El rumbo de la violencia cinco años después del acuerdo

Crédito: Colprensa / VANGUARDIA / EL NUEVO DÍA
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Cinco años después de que el entonces presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de las extintas Farc, Rodrigo Londoño, firmaron el acuerdo de paz que ponía fin a más de cinco décadas de conflicto entre el Gobierno y la guerrilla más antigua del continente americano, la violencia sigue sin dejar de ser una realidad cotidiana en nuestro país.
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Solo esta semana fue asesinado un excombatiente de las Farc, Manuel Mena, que el pasado domingo 19 de septiembre fue baleado en el barrio El Futuro en Quibdó (Chocó), y cinco líderes sociales, María Nancy Ramírez Pulgarín, José Luis Taicus, Jovanny Javier García, Dilio Bailarín y David Aricapa, que murieron en diferentes hechos a lo largo del país.

Y así, semana a semana. De acuerdo con las cifras de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos desde 2016 han sido víctimas de homicidio 500 líderes sociales, de los cuales 52 corresponden a 2021, y se han presentado 278 homicidios en contra de excombatientes, los cuales, según la Defensoría del Pueblo, se han reportado en 131 municipios de 23 departamentos.  

¿Por qué persiste la violencia pese a todos los esfuerzos que tanto este como el anterior Gobierno aseguran haber hecho para implementar el acuerdo? ¿Se trató de un acuerdo frágil, como lo manifestó el presidente Duque en la Asamblea General de la ONU o se quedaron cortos los esfuerzos por fortalecer la presencia estatal en los territorios dejados por las Farc? ¿Es un efecto inevitable de la evolución de las dinámicas del conflicto, como lo afirman algunos analistas o falló el acuerdo en no combatir de una manera más radical el narcotráfico?

Según la Fundación Ideas para la Paz (FIP), en los últimos cinco años ha habido un cambio en las lógicas de la guerra. En 2021 mientras los enfrentamientos entre los grupos armados continuaron disminuyendo, los atentados contra los civiles aumentaron.

Esto porque los grupos armados están adoptando una forma de operar distinta, pues en algunos casos se ocultan entre la población, andan en contingentes pequeños y no en grandes estructuras.

Además al no contar con el control territorial ni el poder que tenían las Farc, algunos de ellos han recurrido a demostrar su capacidad en el endurecimiento de muchas formas de control, asesinatos selectivos, desplazamientos y amenazas contra líderes sociales.

Por ejemplo el ELN, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), tiene presencia en 150 municipios del país y actualmente ha “asumido una estrategia defensiva de preservación de áreas de influencia y de reproducción simple, sin objetivo de toma del poder por las armas y sus acciones visibles son atentados contra la infraestructura e instalaciones militares, sembrando minas antipersona y ocasionales emboscadas”.

Por su parte, las ‘Disidencias de las Farc’ al mando de alias ‘Gentil Duarte’ cuentan con nueve estructuras y aproximadamente 1.700 hombres armados que hacen presencia permanente en zonas de 45 municipios, pero incursionan en otros para disputar territorios o mantener rutas de movilidad.

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