Ausencia de poder

TOMADA DE INTERNET - EL NUEVO DÍA
Luego de que la región viviera una especie de efecto dominó con varias mujeres ejerciendo de manera simultánea el poder político, hoy han quedado rezagadas en la región.

Con la salida de Michelle Bachelet en marzo de 2018 como presidenta de Chile, América Latina quedó “huérfana”, sin mujeres ejerciendo al frente de jefaturas de Estado.

El fin del mandato de Bachelet cerró un capítulo de presencia femenina en primera línea política, en una región donde en los últimos 12 años no había dejado de tener a una mujer al frente de un gobierno, pese a su vieja tradición machista en cuanto a política se refiere.

La pionera fue Violeta Chamorro, quien en 1990 llegó a la Presidencia de Nicaragua convirtiéndose en la primera mujer que fue elegida presidenta por voto popular en el continente americano. Nueve años después, le siguió los pasos Mireya Moscoso en Panamá y en 2006 el turno fue para Bachelet. Un año después, Cristina Fernández de Kirchner era mandataria de Argentina, y Dilma Rousseff llegó a la Presidencia de Brasil en 2011, pero fue destituida en 2016 por haber violado la ley presupuestaria.

Pero fue 2014 el año en el que América Latina tuvo el pico máximo y ostentó uno de los más altos niveles de primeras gobernantes femeninas a nivel mundial en simultáneo, con Rousseff, Fernández de Kirchner, Bachelet y la costarricense Laura Chinchilla. Las cuatro encabezaban partidos populares de larga trayectoria política en sus respectivos países.

De esta manera, la región cambió su historia de domino masculino absoluto en los cargos más altos de poder.

Pese a que hoy no hay presidentas a la vista y claramente no las habrá en el corto plazo, a menos que gane la candidata Sandra Torres (exprimera dama durante el mandato de Álvaro Colom) que disputa la Presidencia de Guatemala, en segunda vuelta el próximo 11 de agosto, América Latina ha pasado a convertirse en la segunda región del mundo con más representación femenina en los órganos parlamentarios con un 28.8%.

Este aumento se explica por las leyes de paridad aprobadas en varios países, entre ellos, Colombia.

Además, a todo esto se le suma que Colombia actualmente tiene por primera vez a una mujer como vicepresidenta de la República, Marta Lucía Ramírez.

En relación con la ausencia de mujeres en el poder en América Latina en la actualidad, Geraldine Bustos, docente de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad de La Sabana, asegura que es importante mirar el por qué realmente no hay relevo femenino en estos gobiernos, y mirar quiénes han llegado a la Presidencia de los países.

En ese orden de ideas, analiza que en el caso de Argentina o de Nicaragua, con Cristina Fernández y Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua, es claro que pesa el apellido de sus esposos, por ser parejas políticas.

Si bien todas tienen un recorrido diferente, Bustos identifica un elemento común: “son la esposa de o son la apadrinada de”.

“Ese es un tema que hay que puntualizar en la medida en que ese relevo femenino no puede verse porque no hay un liderazgo genuino, es decir no hay una mujer que sobresalga del resto, una outsider de verdad, sino que suele estar vinculada a algún partido o algún político hombre”, argumenta la docente universitaria.

En líneas generales, Juliana Martínez, profesora de género y sexualidad en American University de Washington (Estados Unidos) y directora de investigaciones y consultorías de Sentiido, comparte esta opinión.

Según ella, el hecho de que estas mujeres hayan llegado al poder, en la mayoría de los casos se debe a que están conectadas o son herederas políticas de alguien más.

“Usualmente de un hombre muy poderoso, es decir, que llegan al poder apadrinadas por un amigo, esposo como Fernández o Bachelet, cuyo padre tiene un papel importante revolucionario en Chile”.

No obstante, aclara que esto no le quita méritos a ellas, pero sí apunta a que, para que más mujeres puedan llegar al poder ejecutivo y especialmente puedan competir por este de manera realmente igualitaria, “falta mucho, porque no se han hecho los cambios estructurales que se tienen que hacer”.

En otras palabras, Martínez reconoce que aún las mujeres no gozan de igualdad de condiciones en ningún aspecto de la sociedad, así se haya incrementado la participación política, e igualmente destaca que sería interesante mirar qué tipo de mujeres son las que acceden al poder.

De otro lado, Bustos lamenta que se haya perdido la condición única de América Latina de tener cuatro mujeres en el poder en simultáneo, además de destacar que era un logro para la región.

En su concepto, el no tener liderazgos visibles de mujeres, más allá de suponer un problema para la región en términos de gobernabilidad, lo que está llevando es a gobiernos de cortes autoritarios y populistas, “pero no necesariamente porque no sean mujeres, sino porque no hay renovación de liderazgos” o liderazgos progresistas.

Para Martínez, es indiscutible que el hecho de que hoy no haya presidentas mujeres latinoamericanas, “es un retroceso, pero también indica que hay que ser cuidadoso a la hora de pretender que ciertos hitos solucionan o son síntomas de problemas estructurales, cuando en realidad son excepciones más que cualquier otra cosa”.

A su juicio, para que realmente haya continuidad en el liderazgo femenino como lo hay en el masculino, tienen que generarse canales de igualdad de oportunidades desde la infancia para las mujeres, por ejemplo, teniendo en cuenta que América Latina es una región con índices de violencia doméstica, embarazo adolescente y violencia sexual muy altos y en últimas, “eso le quita oportunidades a las mujeres”.

 

Sesgo de género

 En cuanto a la razón por la cual los gobiernos a cargo de mujeres experimentan un escrutinio desigual al de los hombres por parte de la opinión pública, la experta Juliana Martínez considera que las mujeres son juzgadas de manera diferente en cualquier espacio que históricamente ha sido masculino.

“Las mujeres son juzgadas más duro que los hombres, sobretodo porque necesariamente son representantes del género, es decir, porque lo que hacen mal se toma necesariamente como prueba de todas las mujeres del mundo, no se les da el derecho a la individualidad que se asume con los hombres”, argumenta la experta, quien anota que es lo mismo que suele pasar con las minorías en general.

 

Destacado

Nicaragua, Panamá, Chile, Argentina, Costa Rica y Brasil son los únicos países en la región que han tenido presidentas elegidas de manera democrática.

 

Cifra 

10 mujeres han gobernado en América Latina, en 40 años.  

ÁNGELA CASTRO ARIZA

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