Así se vivió el horror de las tomas guerrilleras en Puerto Saldaña

ARCHIVO - EL NUEVO DÍA
La Fiscalía presenta los detalles de los 27 asesinatos, incluidos niños, y los desplazamientos causados por unos 450 guerrilleros de las FARC en el caserío tolimense de Puerto Saldaña en abril de 2000.

La inspección de Puerto Saldaña (Rioblanco) era el último lugar que le faltaba a la guerrilla para consolidar su presencia en el Sur del Tolima y así tener un corredor desde el Pacífico caucano hasta los Llanos. Aprovechando que las autoridades habían dejado el lugar, el Secretariado de las FARC envió a uno de sus miembros, ‘Alfonso Cano’ a ejecutar durante un mes una cruenta toma para sacar de la población a paramilitares asentados en el lugar.

El cerco guerrillero inició de manera fallida el primero de abril del 2000 y terminó con una sangrienta retoma el 28 de ese mismo mes. La mayoría de habitantes huyeron, otros fueron retenidos y algunos pobladores que se negaron a dejar sus casas fueron masacrados por los guerrilleros que los señalaron de paramilitares.

Estos detalles han sido revelados en el último mes a la Fiscalía 23 de Justicia y Paz a través de los testimonios de 18 de los guerrilleros que estuvieron implicados en los ataques contra esta población habitada por unas 400 familias.

La toma a Puerto Saldaña, inspección de Rioblanco, había sido catalogada hasta el momento como una acción que sólo ocurrió entre el 1 y el 2 de abril de 2000, pero a través de la versión de los victimarios el ente acusador ha determinado que fueron varios los ataques sobre el caserío que terminaron a finales de abril dejando 27 personas muertas (entre ellas siete niños), cerca de 400 desplazados, unas 200 casas afectadas, y la escuela, el puesto de salud y los templos religiosos destruidos.

Los testimonios de los desmovilizados revelan por primera vez que se valieron de funcionarios y empleados de clínicas de municipios cercanos para atender a los combatientes heridos.

Las confesiones también muestran que las acciones más sangrientas se cometieron por las órdenes de un jefe del frente 21, quien al mando de un grupo de hombres masacró a familias enteras y quemó las fincas que encontró a su paso. 

Este hombre ha sido identificado como Tomás García Escobar, alias ‘El Indio Efraín’, un comandante guerrillero que apareció en todos los medios de comunicación en 2011, cuando fue detenido en Suárez, Cauca, en el bombardeo en el que murió Guillermo León Sáenz Vargas, más conocido por su nombre de guerra, ‘Alfonso Cano’.

García, natural del Tolima y que permanece detenido en una cárcel de Valledupar, fue señalado el día de su captura de haber realizado las labores de inteligencia para la fallida huida de ese comandante guerrillero por el Cauca y como el encargado de su seguridad.

El macabro plan

Según los guerrilleros desmovilizados, ‘Alfonso Cano’ fue el coordinador del Comando Conjunto Central y el representante del Secretariado de las FARC que presidió una reunión a principios de 2000, en la que todos los comandantes de la zona pasaron sus informes de 1999 (como el número de hombres, el número de bajas, la cantidad de dinero, y el estado de las fincas que poseía cada grupo en la región) y en la que se planeaban las acciones guerrilleras de ese año. Allí se incluyó la toma de Puerto Saldaña.

El encuentro se efectuó en el sitio conocido como La Hacienda, de la vereda San Miguel del municipio de Planadas, Tolima. Raúl Agudelo, alias ‘Olivo Saldaña’, es uno de los postulados que estuvo en esa reunión. Agudelo era el segundo al mando de la comisión Manuelita Sáenz, de la que dependían las finanzas del Comando Conjunto Central.

En la reunión se planeó que, antes de expulsar a sangre y fuego a los paramilitares de Puerto Saldaña, la guerrilla se tomaría el corregimiento de Santiago Pérez, ubicado en Ataco, Tolima. Este era otros de los bastiones que tenían los ‘paras’ en el sur del departamento, ya que los comunicaba desde Puerto Saldaña, pasando la cordillera central por Ataco y Coyaima, hasta la carretera Panamericana. 

La otra salida era a través de una carretera que cruzaba Rioblanco y Chaparral, la cual estaba controlada por la guerrilla.

La toma de Santiago Pérez al parecer no dejó ninguna víctima mortal, aunque la Fiscalía se encuentra todavía en el proceso de documentación de este hecho que ocurrió el 21 de enero de 2000.

Además de la importancia geográfica que significaba para las FARC controlar Puerto Saldaña, también había un factor histórico para tomarse el corregimiento. Desde la década del 50 se creó una división entre las guerrillas liberales: los ‘comunes’ y los ‘limpios’, estos grupos sostenían una confrontación armada en varias regiones del país, entre ellas el sur del Tolima.

Para la década siguiente los ‘comunes’ tenían como a uno de sus líderes en esa zona a Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez, quien le había declarado la guerra a los ‘limpios’, como los hermanos ‘Loaiza’ (al parecer primos suyos) y José María Oviedo, alias ‘Mariachi’. Los descendientes de estos últimos al parecer se habían quedado en la zona cercana a Puerto Saldaña, con el tiempo fueron apoyando al Ejército y se fueron armando como las primeras autodefensas que combatían la naciente guerrilla de las FARC.

La Fiscalía 23 ha documentado las tomas guerrilleras que se hicieron entre los 90 y la primera década de 2000 en el Tolima, y Puerto Saldaña aparece como la localidad con el mayor número de ataques, con cuatro. La primera toma registrada es del 6 de julio de 1999.

Los testimonios de habitantes del corregimiento recibidos por la Fiscalía muestran cómo las personas de apellido Caleño, señaladas de conformar grupos paramilitares en esa región, fueron siendo asesinadas y desplazadas en las diferentes tomas a Puerto Saldaña. Al parecer, estos ataques están relacionados con el hecho de que Ernesto Caleño Rubio, alias ‘Canario’, fue uno de los primeros integrantes de las autodefensas campesinas que se instalaron en Rioblanco. A partir de 1999, este mismo grupo buscó el apoyo de la Casa Castaño para conformar el Bloque Tolima.

Las funciones

El plan de Cano fue conocido sólo por los comandantes. A los guerrilleros ‘rasos’ únicamente se les entregaban órdenes precisas. De acuerdo con su formación participaron de la siguiente manera: unos eran enviados a los cerros que rodeaban Puerto Saldaña para impedir el aterrizaje de aeronaves; otros cumplían con el traslado de heridos a centros de salud de otros municipios o a “hospitales” improvisados; hubo encargados de surtir los explosivos para armar y lanzar los ‘cilindros bomba’; se crearon grupos de asalto para atacar directamente el casco urbano y asesinar a los presuntos paramilitares; otros guerrilleros hicieron retenes en las salidas del caserío para impedir la salida de los “paras” y el acceso de las autoridades.

La magnitud del ataque que había planeado la cúpula de las FARC para dominar el sur del Tolima obligó a que varios guerrilleros de departamentos cercanos, como Quindío, arribaran a la zona con municiones y se quedaran allí para combatir.

El cerco

Luego de tomarse Santiago Pérez, los subversivos comenzaron a hacer presencia en otras veredas de Ataco, Planadas y Rioblanco. 

Para los días previos a la toma ya tenían instalados varios retenes en las vías que conducían de Puerto Saldaña al municipio de Chaparral y al corregimiento de La Herrera. Los guerrilleros habían advertido a algunos pobladores que se “prepararan” para la toma. Desde ese momento muchos empezaron a abandonar sus casas.

En los días previos al primero de abril la única posibilidad que tenía la Fuerza Pública para llegar a la población era por vía aérea. Con este cerco las FARC también buscaba impedir la salida de los paramilitares y por ello identificaban a los pasajeros de todos los vehículos que salían, querían evitar que los ‘paras’ se infiltraran y huyeran.

Tres de los 18 postulados relataron cómo fue su participación en los días previos a los ataques. Los hombres fueron enviados desde el Quindío con cerca de 15 mil cartuchos para AK 47.

‘James’ y ‘Jairo’, guerrilleros del Frente 50 ‘Cacique Calarcá’, que combatía en el Quindío, confesaron que después de entregar los cartuchos a miembros del frente 21, participaron en uno de los retenes que se hicieron en la vía que de Puerto Saldaña conduce a Chaparral el 1 de abril.

‘Jaime’, quien se desempeñaba como enfermero, agregó que además de impedir la entrada de las autoridades, su grupo también contaba con una carga de explosivos que iba a ser instalada en un puente cercano al paso de algún vehículo de la Brigada VI del Ejército.

Los guerrilleros ya tenían listo el cerco contra los hombres de Norbey Ortiz Bermúdez, alias ‘Urabá’, el jefe paramilitar del Bloque Tolima en la zona contra el que iban dirigidos los ataques de las FARC. 

Retirada, repliegue y contraataque

Después del 2 de abril, cuando las autoridades llegaron a la zona, se realizó el levantamiento de siete cuerpos, al parecer los de los subversivos. Los reportes indican que tres de ellos fueron ubicados por la Policía, sin ser enterrados, y los demás fueron hallados por el Ejército en fosas comunes.

Versiones de los exguerrilleros apuntan a que el total de bajas para las FARC fue de 24. Los testimonios indican que entre los fallecidos estaban dos hombres importantes que llevaron a Alfonso Cano a alargar la toma a Puerto Saldaña por unos días más.

La moral de los guerrilleros bajó cuando fue asesinado el comandante militar alias ‘Alfredo’. Este hombre dirigía las Fuerzas Especiales del Comando Conjunto Central; era pieza clave para el grupo ilegal. Los subversivos han contado que su hermano intentó recuperar el cuerpo, pero también cayó en medio del fuego cruzado. El cadáver del jefe guerrillero sólo pudo ser recogido por sus compañeros en las horas de la noche, cuando los ataques eran menos fuertes.

Otra baja que le hizo cambiar los planes a Cano, fue la muerte del miliciano, José Abadía Ariza, alias ‘Mono Ariza’. Este hombre era quien  identificaba a los paramilitares de Puerto Saldaña. Distintas versiones apuntan a que Abadía permanecía en la vereda Berlín, de Ataco, y se tenía proyectado que para el momento en el que la guerrilla llegara al casco urbano de Puerto Saldaña,  sería el encargado de señalar a los ‘paras’.

Versiones de pobladores, autoridades y de medios locales apuntan a que la toma duró 32 horas. Al parecer los combates del 2 de abril fueron menos intensos. El Ejército había enviado para ese día el apoyo aéreo.Una de las estrategias que usaron los subversivos en los cerros fue la de hacer relevos en los puestos antiaéreos en los filos de La María y La Alsacia. Eran conjuntos de siete u ocho guerrilleros, cada grupo rotaba alrededor del filo o la montaña, mientras unos combatían frente al pueblo los otros estaban en los costados o en la parte trasera.

Los postulados que hicieron parte del grupo antiaéreo manifestaron que solamente hasta la noche del 2 de abril pudieron aterrizar los primeros helicópteros del Ejército para rescatar a los policías que estaban en el lugar.Los guerrilleros habían construido “casamatas” o trincheras adecuadas con un techo de ramas para camuflarse. Su función era la de disparar desde esos escondites, ubicados en la parte alta de la montaña, a cualquier aeronave que estuviera cerca. Algunos de esos puestos fueron destruidos en medio de los combates por lo que fueron abandonados en el momento en el que aterrizaban los militares. Los subversivos se resguardaron en la montaña, esperando que la Fuerza Pública saliera del caserío.

Para el 3 de abril, el Ejército ya tenía sus tropas asentadas en el casco urbano. Con la muerte de ‘Alfredo’ y el ‘Mono Ariza’, sumado a la presencia de la Fuerza Pública, las Farc tomaron la decisión de replegarse hacia las montañas y veredas vecinas. 

Los comandantes acordaron reunirse durante las próximas dos semanas para analizar la toma y planear una retoma.

¿Abandono?

Yolanda Prado Ruiz, fiscal 23 de Justicia y Paz, explica que “ese círculo sobre Puerto Saldaña se expande a otras veredas vecinas, sin desproteger esa inspección, para seguir cumpliendo su objetivo. Unas personas fueron retiradas momentáneamente para cuidar otros lugares. 

Ellos esperaban la salida del Ejército, que no permaneció más de una semana en este sector, debido al abandono de casi todos los habitantes de Puerto Saldaña”.

El 8 de abril, el Ejército salió del corregimiento y evacuó a los 15 policías. El 9 de abril algunos pobladores pudieron regresar a sus casas para llevarse algunos objetos de valor. A la salida se encontraron con los retenes ilegales que las FARC ubicaban­ en las dos vías principales del pueblo. Puerto Saldaña se quedó así sin ninguna autoridad.

El magistrado del Tribunal de Justicia y Paz, José Manuel Bernal Parra, preguntó durante una audiencia que se realizó el pasado 24 de junio si se había investigado la actuación de la Fuerza Pública, teniendo en cuenta que días después de su partida, figuran más personas en la zona muertas a manos de las FARC que las que se habían registrado durante los dos primeros días de abril. La magistratura solicitó una compulsa de copias por este hecho.

La Fiscalía respondió que aún falta por recibir más documentación de la Fuerza Pública para investigar a fondo lo que sucedió realmente durante la retoma del 28 de abril.

La violencia del ‘Indio Efraín’

A pesar del terror de los primeros días de la toma, algunos habitantes se negaban a dejar sus casas. “Unos manifestaron que no se iban de allí porque no eran guerrilleros o porque no debían nada”, comentó uno de los postulados.

Antes de comenzar de nuevo los ataques sobre Puerto Saldaña, las FARC tenían planeado “advertir” a la población y contar con su apoyo a través de los “conciliadores” o guerrilleros encargados de hacer el “movimiento de masas”. Al postulado ‘Juan Carlos’ se le ordenó esta tarea para la toma del 27 y 28 de abril. El exguerrillero le avisó a los pobladores que habría un ataque y que necesitaba que ellos estuvieran dispuestos a colaborar en la compra de medicamentos.

La violencia de la retoma se concentró sobre las veredas que quedaban entre Rioblanco y Puerto Saldaña. Desde el 25 de abril cuatro grupos del frente 21 se dirigieron a ese sector. A estas unidades se les había encargado durante la toma hostigar el casco urbano del caserío, pero debido a que esta misión no había sido cumplida se les ordenó ir a la zona rural.

El nuevo plan de las FARC era el de ubicar los otros frentes y columnas en los alrededores de la cabecera de Puerto Saldaña y el 27 de abril comenzar los hostigamientos contra los paramilitares que permanecían atrincherados allí. Mientras tanto a otros guerrilleros del frente 21, entre ellos el ‘Indio Efraín’, se les ordenó atacar de forma indiscriminada a los pobladores de las veredas, porque supuestamente eran auxiliadores de los ‘paras’.

Alias ‘Jairo’, exintegrante del frente 21, es el único postulado que estuvo presente durante todo el mes de abril y dijo que el ‘Indio Efraín’ dio la orden de “asesinar a los que se encontraran por ahí en las casas, requisarlas y meterles candela”.

El primer homicidio que tiene documentado la Fiscalía durante la retoma es el de Guillermo Sánchez Cerquera, quien salió de su finca Los Mandarinos, de la vereda San Isidro, de Planadas. El hombre de 37 años salió en horas de la mañana a lavar un café. A las 8 a.m. uno de sus familiares escuchó unos disparos y luego vio a la guerrilla.

Más acciones

Un grupo de seis guerrilleros retuvo después a un hombre, a su esposa y a su hijo menor de edad que transitaban por la carretera de la vereda El Placer, de Rioblanco. Uno de los hombres apartó del grupo al esposo, identificado como Israel Marín Sánchez. Los guerrilleros le ordenaron a la mujer y al niño que se fueran. Marín, de 38 años, fue asesinado con tiros de fusil en el borde de la carretera.

En esa misma vereda, El ‘Indio Efraín’ y sus hombres llegaron a la finca Los Alpes, que estaba habitada por un hombre, su dos hijos, su nuera y dos nietos de cuatro y siete años de edad.

‘Jairo’ relató en una de sus versiones que “fue duro (recibir la orden del ‘Indio Efraín) por que había menores de edad que no tenían nada que ver con el conflicto”. El exguerrillero comentó que cuando arriban a la finca Los Alpes, el comandante guerrillero “ya viene con más odio, no sé cuál sería el odio”.

Los subversivos, armados con fusiles AK 47, ingresaron a la vivienda, hicieron una requisa y llevaron a la familia hasta el patio. El hombre de 53 años, identificado como Arnoldo Garzón Javela, fue separado del grupo y llevado afuera de la propiedad donde fue asesinado. 

‘Jairo’ recuerda que a él le dieron la orden de asesinar al resto de la familia junto con los guerrilleros ‘Mac Gyver’, ‘Luciano’ y ‘Trujillo’. La distancia que tenía de sus víctimas era de unos 50 centímetros. “Las personas se hacen tirar al piso, la distancia entre cuerpo y cuerpo era de unos 60 centímetros. Unos lloraban y otros gritaban que no los mataran”.

Las otras víctimas fueron identificadas como Norvey Garzón Ocampo (26 años), Yuliana Garzón Ocampo (17), Argenis Avilez (27), Yesica Alejandra Garzón Avilez (7) y Jan Carlos Garzón Avilez (4).

Otra de las familias masacradas entre el 25 y 28 de abril fue la de los Verano Téllez. Los guerrilleros le habían pedido a la familia que abandonara la propiedad. Ante la negativa, asesinaron a los esposos Aidée Gómez Lozano (20 años y en estado de embarazo) y Wilson Verano Téllez (30 años); y la menor Elena Patricia Verano Téllez (17). Antes de cometer el homicidio, los guerrilleros le habían pedido a la madre de una de las víctimas, que se llevara a sus cuatro nietos de 18 meses, tres, seis y siete años de edad.

El último asesinato múltiple registrado por la Fiscalía es el de Alfonso Marín Sánchez (59 años), y su hijos Didier (15) y Héctor Fabio Marín Sanabria (23).

Aunque existen los registros de la muerte y se han podido identificar las víctimas, la Fiscalía aún no tiene conocimiento de las circunstancias en las que fueron asesinados Fenibal Pérez ( 64 años) y su hijo Ferney Pérez Conde (17); José Ignacio Ruiz Rubio (71); Célico Lozano Rojas (49); Fabián Morales (28); Leonardo Dagua y Juan Carlos Guzmán.

Los interrogantes

Los reportes finales de las autoridades indican que durante todo el mes los ataques dejaron 38 casas destruidas, 145 dañadas y 24 incineradas. La Fiscalía tiene un reporte consolidado de 394 desplazados, de los cuales 191 eran niños y 11 adolescentes.

Un informe de la Gobernación del Tolima calcula que durante los combates los cerca de mil personas de Puerto Saldaña se desplazaron. Los reportes de Acción Social indicaban para septiembre de 2012 que “la toma afectó igualmente a las veredas La Cumbre, El Placer, La Ocasión, San Isidro y El Edén. Unas 400 familias lo abandonaron todo”. 

Los testimonios de las víctimas apuntan a que los pobladores de las veredas regresaron después del 1 de mayo a sus fincas. Algunos han dicho que se dieron cuenta de los asesinatos, al ver las bandadas de gallinazos volando en círculos sobre los cerros. Las personas asesinadas y las familias masacradas fueron enterradas en sus mismas parcelas por sus vecinos. La presencia que mantenía las FARC en la zona les impidió a los pobladores movilizarse para realizar las honras fúnebres.

Hasta ahora la guerrilla sigue ejerciendo el mismo control sobre Puerto Saldaña y sus alrededores. La misma Fiscalía no ha podido ingresar al casco urbano de Puerto Saldaña y las jornadas de víctimas se han efectuado en la cabecera municipal de Rioblanco, donde no todos los afectados de la toma han podido viajar.

El ente investigador se encuentra recibiendo más testimonios de las víctimas y de los paramilitares que estuvieron en los combates y que se han desmovilizado, para tener una versión más completa de lo sucedido.
En la reconstrucción de la toma de Puerto Saldaña aún hay varios interrogantes: ¿cuándo pudo cumplir las FARC su objetivo de tomarse el casco urbano y sacar a los paramilitares del lugar? ¿cuál es el número real de fallecidos, heridos y desplazados? ¿qué otros motivos tuvo las FARC para atacar a la población? ¿qué llevó a la guerrilla a asesinar a mujeres embarazadas y niños? ¿por qué el Ejército y la Policía abandonaron a los pobladores.

La incursión

El primero de abril a las 5:30 a.m. los guerrilleros comenzaron a hostigar la población con disparos y cilindros bomba. En los primeros ataques fue asesinado el agente de la Policía Nilson Rocha Caicedo, quien se encontraba en una de las trincheras a las afueras del pueblo.

Aunque aún no ha sido confirmado por la Fiscalía, los paramilitares estaban atrincherados en un búnker que al parecer habían construido en el casco urbano de la población y que estaría construido para soportar los impactos de los explosivos.

Mientras tanto 15 policías repelían los ataques. Hacía las 7 p.m. los ataques habían bajado su intensidad.Los reportes del primer día de la toma indican que hubo tres civiles y siete guerrilleros muertos (de los civiles uno era menor de edad y de los subversivos dos eran mujeres, una de ellas menor). 

Ocho personas aparecen registradas con heridas de consideración por esquirlas, tres de ellas eran menores de edad.

Los pobladores asesinados fueron José Audoro Galicia Cabrera, Misael Leyton Palomino y José Lídimo Bernate (17 años). Por su parte, el ex paramilitar ‘Urabá’ ha reconocido en algunas versiones libres ante los fiscales de Justicia y Paz que algunos de los fallecidos y heridos pertenecían a su grupo.

‘Jaime’ y ‘Jairo’ confesaron que en el retén en el que se encontraban fueron asesinados el 1 de abril dos hombres identificados como Carlos Antonio Sáenz Mendoza y Enalver Leyton Bedoya. La víctimas fueron bajadas de un bus y asesinadas. Al parecer a uno de ellos lo mataron porque iba borracho y llevaba puestas unas botas militares.

Guillermo Vanegas Neira, inspector de Policía de Puerto Saldaña, reportó por esos días que tres de estas personas yacían a la intemperie por el sector del cementerio. El informe añade que a estos cuerpos no se les practicó la necropsia porque el único médico de la población “estaba muy ocupado atendiendo a los heridos”.

Aliados en las clínicas

Las FARC contaban en cada uno de sus frentes con hospitales móviles en las veredas cercanas y enfermeros dispuestos a ofrecer los primeros auxilios a los heridos. Sin embargo, los postulados han relatado que antes de la toma se acordó el traslado de combatientes a Planadas. 

Allí al parecer tenían el apoyo del gerente del hospital y de dos médicos (uno de ellos proveniente de Bogotá). Presuntamente también contaban con el aval del gerente de la EPS Asmedsalud de ese mismo municipio.

Los guerrilleros además se valieron de una ambulancia robada en La Herrera. Los que eran trasladados se cambiaban sus nombres y usaban carné del Sisbén de otras personas. Dependiendo de la gravedad podían ser trasladados también al hospital de Neiva.

Credito
VERDADABIERTA.COM

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