Chile empieza a transitar hacia su nueva Constitución

Crédito: Fotoilustración / Vanguardia / EL NUEVO DÍA
Los chilenos marcaron el punto de partida para deliberar en democracia el futuro del país, con la elaboración de una nueva Carta Magna, que deje atrás el modelo neoliberal. Podría, además, sentar un precedente para América Latina.
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El estallido social de octubre de 2019 en Chile concluyó con el voto de mayo de 2021: Una nueva Constitución que será redactada por independientes y partidos de izquierda, históricamente excluidos del poder.

Aunque el punto culminante será a mediados de 2022, con otra consulta popular que aprobará o rechazará el texto que sustituirá a la Constitución de 1980 escrita bajo la dictadura de Augusto Pinochet, y vista como el origen de todos los males del país.

El pasado fin de semana, las urnas se encargaron de refrendar el proceso de cambio que experimenta el país austral en los últimos años, el cual será trazado con el liderazgo de nuevas caras y nuevas expresiones: Jóvenes, mujeres, indígenas, independientes y progresistas. 

El gran perdedor, el partido de gobierno. La alianza derechista del presidente Sebastián Piñera solo logró 37 de 155 escaños en la Convención Constituyente, que será la encargada de redactar una nueva Carta Magna incluyente, paritaria e inclusiva en respuesta al sentir ciudadano.

“En las cuatro elecciones que hemos vivido, es evidente la derrota de la derecha, la gente está apostando a los independientes en todo sentido”, comenta la chilena Bárbara Barros. El cambio triunfó, pese  a la baja participación, solo el 43% del electorado chileno votó. Así lo reconoce Barros, quien dice que se esperaba una votación mayor, aunque señala que tenían todo en contra: pandemia y miedo a rebrotes de violencia. En cuanto a la Constituyente, opina que hay mucha expectativa porque hay grupos muy polarizados, refiriéndose a los independientes, de derecha y de izquierda.

“Chile ha estado dominado por dos bandos y ahora todo tenemos que sentarnos a conversar en un país muy crispado, tienen nueve meses con una prórroga de tres meses más para ponerse de acuerdo y llegar a puntos comunes”, señala Barros. Según ella, allí radica el mayor interrogante.

“Estamos en medio de una pandemia, necesitamos que el país avance económicamente y todo esto, ralentiza las inversiones; en lo social la gente está contenta del cambio y que lo haga gente nueva”, destaca la periodista chilena.

Los 155 nuevos constituyentes tendrán la tarea de comenzar a trabajar a partir de una hoja en blanco y, de acuerdo con las reglas fijadas. Se requiere el respaldo de dos tercios de la Convención para aprobar las normas que se incluyan en el nuevo texto.

 

Camino de la unidad

En tanto, Rosembert Ariza, profesor del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, señala que “la aspiración de algunos sectores frente a esta apabullante decisión es leerla como el camino a la construcción de la unidad de una sociedad dividida y polarizada entre otras cosas por la existente Constitución de Pinochet”, que data de agosto de 1980.

Sumado a ello, Nadia Pérez Guevara, docente de Ciencia Política de la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, en Bucaramanga, y del Instituto de Estudios Políticos de la Unab, considera que es un cambio sustancial en la vida de los chilenos el tener una nueva Constitución hecha en democracia, teniendo en cuenta el antecedente de una Carta Magna que fue un enclave autoritario de Pinochet. Si bien con una nueva Constitución no se solucionarán todos los problemas del país, y puede que las desigualdades económicas se mantengan, agrega que este proceso “no es para nada desdeñable”, que busca un nuevo pacto en democracia y un diálogo con distintas fuerzas políticas y la forma como quedó conformada la Convención Constituyente muestra una repartición del poder muy interesante.

Como cualquier proceso constituyente, Pérez Guevara subraya que las expectativas son altas entre la sociedad chilena, pero insiste en que tener una Carta Magna hecha en democracia, no es equiparable a  un cambio material en términos económicos, “es un primer paso en el fortalecimiento de la democracia”.

 

¿Por qué importa en la región?

Para la chilena Bárbara Barros, lo ocurrido en su país puede servir de ejemplo para otros países de la región, que están viviendo momentos de cambios importantes en medio de una pandemia, como pasa en Colombia. 

“Probablemente Chile es observado por otros, para ver cómo es el desenlace de todo esto, es una responsabilidad que tenemos que hacerlo bien”, comenta Barros, quien apunta que lo que está viviendo Colombia con las manifestaciones sociales es una réplica de lo que pasó acá en 2019.

El experto Rosembert Ariza, por su parte, asegura que no es casualidad que las movilizaciones en Santiago hayan dejado una Plaza Dignidad (la antigua plaza Italia) y en Cali, el epicentro de las movilizaciones, se haya creado una Loma Dignidad”. 

Lo que pasó en Chile, a su juicio, “es una salida a la demanda social y popular de un cambio político e institucional en el proceso constituyente, en Colombia lo que suscitó el proyecto de reforma tributaria es una desobediencia social generalizada ante un gobierno que no quiere escuchar y girar el rumbo de la política más allá  del proyecto autoritario, y esta es el aprendizaje para la región que tiene las mismas condiciones que Colombia”.

 

DATO

78% de los votantes se mostró a favor del “Apruebo” una nueva Constitución.

ÁNGELA CASTRO ARIZA

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