Mujeres que a través del diálogo hacen justicia en Tumaco

Crédito: Colprensa / EL NUEVO DÍA
En una ciudad que ha sufrido por largo tiempo los estragos del conflicto, el narcotráfico y la presencia de grupos armados ilegales, pequeñas controversias cotidianas como un equipo de sonido a un volumen demasiado alto o una filtración de agua a través de un muro, pueden terminar en actos de violencia.
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Para muchas personas, que no conocen otra forma de justicia, recurrir a los “muchachos” de uno u otro bando para que les “resuelvan” el conflicto, puede terminar convertida en una opción, sin medir muy bien las consecuencias que eso trae. Por ese motivo, desde 2004 fue fundada en Tumaco la Casa de Justicia, un lugar en donde es posible resolver de manera ágil y pacífica las controversias que, como en cualquier ciudad, pueden surgir entre vecinos.

Lo que más llama la atención en esta Casa es que la mayoría de las encargadas de administrar justicia son mujeres.

La justicia que administran no es la de un juez con toga, que resuelve los casos con base en los códigos, sino la de otra habitante más de Tumaco, que con sentido común y mucha paciencia, es capaz de escuchar a ambas partes y ayudarles a ponerse de acuerdo.

“Cuando la gente empezó a acudir a la Casa de Justicia a solicitar los servicios se dio cuenta de que era más rápido que la justicia ordinaria y el trato era bueno y todo era gratis. Ahí en la Casa de Justicia lo único que vendemos es buen trato”, dice Ruby Delly Mercado Suárez, quien participó en la construcción de la Casa de Justicia y desde hace año y medio es su coordinadora.

Estas son las historias de los casos que tienen que enfrentar a diario, contadas por ellas.

Matilde Manci Ortiz - Inspectora de Policía

Fue un caso que me dio mucha alegría que por fin resolviéramos. Era un depósito de cemento que estaba haciéndole perjuicio al vecino por el polvillo de esas partículas del cemento, pero eso se mezcló con ciertas situaciones, la ocupación del espacio público y otra cantidad de cosas. El querellante es un señor de sesenta y pico de años que es bien acucioso y hubo un momento en que el querellado se salió de casillas, se paró, pegó un grito, manoteó y le dijo: “Ya me tiene cansado”. Me tocó entrar a poner orden, recordarles el respeto que se merecen ambas partes y ahí ya se bajaron.

“Pero mire, doctora, es que él me exaspera”, me decía el otro, pero logramos que los ánimos se calmaran. Mire que era un proceso bien duro, que yo decía Dios mío, cómo logro solucionarlo sin que ninguna de las partes se perjudique porque en últimas a mí, ¿sabe qué me tocaba? Ordenar el cierre definitivo de ese establecimiento por el daño a la salud que estaba generando y se logró que se mantuviera abierto, pero que cumpliera con unos requisitos que no los daba yo, sino la Secretaría de Salud. El querellado cumplió las recomendaciones y en mi despacho, parte y contraparte se dieron la mano. Hasta tanto el querellado siga cumpliendo con las condiciones que se pusieron ya el conflicto quedó resuelto.

Rossana del Castillo - Abogada

Era una joven de 17 años con Párkinson que estaba prácticamente secuestrada por el esposo. La tenía encerrada con su hijo de cuatro años porque el señor no sabía qué tenía y creía que estaba embrujada. La tenía en una parte bien lejana. Estaba sucia y maltratada. La mujer se escapó de ese encierro y salió corriendo a las calles. Unas niñas de una organización la recogieron, pero no sabían qué hacer porque no la podían tener. Se acercaron a la Comisaría de Familia para ver qué hacían. Lo primero que hicimos fue llevarla al médico. Encontraron que tenía una enfermedad que nunca le trataron. No era de Tumaco, sino de Pereira, y no tenía familia. Le preguntaban por familiares y decía que venía del Instituto de Bienestar Familiar. Llegó pesando 33 kilos y el niño estaba muy desnutrido.

El hospital no quería atenderla porque no tenía Sisben, entonces la Comisaría peleó y peleó hasta que la atendieron. La tuvieron hospitalizada 3 días, pero después de eso dijeron que ya tenían que sacarla. Por primera vez en Tumaco, la Comisaría dictó una resolución de protección. La Policía y la Fiscalía capturaron al señor, al niño lo llevaron al Bienestar Familiar porque la señora tampoco tenía capacidad mental para tenerlo. No sabía dónde estaba ni con quién estaba, porque estuvo mucho tiempo encerrada. La Casa de Justicia y la Alcaldía recolectaron plata para que le dieran un hospedaje a la señora mientras se resolvía por ley lo que le correspondería. Estuvo en un hotel como una semana y la EPS respondió como por 6 meses, pero no bastaba con el hospedaje, el transporte y la alimentación. Ella necesitaba una vida digna, trabajar y poder defenderse. Se logró que la enviaran a Pasto, allá la mandaron a una casa de mujeres, donde la señora está trabajando, está recibiendo sus medicamentos completos y está bien. Ya quiere venir a Tumaco por el menor.

Leticia Estacio Riascos - Conciliadora en equidad

Era un viernes, más o menos a las 4:30 ó 5:00. Mandamos una citación porque una vecina amenazó a otra porque sus hijos se habían peleado. “Esto se salió de las manos” y “vamos a ver quién es quién”, fueron las frases que se dijeron. La señora se fue con la citación y volvió a la media hora: “Me rompió la citación y la tiró al mar”. Le dije: “Deje eso tranquilo. Mañana a las 8:00 en punto estoy en su casa”. Llevé nuevamente la citación, pero la señora no quería salir de la casa. Llegué con mi chalequito de conciliadora, golpee y me salió una señora mayor. Me dijo: “Ella no está”, aunque estaba en la habitación. Le conté lo que pasó y le dije: “Mire, los niños hoy están de enemigos y más ratico están de amigos. Ustedes no pueden terminar así como mujeres adultas que son”. 

La mujer mayor me dijo. “Si, eso le estoy diciendo a ella”. Y la hizo salir aunque había dicho que no estaba. Cuando salió, le dije a la señora: “Venga, siéntese, mire que vine a hablar hasta acá. La Policía no viene hasta acá, la Fiscalía no viene hasta acá. Mire que yo estoy hoy acá, tratando de que ustedes por favor paren esta situación. Yo ya oí el 50% de ella, cuénteme usted para yo escuchar su 50% (yo siempre les digo eso). Y le cuento que fue tan gratificante, que la señora me dijo: “Usted tiene razón, yo hice mal en romper la citación. Voy a poner más en cintura a esos muchachos para que no cansen más, pero yo con esa mujer no voy a hablar más”. 

Y le dije: “Venga, entre vecinos, como está la situación hoy en día en Tumaco es mejor al menos darse  los buenos días porque el vecino es el que te puede avisar si pasa algo. De pronto no vuelvan a ser amigas como eran, pero que al menos los buenos días se den. ¿Me va a firmar que yo estuve acá?”. “Sí, yo le firmó”. Y desde ahí no más. Incluso sacaron la historia en un programa de televisión.

BOGOTÁ, COLPRENSA

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