Murió Jean Luc Godard: un genio que revolucionó el cine

Crédito: Suministrada / EL NUEVO DÍA
La noticia de la muerte del director sacudió el mundo del cine. Uno de los primeros en lamentar el hecho fue el presidente Macron.
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Vamos por partes: la muerte del director francés Jean Luc Godard significa para el mundo del cine lo mismo que significará para la industria musical la muerte de Paul McCartney o de Mick Jagger. La dimensión de la pérdida la deja entrever el trino con el que el presidente Emmanuel Macron confirmó la noticia en un primer momento dada por el diario Liberatión: “Perdemos un tesoro nacional, una mirada de genio”.

Aunque en tiempos de redes sociales la palabra de emplee con excesiva frecuencia, Godard sí fue un genio: junto a sus compañeros de la Nueva Ola —Nouvelle vague— le dio a mediados de los sesenta un nuevos aires al cine. Supo leer la efervescencia de los convulsos años de la contracultura y llevarlos a la pantalla grande.

En 1960, con el estreno de Sin aliento Godard pateó el tablero: la película –por su montaje e historia– transpira la irreverencia y la juventud que marcaría esa década. El relato –pensado por otro artista del celuloide, François Truffaut– sigue los pasos de un delincuente de poca monta, encarnado por Jean Paul Belmondo.

El amor y el azar le tuercen los planes al buscavidas –termina por matar a un agente de tránsito– en uno de los giros trágicos de los héroes de los sesenta. El filme deja en evidencia lo estrecha que le resultó a la generación nacida en los cuarenta la vida burguesa de sus padres y ancestros. Con este filme, Jean Luc ganó el Oso de Plata a la mejor dirección del Festival de Cine del Berlín.

Ese mismo año filmó El Soldadito, protagonizado por la que sería su esposa y musa durante varios años, la actriz Anna Karina. En 1968, después de apoyar con entusiasmo las manifestaciones del mayo francés, filmó Sympathy for the Devil, un documental en el que intercala imágenes de The Rolling Stone en el estudio de grabación con fragmentos de discursos políticos. La obra equipara al arte con la política, confiriéndole a la revolución un elemento estético.

El cine de Godard escapa a las etiquetas: rodó películas de aparente ciencia ficción –Alphaville, por la que ganó el Oso de Oro a la mejor película en el Festival de Berlín en 1965–, sátiras a los valores de la burguesía –Week-end– y documentales líricos en los que la reflexión es más importante que la anécdota –Adieu au Language, ganadora en 2014 del premio del Jurado del Festival de Cannes–. Su obra sobrepasa los cien títulos y tiene una enorme variedad de registros y temáticas, la mayoría de ellas muy intelectuales y librescas.

También publicó varias compilaciones de entrevistas y ensayos sobre el oficio del cine, además de los guiones de sus películas. Jean-Luc Godard por Jean-Luc Godard es una antología publicada en los setenta mientras Jean-Luc Godard: pensar entre imágenes: conversaciones, entrevistas, presentaciones y otros fragmentos es el más reciente título editado en castellano.

En efecto, con el fallecimiento de Godard se cierra uno de los capítulos más vitales del cine europeo, el de una hornada de directores que quiso llevar el vitalismo de las calles y las ciudades a la pantalla grande. Sus obras marcan un parteaguas en la historia de la cinefilia.

 

Vanguardia/EL NUEVO DÍA

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