punto más álgido entre 2003 y 2004 y dejó centenares de muertos de lado y lado.
Tras el asesinato de Arroyave en septiembre de ese año, las casi extintas ACC empezaron a resurgir gracias a que recobraron el control de zonas de cultivos, procesamiento y pistas para exportar coca. Con la extradición de la mayorÃa de los jefes paramilitares en mayo de 2008, MartÃn y su grupo quedaron nuevamente como amos y señores de Casanare y parte del oriente del paÃs.
La cacerÃa
Los Buitragueños, como también son conocidos, terminaron siendo el único clan de paramilitares que quedaba en pie de lucha y seguÃa delinquiendo después de las desmovilizaciones de 2003 y 2006. Lo irónico es que a pesar de esto no parecÃa existir una persecución decidida para dar con ellos y llevarlos ante la Justicia. Para finales de 2009 un grupo especial de la Dirección de Inteligencia de la PolicÃa (Dipol) emprendió la tarea de cazarlos. Dieron el primer gran golpe en abril de 2010 cuando arrestaron a el Viejo Héctor Buitrago cerca de Neusa, Cundinamarca, después de persuadir a un integrante de su esquema de seguridad de entregar al patriarca.
Oficiales encubiertos de la Dipol fueron enviados a poblaciones de Casanare para recolectar información sobre MartÃn y Caballo. Tras varias semanas lograron reclutar a alias el Enano, un exintegrante de las ACC, muy cercano a Caballo. Este les entregó un dato que resultó fundamental: la dirección y el nombre de RacumÃn, un hombre que manejaba los negocios de Caballo en Colombia.
Los hombres de inteligencia lo ubicaron en la población de La Mesa, Cundinamarca, y lo siguieron por varias semanas. Se dieron cuenta de que RacumÃn recibÃa y transmitÃa órdenes de Caballo desde diferentes ciudades en Venezuela y establecieron que se comunicaba con Carlos y Héctor Buitrago, primos de Caballo, radicados en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Un grupo de la Dipol viajó hasta esa ciudad y con la colaboración de autoridades antinarcóticos bolivianas determinaron que los primos estaban manejando una compleja operación de exportación de cocaÃna hacia Europa desde Bolivia, al usar a Argentina y Brasil como puente. En mayo de 2011 fueron arrestados en ese paÃs. La investigación permitió a los hombres de la Dipol darse cuenta de que RacumÃn también era el encargado de entregarles dinero a la esposa de Caballo y a su amante. Las dos vivÃan en Villavicencio. Y empezaron a seguirlas de dÃa y de noche.
“La esposa no era muy discreta. TenÃa varias Hummer, camionetas BMW y otros carros de alta gama que llamaban la atención en una ciudad como Villavoâ€, explicó uno de los detectives. Después de varias semanas, los investigadores decidieron hacer una jugada arriesgada: reclutar a la amante y convencerla de trabajar para la PolicÃa. Y asà fue. “Tatis, que fue el nombre que le dimos, nos dio los datos y la dirección en el estado Portuguesa (Venezuela) donde estaba escondido Caballo. También nos contó cuándo iba a visitarlo la esposaâ€, contó el investigador.
En diciembre la Dipol siguió a la Mona, la esposa de Caballo, hasta Cúcuta cuando cruzó la frontera. Allà se comunicaron con sus colegas venezolanos de la Organización Nacional Antidrogas (ONA), quienes la siguieron en su territorio durante la semana de Navidad. La esposa de Caballo era desconfiada y en algún momento sospechó de movimientos extraños y avisó a su esposo.
Caballo escapó en ese momento del apartamento en donde estaba, pero los venezolanos encontraron algo muy valioso: una foto suya. “Al igual que con MartÃn, de Caballo no tenÃamos fotos. Ya con esa imagen era más fácil poder identificarloâ€, dijo el investigador.
La esposa de Caballo regresó a Colombia en los primeros dÃas del año. Para ese momento, los analistas de Dipol sabÃan que este iba a oficinas de giros de dinero en dos centros comerciales en la ciudad de Acarigua. “A la mujer y a la amante siempre les ponÃa giros de dinero los viernes y los sábadosâ€, contó el analista. Con ese dato varios oficiales viajaron a esa ciudad y en colaboración con los agentes de la ONA montaron vigilancia en los centros comerciales. “Como ya habÃa una foto de Caballo ya no estábamos persiguiendo un fantasma. Ya tenÃamos un rostroâ€, afirmó el oficial.
A las3:00 de la tarde del pasado sábado 4 de febrero los oficiales colombianos vieron llegar a Caballo a la oficina de envÃos, junto con otro hombre que no reconocÃan. Ahà lo arrestaron a él y a su acompañante, que se hizo pasar por su conductor. Ninguno de los participantes en la operación sabÃa quien se trataba, en realidad, nada más y nada menos que de MartÃn Llanos. Solo dos dÃas más tarde, después de 48 horas de interrogatorio, confesó su verdadera identidad. El pasado jueves 9 los dos hermanos llegaron extraditados a Bogotá, donde, además de sendas condenas de 40 años de prisión, los esperan 11 procesos judiciales. Asà termina la saga de los jefes del último gran grupo paramilitar de Colombia.