La guerra psicotrónica

La creatividad del hombre para matar y destruir no tiene límites. El 6 de agosto de 1945 se cometió el mayor genocidio de la historia de la humanidad cuando la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, descargó sobre la ciudad de Hiroshima, Japón, una bomba atómica que calcinó en segundos 200 mil personas y condenó a miles a morir lentamente de cáncer.

La creatividad del hombre para matar y destruir no tiene límites. El 6 de agosto de 1945 se cometió el mayor genocidio de la historia de la humanidad cuando la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, descargó sobre la ciudad de Hiroshima, Japón, una bomba atómica que calcinó en segundos 200 mil personas y condenó a miles a morir lentamente de cáncer. Como el sicario que reza antes de cometer un asesinato, el capellán-piloto William Douney, oró diciendo “Padre Todopoderoso, que escuchas los ruegos de quienes te aman, te pedimos que asistas a quienes se aventuran en las alturas del cielo y se adentrarán en las filas enemigas, guíalos y protégelos; en el nombre de Jesucristo. Amén”. Las filas enemigas eran 400 mil mujeres niños, niñas y ancianos, pues los hombres estaban en el frente de guerra. Douney murió a los 76 años recordando los niños sin piel, moribundos a causa de la radiación.

La guerra atómica para las grandes potencias es cosa del pasado; no es necesario destruir ciudades enteras mediante la fuerza nuclear; hoy investigan y ya tiene diseñadas armas denominadas “psicotrónicas” que mediante la utilización de una especie de rayo que impacta el cerebro humano manipulan la psiquis y producen enfermedades mentales; el rayo está conformado por sonidos y ultrasonidos dirigidos a determinadas células y regiones del cerebro según el daño que se quiera causar.  Las armas psicotrónicas pueden causar los siguientes efectos: sonidos de cualquier intensidad; transmisión de comandos en el subconsciente; distorsiones visuales y alucinaciones; aparición de palabras inyectadas mediante radiaciones electromagnéticas; manipulación de emociones; lectura y remodelación de pensamientos manipulados remotamente; producción de miedo y nerviosismo en el organismo; desorganización de la conducta humana y desorientación en el espacio; producción de sobresalto, sintomas de estrés, y sensaciones de que un helicóptero esta volando sobre la cabeza; distorsiones visuales; control sobre los patrones de sueño; control computarizado del cerebro y de los procesos de comunicación; control y distorsión de la memoria; implantación de personalidades diferentes. Como se ve, todo un arsenal para escoger. En la mente de los investigadores y de los estrategas militares está el tipo de daño que se deberá causar según sean las características de las filas enemigas, que pueden ser como las de Hiroshima, mujeres, niños y ancianos. 

Entre las armas psicotrónicas ya desarrolladas están un generador autónomo que puede mediantes ondas destruir cualquier criatura viviente; un generador para sistema nervioso que paraliza el organismo, ya probado con éxito en insectos; un aparato de emanación de ultrasonido que destruye los órganos vitales sin dejar heridas o huellas en la piel; mecanismo que mediante sustancias usadas en acueductos pueden producir depresión, euforia o demencia; minas antipersonales que producen el mismo efecto; casetes diseñados de tal manera que bajo la música poseen efectos sobre el subconsciente para variar actitudes; técnicas para a través del cine, la televisión y los computadores, producir cambios mentales en la audiencia. 

Las armas psicotrónicas ya viene en camino; las potencias encontrarán una guerrita local, en un país pobre, para ensayarlas; así lo hicieron en Vietnam con el napalm. Es posible que quien detone un generador para enloquecer a la poblacion de una ciudad, eleve una oración como la del capellán-piloto Douney antes de actuar. 

PABLO ISAZA, M.D.

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