¿Rusia quiere influir en América Latina?

La región se ha convertido en un verdadero hervidero del descontento social. En medio de este escenario de protestas, se señala a Rusia de estar interviniendo, agitando más la inestabilidad.

¿Rusia habría echado más leña al fuego a las protestas en América Latina? Esta interrogante ha surgido al calor de las violentas manifestaciones sociales que han experimentado varios países de la región, como Chile, Bolivia y Colombia.

Incluso se menciona una supuesta campaña mediática orquestada desde la sombra por el Kremlin para exacerbar los ánimos, dividir y desestabilizar gobiernos de derecha en Suramérica.

Esta semana, el diario The New York Times hace eco de esta supuesta injerencia rusa en la agitación regional, apoyado en un análisis del Departamento de Estado, en el que da cuenta de la existencia de una estrategia de desinformación en redes sociales, especialmente en Twitter, con el único propósito de radicalizar la situación en varios países.

Si bien efectivamente hay una rivalidad geopolítica regional entre Rusia y Estados Unidos -desde el pasado por Cuba y que en el presente se trasladó a Venezuela- Mauricio Jaramillo, analista de política internacional, le da poco crédito a que Moscú tenga un interés en intervenir en las movilizaciones en la región, “porque no ve que gane mucho”.

Es más, considera muy riesgoso desvirtuar las protestas adjudicando la autoría rusa y en cambio, le parece una teoría que probablemente le conviene a Estados Unidos para denunciar supuestos tentáculos de Rusia en América Latina.

“Hasta ahora no se han aportado pruebas y lo que uno ve es un intento desesperado para deslegitimar las protestas que han ocurrido para desvirtuar el argumento de Estados Unidos, tanto en países tanto de derecha como de izquierda”, describe el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

En su opinión, actualmente los rusos tienen poca ideología para exportar, pues lo que hoy tienen son “inversiones que le dan rentabilidad”.

Aunque Jaramillo reconoce que sí hay una competencia con EE.UU., pero no al punto de que los lleve a apoyar protestas en una región alejada para sus intereses vitales.

 

Se desvía la atención

Dionne Cruz, politóloga de la Universidad Javeriana, comparte esta idea, e insiste en que realmente las protestas sociales en América Latina están influenciadas por el agotamiento de un modelo de desarrollo económico neoliberal, que no ha permitido ni ha propiciado el desarrollo equitativo para las sociedades.

No hay que olvidar que América Latina es unas de las regiones más desiguales del planeta, con unos 20 países muy inequitativos, con el 40% de la riqueza en manos de una minoría y con una población de más de 600 millones de personas, de los cuales 100 millones viven en la pobreza.

“Lo que hoy en América Latina está reclamando, porque es un fenómeno generalizado, es el acceso a lo mínimo, a ese estado de bienestar prometido desde los años 90”, asegura Cruz, quien descarta que tenga que ver con la intervención rusa o con situaciones de infiltraciones extranjeras.

Más bien, advierte que señalar que estos actores externos son responsables de la situación que viven estos países latinoamericanos, lo que hace es que se desvíe la atención de atender las verdaderas razones que han llevado a la gente a protestar.

“Cuando buscamos un chivo expiatorio como la influencia de Rusia, o cualquier otro de ese estilo, o la influencia venezolana en nuestros países, lo que hacemos es distraernos de aquello debemos hacer como sociedades”, aclara la docente de la Javeriana.

En tanto, el abogado e internacionalista Camilo Enciso hace referencia a que no existe ninguna evidencia concreta que relacione que agentes externos a Chile, Colombia y Bolivia han buscaron influir la opinión pública de sus ciudadanos y todo se reduce a indicios.

Lo que sí es evidente, a su juicio, “es el ánimo de inducir a la opinión pública colombiana a error por parte del Gobierno Nacional, utilizando la teoría de la conspiración rusa como caballo de batalla”.

Ante la ausencia de pruebas, Enciso califica como “irresponsable, incendiario y torpe, toda vez que, atenta contra el derecho a la protesta, golpea la democracia participativa y le genera riesgos diplomáticos innecesarios a Colombia”.

 

Por la división social

 En contraposición, Jesús Agreda Rudenko, internacionalista de la Universidad del Rosario, sí cree posible que haya una injerencia de Rusia en fomentar protestas y porque no, la división social en países en América Latina, a través de campañas en redes sociales.

Además señala que Rusia no solo podría estar perfeccionando su nueva herramienta de injerencia política, sino que de paso podría ayudar a reducir la presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro (su aliado regional), ya que los demás países de la región estarían muy concentrados en solventar las brechas dentro de sus propias sociedades.

En cuanto a la estrategia mediática, Agreda Rudenko recuerda que hay un antecedente, ya que Rusia ha utilizado campañas de desinformación en redes sociales de manera comprobada, en la campaña presidencial de 2016 en Estados Unidos.

Sin embargo, estima que “no es una herramienta perfeccionada, por lo que se puede seguir usando en otros contextos políticos para que se vaya puliendo y pueda ser realmente eficaz para defender los intereses rusos”.

 

Dato

Analistas del Departamento de Estado estadounidense detectaron cuentas de Twitter vinculadas a Rusia, que buscaban sembrar confusión en países suramericanos que se oponen al gobierno de Nicolás Maduro.

ÁNGELA CASTRO ARIZA

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