Carlos Pizarro: Una vida asesinada en la primavera de la paz

Crédito: COLPRENSA - EL NUEVO DÍA
Este domingo se cumplen 30 años del crimen del candidato presidencial y exguerrillero del M-19, Carlos Pizarro Leongómez, abordo de un avión de Avianca cuando iba para Barranquilla a hacer campaña. Su crimen aún sigue en la impunidad
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Una de las páginas negras de la historia de Colombia fue en 1989 cuando el terrorismo golpeó muy fuerte al país. Y aunque para 1990, con el inicio de una nueva década, se esperaba dejar atrás esa estela de violencia y terror, no fue así. Dos candidatos presidenciales fueron asesinados en los primeros meses del año y todo indicaba que la Nación no iba a superar esta etapa.

El 22 de marzo de ese año, las balas del paramilitarismo le cegaron la vida al candidato presidencial Bernardo Jaramillo Ossa, el aspirante de la Unión Patriótica, que enarbolaba las banderas de la izquierda. Y un mes después, el turno fue para Carlos Pizarro Leongómez, quien murió tras ser atacado por un sicario en pleno vuelo de un avión de Avianca que cubría la ruta Bogotá-Barranquilla.

La mañana del 26 de abril, minutos antes de subir al avión que lo llevaría con destino a la costa, Pizarro era la noticia del día, ya que su nombre aparecía en las encuestas entre los candidatos presidenciales con mayor opción para ganar las elecciones del 26 de mayo, una consolidación que alcanzó tras liderar el último acto en armas de la guerrilla del M-19 el 3 de marzo de ese año en Santo Domingo, Cauca.

 

Siempre cercano a la revolución

Pizarro Leongómez nació en Cartagena el 6 de junio de 1951, en el hogar de Juan Antonio Pizarro, un ilustre almirante de la Armada Nacional, y de Margot Gómez. Aunque las armas del Estado parecían marcarle su destino, fueron las de la revolución las que le llevaron a fundamentar su vida. En 1969 ingresó a estudiar a la Universidad Javeriana, de la cual fue rápidamente expulsado por empezar a liderar ideas de izquierda y una huelga.

Luego ingresó a la Universidad Nacional, en donde lideró el movimiento estudiantil desde las Juventudes Comunistas de Colombia (Juco). Su paso definitivo a la insurgencia lo dio en 1972, cuando ingresó a la guerrilla de las Farc, en donde permaneció muy poco tiempo. En septiembre de 1973, junto a otros guerrilleros y líderes de izquierda, entre ellos Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Vera Grabe, Álvaro Fayad y Luis Otero Cifuentes, lideraron la consolidación del M-19, una insurgencia más urbana e intelectual.

Desde ese momento, Pizarro junto a Jaime Bateman se convierten en los hombres fuertes del M-19. De los golpes que se recuerdan de esa insurgencia estuvieron el robo de la espada del libertador Simón Bolívar, en 1972, y el robo de más de 5000 armas del Cantón Norte del Ejército Nacional en diciembre de 1978.

En 1979 fue detenido durante el gobierno del liberal Julio César Turbay, quien caracterizó su administración por el llamado Estatuto de Seguridad, la estrategia militar con la cual enfrentó a las guerrillas de las Farc y del M-19. Ya en el gobierno del conservador Belisario Betancur, que siempre buscó conseguir la paz, Pizarro quedó en libertad gracias a la amnistía que decretó para ese propósito.

Por unos años, Pizarro dejó de ser un referente de la insurgencia en el país, debido a su viaje a Cuba, en donde se afianzó políticamente en las ideas de izquierda. La comandancia del M-19 la asumió en 1983 cuando en un accidente de avioneta murió en Panamá Jaime Bateman Cayón.

La lucha por la paz, que fue su bandera hasta el día de su muerte, la demostró al coordinar la mesa de negociación que tuvo el M-19 con el gobierno de Betancur, sin embargo varios atentados a miembros del M-19, entre ellos uno a su compañera Laura García y la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, cerraron la posibilidad de paz en ese gobierno.

El holocausto al Poder Judicial fue el golpe con el cual se cayó el M-19, lo que llevó a Pizarro y la mayoría de sus hombres a replegarse a las montañas del Tolima y del Cauca, en estas últimas fue desde donde se ordenó el secuestro del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado en mayo de 1988, con quien pese a la retención lograron un intercambio importante de ideas para poder volver a pensar en conseguir la paz. En septiembre, el presidente Virgilio Barco abrió el paso a la negociación.

Pizarro lideró la misma. En un momento en el que el país era golpeado duramente por el terrorismo que comandaba el capo del narcotráfico Pablo Escobar, guerrilla y gobierno Barco avanzaron al punto que el 9 de marzo de 1990 se dio la desmovilización liderada por Carlos Pizarro.

El liderazgo al frente del M-19, la consolidación como referente de paz, su buena elocuencia al hablar y la creación de la Alianza Democrática M-19 como partido, llevaron a que Carlos Pizarro se convirtiera de inmediato en candidato presidencial, más porque con su nombre se estaba recogiendo el sentimiento político de otro sector de la izquierda que vio morir asesinado un mes atrás a Bernardo Jaramillo Ossa.

Rápidamente Pizarro consolidó su imagen, además de ser una figura atractiva que le llevó a que lo llamaran el ‘Comandante papito’, Pizarro cosechó muchas frases por la paz, una de ellas “Para que la vida no sea asesinada en primavera” y el eslogan de su campaña “Palabra que sí”, que la misma la acogió Antonio Navarro, quien asumió las banderas políticas tras su asesinato el 26 de abril.

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Su legado

Ese legado de paz lo recogió la Alianza Democrática, la cual junto a otros partidos y dirigentes políticos llegaron un año después, 1991, a la Asamblea Nacional Constituyente, que dio al nacimiento de la nueva Constitución Política. La AD M-19 fue el partido victorioso, eligió a 19 constituyentes, lo que le permitió dirigir a la misma con Antonio Navarro, junto al conservador Álvaro Gómez y el liberal Horacio Serpa Uribe, lo que se llamó ‘La troika’ de la política colombiana.

Las ideas de paz de Pizarro se mantuvieron por algunos años, pero su ideario fue perdiendo vigencia con el debilitamiento de ese partido, que rápidamente desapareció por lo que la mayoría de sus militantes pasaron a las filas del naciente Polo Democrático Independiente, que recogió incluso a sectores de la extrema izquierda que lideraba el Partido Comunista.

Sin embargo, el pensamiento de Pizarro lo mantuvo su hermano Eduardo Pizarro, quien lideró la Comisión Nacional de Reparación y Conciliación, además de ser hasta ahora una de las voces más válidas para hablar de paz en el país.

Pero fue su hija, María José Pizarro, quien años después se dedicó a reconstruir el legado de su padre cuando estuvo viviendo en España, y después a su regreso a Colombia cuando empezó a hacer política, en la izquierda, pero en esta ocasión al lado de un excompañero de Pizarro en el monte, Gustavo Petro Urrego.

En marzo de 2018 María José llegó al Congreso de la República en la lista a la Cámara de Representantes por la Colombia Humana, el partido de Petro, en el que él ha recogido algunas de las ideas que tuvo Pizarro hasta su muerte.

Hoy Pizarro, la representante, se ha convertido en uno de los referentes de la oposición colombiana al gobierno de Iván Duque, pero también en ser una de las voces que más trabaja por las víctimas de la violencia, como de los líderes sociales y derechos humanos, más de 300 que han muerto desde 2016, luego de que se firmó el proceso de paz con las Farc, que llevó a su desmovilización.

 

El proceso judicial

Al cumplirse los 30 años de su muerte, la familia Pizarro recuerda que los primeros años en búsqueda de justicia y verdad ante la jurisdicción penal interna no arrojaron mayores resultados. En 2002, doce años después del crimen, fueron condenados como reos ausentes los jefes paramilitares Carlos y Fidel Castaño, por su participación en la muerte, y en 2010 el homicidio se consideró como crimen de lesa humanidad, lo que lo hace imprescriptible.

“En 2013, en una abierta acción de encubrimiento del crimen, el arma asesina fue fundida por orden del fiscal encargado de su custodia, funcionario contra quien no se ha iniciado investigación alguna y en cambio fue nombrado en un cargo de mayor jerarquía en la Fiscalía General de la Nación”, dice su hija María José.

Hace cinco años, la investigación de la Fiscalía avanzó hasta vincular a exagentes del extinto DAS como responsables en el homicidio de Pizarro Leongómez; en 2017 la Fiscalía acusó a Jaime Ernesto Gómez Muñoz, exagente del DAS, que hiciera parte del esquema oficial de protección de Carlos Pizarro, de ser el coautor del magnicidio en una alianza criminal con otros actores.

Gómez fue quien el 26 de abril de 1990, en el avión, mató a alias Jerry, el sicario de Pizarro. La familia además señala que en el plan para matar al dirigente habrían participado otros exagentes del DAS de mayor jerarquía, como Manuel Antonio González Henríquez (exjefe de protección del DAS), Flavio Trujillo Valenzuela (exjefe de la sección de corporaciones públicas de la entidad), ambos vinculados a la investigación por indagatoria, y Miguel Alfredo Maza Márquez (exdirector del DAS), quien aún no ha sido vinculado a la investigación, a pesar de que contra él se compulsaran copias en 2016.

Hace un mes fue nuevamente relevado el fiscal a cargo de la investigación, por lo que se vuelve a demorar el desarrollo de la misma. La suerte judicial de Jaime Ernesto Gómez estaba por decidirse, pero el proceso penal fue suspendido por completo el pasado 23 de octubre de 2019, tras la manifestación de sometimiento voluntario del acusado a la JEP, en su calidad de agente del Estado no perteneciente a la fuerza pública.

“Desde entonces el caso del asesinato de Carlos Pizarro Leongómez se encuentra en una suerte de limbo jurídico, en el que la justicia penal ordinaria lo estima competencia exclusiva de la JEP y la Sala de Definición de Situaciones Jurídicas de esta jurisdicción no se pronuncia sobre su competencia. Si la JEP asume la competencia del caso, deberá desarrollar un proceso que garantice los derechos de las víctimas y de la sociedad colombiana a la justicia, a la reparación y a conocer de manera pronta la verdad sobre lo sucedido con uno de los líderes políticos más relevantes de la década de los 80 y comienzos de los 90”, concluye la representante a la Cámara.

Este domingo, cuando los seguidores de Carlos Pizarro conmemoren los 30 años de su partida, también recordaran esa frase que hizo célebre el día que como candidato presidencial le habló por la televisión nacional al país: “Que la vida no sea asesinada en primavera”.

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