Europa impulsa un certificado con historial de vacunación y pruebas del virus

Crédito: Fotomontaje / VANGUARDIA / EL NUEVO DÍA
La propuesta de un certificado sanitario de la Covid-19 en la UE, que agilice la entrada a otros países y los trámites de la pandemia como la cuarentena de 14 días, genera dudas por su posible carácter discriminatorio hacia las personas no vacunadas.
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Un código de barras que  incluirá la vacuna anticovid concreta recibida, la fecha de administración y el lugar en el que se suministró.

Este es, a grandes rasgos, el pasaporte sanitario que la Unión Europea, UE, quiere implementar a partir de mediados de este año, como una apuesta para la “vuelta a la normalidad” y la reactivación de las economías de los países del Viejo Continente, que en estos momentos atraviesan la tercera ola de la pandemia de la Covid-19. 

La idea de esta herramienta, anunciada a comienzos de este mes, es facilitar la movilidad, especialmente de turistas el próximo verano, sin poner en peligro la salud pública.

Además de certificar la inmunización gracias a la vacunación, el pasaporte incluye datos específicos: resultado de la prueba PCR y el de haber superado el SARS-CoV-2. 

Obtenerlo será completamente gratuito, y se emitirá a todas las personas vacunadas con las dosis de Pfizer, Moderna, AstraZeneca o Janssen. 

Pero no aplica para aquellos que reciban la dosis rusa Sputnitk V que se administrará en Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, o la china Sinopharm, ya que aún no han sido aprobadas por la Agencia Europea del Medicamento, EMA. 

China, por ejemplo,  ya se adelantó a Europa y puso en marcha este mes un pasaporte sanitario electrónico para viajar al extranjero.

Los detractores del llamado “certificado verde digital”, que no necesariamente será de ese color ni exclusivamente digital, argumentan que se que se vulnera el derecho fundamental a la intimidad, se corre el riesgo de discriminar entre inmunizados y no inmunizados.

Eso, sin mencionar, que se podría afectar la privacidad y protección de datos, y limita la libertad de movimientos.

Otro factor a tener en cuenta, es que la vacunación no es obligatoria y aún no está accesible para toda la población de la UE, que apenas ha inmunizado al 4% de sus ciudadanos.

Desde un enfoque médico, es importante también considerar en este caso a las personas que no pueden recibir la vacuna, como los alérgicos. 

Catalina De Montijo, médica epidemióloga del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab,  advierte sobre la conveniencia y la eficacia de este tipo de pasaportes sanitarios.

“Hasta el momento lo que se propone como pasaporte de inmunidad incluiría información respecto al esquema de vacunación, diagnóstico previo del virus o detección de anticuerpos en general o específicos para el causante de la enfermedad, pero aún no se ha logrado determinar que estas condiciones garanticen que la persona no sea portadora, que no transmita el virus o que no vaya a presentar una reinfección en caso de haber sido previamente diagnosticado”, explica la especialista.

Por esta razón, la epidemióloga considera que “carnetizar la vacunación y registrar diagnósticos, debe documentarse y certificarse para seguimiento y los controles necesarios, según el escenario en que cada persona se desenvuelva”.

Sin embargo, De Montijo insiste en no eliminar de manera radical el resto de medidas preventivas y de bioseguridad, “pues asegurar algo así sería prematuro en los aspectos que aún ameritan más estudios prospectivos y posiblemente aumente situaciones de riesgo en la población al percibir erróneamente que está protegida por completo”.

Esta tesis es compartida por Jorge Martín Rodríguez, médico epidemiólogo y docente de la Universidad Javeriana, quien señala que realmente los pasaportes sanitarios pueden generar “una sensación de falsa esperanza  o una falacia” porque hay varias respuestas que aún no están resueltas.

Con esto se refiere a que no se sabe cuánto será la protección de la vacuna, cuánto tiempo durará la respuesta inmunitaria o si se tiene que aplicar cada dos años. 

Desde ese punto de vista, aunque se conocen los procesos de eficacia que las vacunas protegen contra el coronavirus, no se sabe a ciencia cierta si los vacunados pueden contagiar a otras personas, subraya Rodríguez.

En ese sentido, Elkin Sánchez, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de La Salle, asegura que el debate se centra en el tiempo de inmunidad que las personas tendrán y en la capacidad de las vacunas de contener otras variantes más agresivas y de alta virulencia. 

En otras palabras, según el experto, “el certificado de inmunidad garantiza que la persona fue vacunada, con la incertidumbre del resto de variables que aún no se han determinado”.

 En su opinión, es mejor tener cautela, mantener las medidas de mitigación y evitar aglomeraciones, independientemente que las personas hayan sido vacunadas contra el virus.

 

Otras consideraciones

Con respecto al certificado sanitario, Leonardo Briceño Ayala, director del Grupo de Salud Pública de la Universidad del Rosario, dice que es importante considerar las dificultades para la aplicación de la vacuna por condiciones de salud, como el hecho de ser personas inmunosuprimidas o con bajo nivel de respuesta inmunológica, lo cual no significa que se le vayan a negar la entrada a un país.

“Es una medida adicional que ayuda”, pero no es obligatoria, aclara el experto.

Analiza otro elemento relacionado con que los países acepten pasaportes sanitarios con cierto tipo de vacunas, lo cual significaría discriminación, por lo que a su juicio, esta medida tiene “dificultades éticas, legales, humanitarias y sanitarias para su implementación”.

 

DATO

Europa reporta más de 900.000 decesos por la Covid-19, desde el inicio de la epidemia en diciembre de 2019,  y al menos 40 millones de contagios.

ÁNGELA CASTRO ARIZA

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