Maduro asumió presidencia de Venezuela tras grave crisis política

Maduro asumió presidencia de Venezuela tras grave crisis política
Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela en nombre del fallecido líder Hugo Chávez, aplacada la grave crisis política que desató el rechazo de la oposición a su ajustada victoria electoral.
AFP - EL NUEVO DÍA
El delfín de Chávez tomó posesión mientras opositores realizaban un cacerolazo en Caracas.
Foto: AFP - EL NUEVO DÍA
19 Abr 2013 - 2:27pm

Junto a un enorme retrato del fallecido presidente, Maduro, de traje oscuro y corbata roja, juró ante la Asamblea Nacional para gobernar por seis años y recibió la banda presidencial de manos de una de las hijas de Chávez, María Gabriela.

"Lo juro por el pueblo de Venezuela, lo juro por la memoria eterna del comandante supremo que cumpliré y haré cumplir esta Constitución", dijo Maduro, con la Carta Magna en la mano izquierda.

Maduro, un exconductor de autobús y exsindicalista de 50 años que llegó a ser canciller y vicepresidente, ganó por apenas 1.8 puntos porcentuales las elecciones del pasado domingo, ante lo que el opositor Henrique Capriles desconoció los resultados y se desató una tormenta política.

El delfín de Chávez tomó posesión mientras opositores realizaban un cacerolazo en Caracas, aunque en clima más relajado luego que el órgano electoral aceptara la noche ampliar al 100% la auditoría de las urnas, lo que dejó por ahora satisfecha a la oposición.

Una veintena de gobernantes asistían a la ceremonia de investidura, entre ellos los presidentes Raúl Castro de Cuba, Dilma Rousseff de Brasil, Cristina Kirchner de Argentina y Mahmud Ahmadinejad de Irán.

Miles de seguidores del gobierno, vestidos de rojo -color emblemático del chavismo-, festejaban afuera de la Asamblea: "¡Chávez vive, la lucha sigue!", gritaba la multitud.

"Es el legado del presidente, apoyarlo a él es apoyar al 'Comandante supremo'. Maduro es la continuidad del proceso revolucionario de Venezuela", declaró a la  José Rendó, un electricista de 38 años que llegó desde el estado de Anzoátegui.

El heredero de Chávez fue investido tras llegar a Caracas en la madrugada desde Lima, donde recibió el apoyo de los mandatarios miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Pese a los cuestionamientos de la oposición, toda Latinoamérica, excepto Paraguay, avaló su victoria, en tanto que, sin reconocer el resultado de la elección, Estados Unidos apoya un recuento de votos, aunque abogó por que no se "cierren las puertas" entre ambos países.

Baja la tensión

Tras una semana de alta tensión, con brotes de violencia que esta semana dejaron ocho muertos, el Consejo Nacional Electoral (CNE), que por ley verificó el 54 por ciento de las urnas el día de la elección, decidió que realizará una auditoría sobre el 46 por ciento restante, pero con base a una muestra, lo que implicará una apertura de dos tercios de las cajas que contienen las papeletas.

Aunque no implica el recuento total "voto a voto" como reclamaba, Capriles, gobernador del estado de Miranda de 40 años, aplaudió la decisión del CNE y convocó a sus seguidores a hacer sonar música salsa, en lugar de realizar cacerolazos como en los últimos cuatro días. "Vienen tiempos buenos, pronto", escribió en su cuenta de Twitter este viernes.

"¿Vamos Venezuela, la lucha sigue por la verdad!", declaró el líder opositor, que perdió por 11 puntos ante Chávez en las elecciones de octubre pasado y ante Maduro logró captar el voto de cientos de miles de chavistas.

Capriles nunca habló de fraude, sino de irregularidades en unos  tres mil 200 casos. De encontrarse anomalías de peso en la auditoría, que tardará 30 días, puede optar por impugnar la elección ante el Tribunal Supremo de Justicia.

"Ha pasado la tensión, en un primer round que gana la oposición porque la oposición ha logrado presionar al gobierno a una auditoría que no tenía prevista, aunque al mismo tiempo el gobierno ha ganado legitimidad", declaró el analista Luis Vicente León.

La auditoría, que no es incompatible con la toma de posesión, fue respaldada por la Organización de Estados Americanos (OEA), por considerar que propicia la "concordia y tranquilidad".

Maduro, quien acusó a la oposición de orquestar un "golpe de Estado" al no reconocer su victoria, ganó los comicios con 50.8 por ciento de los sufragios frente al 49 por ciento de Capriles, un margen tan estrecho que nadie pronosticó, tras una veloz y agresiva campaña de diez días.

Un día después de los comicios, cuando Maduro fue proclamado presidente electo, los ánimos se desbordaron entre protestas de opositores y choques con chavistas, que dejaron ocho muertos, unos 60 heridos y más de un centenar de detenidos.

Primer presidente chavista

Autoproclamado "hijo" y "apóstol" del hombre fuerte que gobernó Venezuela durante 14 años, Maduro, afronta el reto de llenar el vacío que dejó el líder, cuya revolución socialista partió políticamente en dos al país, ya de por sí dividido entre ricos y pobres.

"Voy a ser el primer presidente chavista de la historia", afirma Maduro, casado con Cilia Flores, un peso pesado del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), creado por Chávez.

Sin el carisma de Chávez y ante una oposición fortalecida -en su mejor momento de los últimos 14 años-, Maduro tiene como tarea urgente enderezar la economía, dependiente de la renta petrolera y las importaciones, afectada por la inflación, la escasez y la falta de divisas; así como también atacar la criminalidad, que hizo de Venezuela el país sudamericano con récord de homicidios -54 por cada 100 mil habitantes-.

Maduro, a quien Chávez nombró su heredero político meses antes de morir de cáncer el 5 de marzo, promete mantener los programas sociales de su mentor en favor de los pobres -casi un 30 por ciento de los 29 millones de venezolanos-, costeados con los ingresos del petroleo de este país con las mayores reservas del mundo.

Pero además enfrentará el reto de asegurar la lealtad de las Fuerzas Armadas, claves para la estabilidad del poder y donde tendrá que lidiar con divisiones políticas e ideológicas, según los analistas. Como muestra de respaldo, la investidura cerrará con un desfile cívico-militar.

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AFP