¡Contraste de sabores! Así le fue a una brasileña probando comida en Ibagué

Ana Lucia Alves Da Silva degustando la tradicional salchipapa.
Crédito: Lorena Mendieta / El Nuevo Día.Ana Lucia Alves Da Silva degustando la tradicional salchipapa.
Ana Lucia Alves Da Silva es una joven carioca, quien reside en Ibagué desde el año 2006.
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Ana Lucía conoció a Edwin, un policía tolimense, en la playa de Botafogo, ubicada en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil. Su acento extranjero llamó su atención, a tal punto de casarse con él en el año 2006.

La boda se realizó en el municipio de Alvarado ubicado a 20 minutos de la capital musical. La novia anhelaba que los invitados a su matrimonio se degustaran con un amplio buffet, ya que en Río el 90% de los restaurantes maneja este método europeo, sin embargo, el evento se festejó con el lechón más grande y gordo.

“Con un buffet habrían quedado con hambre, porque eso es muy poquito”, afirmó Edwin. 

La lechona fue el centro de atención esa noche. Todos repitieron y pidieron doble garra e incluso empacaron el fiambre para el día siguiente, dado que sería clave para el famoso “desenguayabe”. Todo esto era, por lejos, extraño para la joven brasileña.

 

Lorena Mendieta / El Nuevo Día.

 

Al día siguiente de su boda, como se acostumbra en un caluroso domingo en la región, era día de río o mejor conocido como “paseo de olla”. 

El ahora su esposo no le permitió ponerse su habitual y diminuto traje de baño que acentuaba sus caderas, tal y como solía hacerlo en las playas de Brasil, sino que fue reemplazado por una blusa corta y unos shorts de tela con el fin de no llamar tanto la atención de los hombres que se encontraban sentados a la orilla de la corriente. 

El aroma del sancocho de gallina a leña la cautivó, pero la recién casada no dejaba de pensar en su familia. Probablemente, sus allegados se encontraban frente a la barbacoa  y su padre en el asador adobando con sal, pimentón dulce, orégano, pimienta negra y comino molido los tres tipos de carne tradicionales: res, cerdo y chorizo. Su mamá, por su parte, en la cocina junto a su tía preparando los frijoles y la ensalada de patatas como guarniciones. Todo a base de ajo, como buena comida brasileña.

 

Lorena Mendieta / El Nuevo Día.

 

“Hay pocas cosas en Colombia que no se encuentran en mi país como por ejemplo la cebolla larga, pues no se cultiva en Brasil. A pesar de esto, hay algo similar llamado cebolinha, que para ustedes seria cebolleta; esta es muy inferior en el tamaño”, puntualiza Ana.

Ella es consciente de que muchas de las frutas con las cuales evoca su crianza no están presentes en esta región de Colombia, ni en ninguna otra porque simplemente no se cultivan. El maxixe, el xuxu, la mandioquiña, el quiabo y la abobrinha son algunas de las verduras que no se encuentran en Tolima, lo que le impide la preparación de los platos típicos de su cultura. 

Otra de las grandes diferencias que ha notado Ana durante su estadía en Ibagué es cuando se antoja de palomitas de maíz, debido a que en Rio de Janeiro es normal encontrar puestos de crispetas en cada esquina. Caso contrario a lo que sucede en Colombia, en donde si se desea comer este producto se tienen dos opciones: estar en un cine o ir a un supermercado a comprar un paquete para preparar de forma casera en una olla o en microondas. 

 

Pixabay / El Nuevo Día.

 

“La calle, con todos sus problemas y peligros, fue vista como un espacio de libertad, oportunidades y ganancias en Brasil […] Mucha magia y calidad puede verse en cada una de las deliciosas presentaciones que se ofrecen de modo sencillo y práctico a la orilla de una carretera”, explica la joven brasileña.

Ana no ha regresado a Brasil desde hace 15 años, pero aún reflexiona sobre cómo la cultura gastronómica puede variar según el país en que te encuentres. Para darse a entender propone el ejemplo de un perro caliente:

“El perro caliente carioca es mojado y tiene mucha preparación, ya que la salchicha es cocinada con un guiso, el cual, posteriormente, se aplica sobre el pan. A su vez, incluye bastante ajo, cebolla y tomate. Sobre éstos ingredientes va el queso salado queijo coalho, papitas en trozos, maíz tierno, arveja cocinada y huevos de codorniz; en cambio, el que se come en Ibagué es seco y muy sencillo, dado que solo incluye una salchicha, queso mozzarella rallado, papitas ripio y salsas”, confiesa la carioca. 

En Río un perro caliente de estas características cuesta unos $2.000 pesos colombianos. El que venden en Tolima, inclusive con menos ingredientes, puede costar hasta $7.000 pesos. Esto se debe al precio de la salchicha, puesto que en Brasil los embutidos son sumamente económicos. 

 

Lorena Mendieta / El Nuevo Día.

 

Las empanadas tolimenses, por su parte, también presentan grandes diferencias en comparación con las brasileñas. Las empanadas en Río de Janeiro se denominan salgadinhos (salados en español): una masa de harina de trigo en forma de gota de agua, que viene rellena de las mejores carnes o mariscos y es acompañada por un huevo revuelto. Al final se frita para que su consistencia sea apanada.

En la cocina brasileña es frecuente que se empleen diferentes sabores, texturas y colores para elaborar los platos. Por lo general, se basan en criterios artísticos de armonía y contraste para su realización. A pesar del choque cultural, la carioca se ha convertido en una cocinera inaudible de empanadas, pues logró contrastar la gastronomía brasileña y la colombiana.  

Incluso ha llegado a participar en bazares en el colegio de su hija, en donde ha sido aplaudida por su familia y las personas asistentes. Fruto de su matrimonio nacieron sus tres hijos: Lucia, Edwin Junior y Sofía, sin embargo, ellos solo conocen los olores, las texturas y los sabores que les ofrece la comida típica tolimense. 

 

LORENA MENDIETA

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