“En 1985 lo que estalló fue una guerra sucia en el Palacio de Justicia”

Crédito: Archivo - EL NUEVO DÍASe eliminó una rama del poder con los hechos acontecidos en el Palacio de Justicia.
Treinta y cinco años después se sabe que se hicieron exámenes a las armas del M-19 y no a las del Ejército, lo cual es una forma de encubrimiento.
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Seis meses después de la Toma del Palacio del Justicia, la periodista colombo-irlandesa, Ana Carrigan, inició una ambiciosa investigación que en una primera etapa se convirtió en el libro  ‘El Palacio de Justicia: Una tragedia colombiana”, producto de los primeros siete años de investigación.

Por su trabajo y descendencia, la primera edición de su investigación fue en inglés en 1993, esperando que muy rápidamente saldría la edición en español. Solo hasta el 2010, 25 años después del hecho y 17 de la edición en inglés, tuvo su primera edición en español y limitada.

Es la primera gran inquietud que se genera, por qué tomó tanto tiempo en editarse una obra de investigación de esta magnitud, que en su momento, fue rechazada pese a documentación minuciosa, pero que iba en contra de la verdad oficial.

Un trabajo de investigación en medio del miedo y terror que había en torno al tema, donde muchos preferían el silencio para poder sobrevivir, en las que Ana Carrigan se encontró con muchas personas anónimas que corrieron grandes riesgos para ayudarle a escribir este libro, que tomó 25 años para llegar a los lectores en español.

“En 1985 lo que estalló fue una guerra sucia en el interior del Palacio de Justicia. Más de 300 civiles, incluyendo miembros de la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado y su personal, quedaron atrapados entre los tanques del Ejército colombiano y las armas del M-19. Muchos allí murieron, otros fueron desaparecidos”, así lo recuerda Ana Carrigan, autora de esta interminable investigación.

En esta nueva edición recuerda al público tres aspectos profundamente importantes de la tragedia, que hoy tienen una resonancia más amplia.

“El libro honra a las mujeres y hombres que murieron y a quienes sobrevivieron a los trágicos eventos. El Gobierno se negó a negociar y por lo tanto a proteger a los civiles y a los jueces. Al no hacer nada, entregó a los generales el mando de las fuerzas armadas para control total de la situación. Tras los hechos, vino el posterior encubrimiento y la complicidad de quienes ocultaron las pruebas”, comentó la autora.

Es así, 35 años después, la reedición tiene el propósito primordial de rescatar la reputación de las víctimas de las mentiras que difundieron sobre ellas, “intenta sentar las bases para futuras investigaciones y al hacerlo, ayudar a hacer justicia y a sanar las heridas de esta herida perdurable”, continuó su autora.

Fue en mayo de 1986 que inició esta investigación, sin expectativas sobre las historias que la acompañaran durante más de tres décadas. “Muchas de las preguntas que formulé para la edición de 1993, aún estaban vigentes en su momento de su publicación en español en 2010. Hoy, 35 años después, muchas de ellas aún siguen sin respuesta”, afirmó.

 

Del duelo a la separación

A Gabriel Andrade Sulbarn le arrebataron el derecho al duelo por décadas. Cuando tenía 18 años, desde su casa en los cerros de Bogotá alcanzó a escuchar las explosiones que ocurrían en la Plaza de Bolívar de Bogotá.

Dos días más tarde de las 27 horas en las que se desarrolló la Toma del Palacio de Justicia, mientras que la televisión del momento transmitía un partido de fútbol, las autoridades confirmaban la muerte de su papá. “Cada vez que viajaba a Barranquilla, donde lo sepultamos y retornamos a Bogotá, visitaba la tumba, hasta que me dijeron que yo no estaba visitando a mi padre sino a Héctor Jaime. Esto ocurrió hace poco más de tres años”.

Y agregó, “Hasta ese momento me había documentado sobre quiénes habían sido los actores de los hechos, generando una tesis muy básica donde hubo un autor eficiente y un autor sobreviviente, pero sigo averiguando”.

Para Rafael Barrios, abogado de varias de las víctimas del hecho, la investigación de Ana Carrigan es muy puntual en cada uno de los temas que trata, “Ana habla del tema de la balística, de las armas, que únicamente le hicieron ese examen a las armas del M-19 y no a las del Ejército, lo cual es una forma de encubrimiento”.

Pero continúa la incertidumbre, por qué una investigación de esta magnitud solo fue publicada 25 años después en español, al no hacer parte de la verdad oficial, la misma que por años, encubrió muchas de las verdades que hoy se conocen.

Para Gabriel Andrade Sulbarn, es asombroso el nivel de detalle que presenta el libro, “donde cada una de las afirmaciones presentadas llega sustentada con documentos”.

“Habla de ese pacto de silencio de la prensa y del establecimiento para ocultarlo todo. En 1993 cuando salió el libro en inglés, allí estaban los documentos, las pruebas, los testimonios y la gente conocía los videos, y la justicia no hizo nada”, comentó Rafael quien asegura que en este caso la impunidad puede llegar al 99%, al tener como único condenado el General Arias Cabrales, que está en libertad, porque hay que entender que hay una Justicia Especial para la Paz, él se sometió a ella después de la Condena de la Corte.

Pese al paso de los años, esperan tener tanto justicia como verdad. “Las versiones mentirosas para salvar la cara de una persona o un grupo, ha hecho tanto daño, que eso ha causado más muertes, más amenazas, más ganas de silenciar, que el hecho mismo trágico”, comentó la periodista María Teresa Ronderos.

Y agregó: “En Colombia, una y otra vez, sacrificamos a las personas en búsqueda de salvar las instituciones. En aquella época se decía y se repetía que no se puede negociar porque eso sería sacrificar la justicia, cuando eran las personas que hacían parte del tejido de nuestra justicia las que estaban en riesgo”.

Toma al Palacio de Justicia

Tres horas después

Para la reconocida periodista, el Estado colombiano siempre sacrifica a quienes defienden el Estado de Derecho. “Los magistrados eran amenazados por los narcotraficantes o presionados por los corruptos, y esa era una Corte admirable, pero el Estado, en vez de apoyarlos los abandonó. Hoy en día los líderes sociales en las regiones los están matando y ellos están defendiendo el Estado de derecho y son abandonados”.

Y continuó: “Hay unos hilos que salen del Palacio de Justicia y que Ana, con una gran lucidez, presenta. Por eso, siempre terminamos volviendo a las cosas de la guerra, sin saber bien por qué se está reproduciendo esta guerra”.

También aseguró, que dentro de las conclusiones que deja la investigación de Ana Carrigan, los miembros del M-19 también tenían la posibilidad de parar, “a las tres horas de la toma ellos ya sabían de su derrota y que no saldrían de allí”.

Según Gabriel Andrade Sulbarn, “No podemos pensar que hay crímenes de lesa humanidad buenos y crímenes de lesa humanidad malos, porque si seguimos con esa retórica tenebrosa y macabra, lo único que va a suceder es que a las víctimas, entre otras cosas, se les siga usurpando su opinión y menoscabando su condición”.

Y finalizó: “Debemos hablar de la justicia y la verdad de manera integral, caiga quien caiga, porque hay que precisar que la Toma del Palacio de Justicia, desde el punto de vista humano, fueron muchas personas las que masacraron, pero desde el puto de vista institucional, fue la eliminación material de una rama del poder público. Buena parte de lo que está sucediendo con la justicia hoy, empezó el 6 de noviembre de 1985. Desde ahí se ha degradado el prestigio, se ha degradado, la administración de justicia, ha habido tanto activismo judicial”.

BOGOTÁ, COLPRENSA

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