Los recuerdos de una pesadilla para rescatista del 11-S

Crédito: Fotos: Suministradas / EL NUEVO DÍA
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Después de vivir una experiencia tan  perturbadora como los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el rescatista y paramédico colombiano Luis Eduardo Marulanda tiene la frustración, el trauma y el duelo arraigados en su alma.
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Después de vivir una experiencia tan  perturbadora como los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el rescatista y paramédico colombiano Luis Eduardo Marulanda tiene la frustración, el trauma y el duelo arraigados en su alma.

Frustración por no haber rescatado a ninguna persona con vida dentro de las ruinas de las Torres Gemelas; trauma por ver escenas de pánico de gente huyendo, sin poder respirar o lanzándose al vacío desde los rascacielos; y duelo de aceptar la profunda pérdida que tantas personas experimentaron ese día. 

Un día que sirve de recordatorio de cómo su vida cambió y la vida de todos. Nunca será igual; todo se divide en un antes y después del 11-S.

Este pereirano de 57 años, un experimentando rescatista en catástrofes  naturales en Colombia y otros países, presenció los peores ataques terroristas de la historia de EE.UU. por cosas del destino, o de Dios como él bien lo dice.

“El plan de Dios es perfecto, yo lo sigo diciendo así. Él permitió que yo estuviera allí y que se pudieran realizar estas actividades como tal”, sostiene con la voz entrecortada Luis Eduardo.

Había llegado un día antes a Nueva York, para participar en un curso de instructor y apoyo de bomberos latinoamericanos. 

Recuerda que aquella mañana del 11 de septiembre, de finales del verano, lo despertaron los gritos de su tía en la cocina que observaba por televisión el impacto del primer avión contra la Torre Norte del Word Trade Center.  

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, Fema, movilizó 26 equipos de búsqueda y rescate urbano. Un total de 21 equipos fueron a New York y cinco fueron al Pentágono en el norte de Virginia. 

Marulanda respondió al llamado de entrar en acción, llegó a la zona de Manhattan en metro, se reunió con un equipo de bomberos que lo estaba esperando. Intentó subir por las escaleras de la Torre Norte impactada, pero una turba de gente no se los permitió.

“Nos devolvieron a empujones, veíamos cómo las personas se tiraban unas sobre otras cuando empezó a correr el rumor incluso dentro de las Torres Gemelas (...) que hablaba de un atentado terrorista”, narra el bombero, quien confiesa que “el instinto de vida te va a impulsar a hacer cosas que luego pensarás en cómo las hiciste, la adrenalina es capaz de inundar tu cerebro y no dejarte razonar”.

Caos y terror

Cuando se estrella el otro avión en la Torre Sur del World Trade Center, WTC, todo fue caos y terror. Lo que pasa después, para Luis Eduardo fue una carrera contra el tiempo para salvar vidas y proteger la suya.

“Fue una frustración muy grande porque nosotros teníamos la intención de ir a rescatar víctimas, desenterrarlas y de poderlas entregar a sus familiares. Pero todo cambió cuando se cayeron las Torres, porque no pudimos rescatar a nadie con vida”, se lamenta.

Le tocó correr por su vida, no podía respirar por el material particulado, la lluvia de piedras y la nube de polvo en el momento que cae todo. “Ese fue otro momento de pánico que pensamos que iba a ser el último”, admite el bombero colombiano. 

Del total de 2.977 personas que fallecieron en los ataques de ese fatídico 11 de septiembre, 2.606 fueron en el WTC. De ellos 343 bomberos, 23 policías y 37 oficiales portuarios.

Lo que presenció y vivió durante esos 149 minutos cuando se cayeron las Torres Gemelas y las 11 semanas posteriores al 11-S lo cambió para siempre como ser humano y como profesional. 

Algo que aprendió de esta tragedia, es que la vida es corta y no hay tiempo para el odio. “Yo pienso que es más fácil perdonar y empezar de nuevo”, concluye a manera de reflexión Luis Eduardo Marulanda.

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ÁNGELA CASTRO ARIZA

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