¿El principio del fin en Afganistán?

Crédito: AGENCIA - EL NUEVO DÍA
La tragedia silenciosa que se ha cobrado, ante todo, bajas civiles afganas (unas 38.000 víctimas mortales) abre el camino para acabar con 19 años de guerra, una vez se firme en Acuerdo de Doha.
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El 7 de octubre de 2001 fue una fecha funesta para Afganistán. El presidente estadounidense George W. Bush anunció la invasión a ese país asiático un mes después de los ataques terroristas del 11 de septiembre (11-S) en Nueva York y Washington.

Aunque Bush aseguró en ese entonces que el Talibán acusado de albergar a Osama bin Laden y a la red terrorista Al Qaeda responsable de los atentados del 11-S “tenían los días contados”, Estados Unidos terminó atrapado en una guerra, la más larga de su historia, que ha dejado más de 100 mil muertos (unos 42 mil civiles) y costado entre 1 y 7 billones de dólares.

Ni sus sucesores, Barack Obama y Donald Trump, han sabido ponerle fin a un conflicto, y se han visto desbordados en el terreno por un país tribal, una feroz resistencia talibán y la falta de claridad política desde que inició la invasión.

James Dobbins, un antiguo diplomático estadounidense que sirvió como enviado especial en Afganistán para Bush y Obama, lo ilustró así: “No invadimos países autoritarios para democratizarlos. Invadimos países violentos para convertirlos en pacíficos y claramente hemos fracasado en Afganistán”.

Frente a esta debacle afgana, el anuncio esta semana de un acuerdo entre Washington y el grupo islámico talibán revive la frágil esperanza de negociar una paz duradera en esta nación del centro de Asia, luego de casi dos décadas de guerra civil.

La firma de este acuerdo, que se formalizará en una ceremonia en Doha, capital de Catar, precisamente donde comenzarán las conversaciones del clan Talibán con el Gobierno afgano, tiene como puntos clave la retirada escalonada de las tropas estadounidenses (14.000 efectivos) y la liberación de presos talibán (5.000 de un total de 11.000) y de otros 1.000 soldados afganos. Lo que hay en realidad es un principio de acuerdo entre el gobierno de Donald Trump y el Talibán para ver si se avanza hacia un proceso de paz definitivo, describe Matías Alejandro Franchiti, profesor de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

 

¿Y el Gobierno afgano?

Un punto importante en este asunto es qué pasa con el Gobierno afgano.

Franchiti recuerda que el Gobierno afgano se ha mostrado repetidamente insatisfecho porque no fue incluido en las negociaciones entre EE.UU. y los talibanes.

A lo que se le suma, según él, que el presidente Ashraf Ghani se encuentra en una posición compleja, debido a que luego de las elecciones hace cinco meses, donde salió reelecto, está asediado por denuncias de fraude por parte de la oposición.

En definitiva, hay “una situación doméstica en términos de política y seguridad nacional muy complicada”, reitera el docente universitario.

Igualmente hace énfasis en que el temor del Gobierno afgano es que EE.UU. llegue a un acuerdo con los talibán que garantice que no va a proteger grupos terroristas que atenten contra los intereses norteamericanos, pero a su vez, no incorpore ningún tipo de garantía para el propio Gobierno afgano.

José Ángel Hernández, director de la Maestría en Historia de la Universidad Sergio Arboleda apunta en el sentido de que para llegar a este primer acuerdo es que el Gobierno afgano no ha tenido ni voz ni voto.

En líneas generales, ha tenido en cuenta al presidente Ghani, y por esa razón duda que los talibán vayan a respetar al Gobierno proestadounidense en el momento que salgan la fuerzas internacionales de Afganistán.

Yo creo que la administración Trump (que considera que la presencia de las tropas estadounidenses en Afganistán no significa nada más que un enorme coste económico) quiere acabar con esta primera fase cuanto antes y retirarse del país asegurándose que los talibanes van a acabar con los atentados violentos en la siguiente fase en la que, por lo que yo entiendo, los EE.UU. jugarán un papel intermediario (no lo van a jugar ellos mismos directamente porque ya forman parte del conflicto, sino asignando una entidad intermediaria) entre los talibanes y el gobierno afgano. Y esta segunda fase desde luego consumirá mucho más tiempo y esfuerzo porque ambas partes del conflicto demandan seguridad en los acuerdos y a esto se suma que una gran parte de Afganistán es parsi, que apoya a los talibán, mientras un 40% de la población no es talibán, lo que no garantiza la paz en el país.

Lo que le interesa a Estados Unidos y a Occidente es que Afganistán no se convierta en una base de futuros terroristas, y los talibán garanticen eso si las tropas extranjeras se retiran.

Trump está cumpliendo su palabra, tiene una prisa grande en salir de Afganistán, que le cuesta muy caro, y dijo que era uno de los grandes errores de la Administración Bush, y “un caos” y “un desastre total” y quiere sacar sus soldados de allí.

ÁNGELA CASTRO ARIZA

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