1 de cada 5 colombianos ha sido víctima del conflicto armado

Crédito: Colprensa / El Nuevo Día.En la página web de la Unidad para las Víctimas puede encontrar las historias. En centros comerciales y otros lugares emblemáticos de las principales ciudades de país encontrará un código QR que podrá escanear para conocerlas. La idea es leer alguna y enviarla al número de WhatsApp: 317 665 3961.
El conflicto armado colombiano ha tocado a alrededor de 9 millones de personas, lo que significa que uno de cada cinco colombianos ha sido víctima de la violencia entre los grupos alzados en armas. Un número alto que, posiblemente, contribuya a la comprensión de cuán importante es el proceso de verdad, justicia y reparación.
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“A mí me desplazaron forzadamente en 1993, dos días después de que empezaran los combates. Eran exactamente las seis de la tarde cuando inició el primer incendio. Quemaron una de las fincas más grandes y prendieron fuego a las casas de una vereda cercana”.

“Salimos corriendo a escondernos en el monte, dejándolo todo abandonado. A la mañana siguiente, el pueblo quedó solo; mi mamá, mis hermanos y yo tomamos rumbo hacia otro municipio, donde contamos con el apoyo de un familiar que nos dio posada”.

“Hoy, muchos años después, ha sido poco lo que he recuperado, pero estoy tranquila. Vivo en una casa arrendada y sigo pidiéndole a Dios que nadie más tenga que vivir lo que nosotros vivimos. Espero que contar mi historia sirva para que muchos sepan que dentro de sí tienen la fuerza para seguir adelante”.

El relato de *Manuela es una de las 56 historias que pueden leerse en la página web de la Unidad para las Víctimas, en el marco de la campaña “Dona tu voz, Dona tus oídos”.

Pruebe a leerla en voz alta: si hay algo que se remueve dentro de su corazón, entonces saber que 1 de cada 5 colombianos ha sido víctima del conflicto armado en el país puede darle una idea de cuán grande ha sido la tragedia de la violencia en Colombia.

Según la Unidad para las Víctimas, son 9 millones de colombianos los que han sufrido violencia sexual (mujeres y personas Lgbt en su mayoría), desplazamiento forzado, despojo de sus tierras e intimidaciones.

El 9 de abril se conmemora el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas, y por eso, lo que se busca con la campaña es que quienes viven en las ciudades y conocen el conflicto armado solo por las informaciones de los medios de comunicación sientan lo que ha significado para tantos colombianos el conflicto armado.

“Lo que queremos es que estos hechos no se vuelvan a repetir en ninguna parte del país”, explicó Ramón Alberto Rodríguez Andrade, director General de la Unidad para las Víctimas a esta redacción.

 

Las historias

El director de la Unidad para las Víctimas, Ramón Alberto Rodríguez Andrade, le contó a esta redacción que fue en los talleres de atención psicosocial donde recibieron a las víctimas y con ellas se realizaron unos diarios o bitácoras sobre sus historias. También explicó sobre cómo algunas de ellas lograron reconstruir su vida en otro pueblo o, con el apoyo del programa de Restitución de Tierras, regresar.

“Lo que expresaban las víctimas en los talleres es que no querían que sus historias se quedaran en las bitácoras, sino que también los colombianos conocieran qué había pasado durante tanto tiempo y que, adicional a eso, tuvieran la oportunidad de interiorizar esas historias”, explica Rodríguez Andrade.

El director de la Unidad para las Víctimas señala que la mayoría del registro de víctimas lo componen las personas que han sufrido desplazamiento forzado y quienes, además de perderlo todo, deben cargar con el estigma de la suspicacia que despierta en las ciudades el haberlo perdido todo en la tierra de origen.

Este es el caso de María Paulina: “Nosotros teníamos un restaurante y entre todos nos repartíamos las labores. Mi compañero, mis hijos y yo trabajábamos duro para sacarlo adelante y lo estábamos logrando”.

“A la llegada de los grupos armados ilegales a la región, nos obligaron a dejar la casa, con un solo par de mudas de ropa y lo poco que pudimos sacar. Hoy, estamos tratando de salir adelante con mucho esfuerzo, luchando además contra el peso de ser desplazados. Ojalá en este país se entendiera que si estamos acá es porque nos obligaron. Espero que dar a conocer nuestra historia sirva para que nos vean con otros ojos”.

En 2020, además de luchar contra la discriminación y los prejuicios hacia quienes sufrieron el conflicto, las víctimas y sobrevivientes de la violencia en Colombia tuvieron que afrontar la llegada de la pandemia, que contrajo la economía de los proyectos productivos que se habían convertido en el eje de la reparación para ellas.

“Nos ha tocado revisar el mecanismo de existencia mínimo para garantizar atención humanitaria”, explica Rodríguez Andrade.

Con todo, la Unidad para las Víctimas señaló que, en Santander, por ejemplo, se ha logrado reparar económicamente con 500 millones de pesos a víctimas del departamento en los municipios del área metropolitana de Bucaramanga.

Además, indicó que la entidad continuará en el proceso de entregar estas indemnizaciones en los demás municipios de Santander.

Para que continúe el proceso, el director de la Unidad para las Víctimas hace un llamado a las “personerías municipales para que hagan las inscripciones correspondientes de todas las organizaciones de víctimas, para participar en las elecciones de las mesas municipales departamentales y también en la mesa de nacional, dándole garantías a las víctimas en mecanismo de participación”.

La asociaciones de víctimas son importantes en el proceso de reparación y en la reclamación de sus derechos. Y también en el proceso de sanación no solo individual, también para el país.

Victoria, una de las víctimas cuya historia fue seleccionada para participar en la campaña “Dona tu voz, Dona tus oídos”, lo explica: “Hace algunos años sufrí violencia sexual por un grupo armado al margen de la ley, estando embarazada de seis meses. A ellos no les importó que les dijera el daño que podían hacerle a mi bebé; no les importó mi súplica”.

“Cuando todo acabó, no quería seguir viviendo, pero saqué fuerzas por el hijo que llevaba en mi vientre. Después de un tiempo, conocí una organización de mujeres víctimas de violencia sexual y ahí me brindaron apoyo psicológico, ya que sufrí de depresión e intenté quitarme la vida. Ahí me di cuenta que mi cuerpo había guardado todo el dolor. Comencé a hacer talleres con otras organizaciones que también llevaban casos de mujeres víctimas de este delito, lo cual me motivó a hacerme profesional para poder ayudarlas contando sus historias. Hoy, soy una mujer empoderada que busca seguir luchando para que se oigan las voces que aún se mantienen en silencio”.

El Nuevo Día.

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