La paz clandestina de las FARC

Sin haber comenzado formalmente, mucho se ha discutido acerca de posibles desenlaces para este proceso de paz que emprenden Gobierno y guerrilla; se debate y especula sobre si se desmovilizan o no, si sus máximos cabecillas y voceros podrán participar en política y ser elegidos para desempeñar cargos públicos, y también sobre temas menos relevantes, pero igual de complejos.

Sin haber comenzado formalmente, mucho se ha discutido acerca de posibles desenlaces para este proceso de paz que emprenden Gobierno y guerrilla; se debate y especula sobre si se desmovilizan o no, si sus máximos cabecillas y voceros podrán participar en política y ser elegidos para desempeñar cargos públicos, y también sobre temas menos relevantes, pero igual de complejos, como, por ejemplo, si entregan sus armas y finalmente se reincorporan a la vida democrática y legal, es decir, la que corresponde a un ciudadano colombiano de bien;  así suene utópico, son instancias que se deberán afrontar por quienes nos representan en la mesa.

Así las cosas, podemos observar que el enfoque de la negociación está concentrado sobre la estructura armada del grupo ilegal que decidió sentarse a discutir una paz tan anhelada, tan convulsionada, pero tan necesaria para esta Nación. Desde el 30 de enero de 1983, cuando por primera vez las FARC toman contacto con emisarios de un gobierno de manera oficial, el de Belisario Betancur, la búsqueda de una solución política al conflicto armado interno ha sido casi que una obsesión para los gobiernos que lo han sucedido. 

Sin embargo, es menester por parte del equipo negociador que representa al Gobierno nacional recordar que las FARC son una organización con una estructura político-militar (60 por ciento político y 40 por ciento armado), en la que encontramos un componente armado constituido por sus bloques, frentes, columnas, compañías, guerrillas, comisiones, escuadras y así, hasta llegar a su mínima unidad, la UTC (Unidad Táctica de Combate), compuesta entre tres y cinco hombres; y, por supuesto, sus redes de milicias, bolivarianas y populares; juntos, guerrilleros en cuadrillados y milicianos, constituyen el aparato armado del grupo al margen de la ley. Por otro lado, hay que tener plena claridad que existe un trabajo político clandestino perfectamente articulado, que fundamenta su éxito en la compartimentación y la verticalidad; la primera significa que “cada integrante debe conocer solamente lo necesario para la realización de su trabajo: regla de oro del trabajo clandestino”(1), y la segunda, hace referencia a la comunicación interna la cual debe hacerse entre sus militantes de arriba hacia abajo y viceversa.

En este sentido, quienes materializan y lideran esta filosofía fariana son precisamente sus dos apéndices políticos y de organización de masas, que van de la mano con la estructura armada: el PC32 y el MB3, este último la versión moderna del PCCC y que el propio 'Alfonso Cano' lanzó con bombos y platillos en 2000 en el Caguán, rodeado de Marulanda y los demás integrantes del secretariado. Las FARC argumentan la existencia y carácter clandestino de estas estructuras, supuestamente por el lamentable final que tuvo la Unión Patriótica, partido político surgido una vez se concretan los acuerdos de la Uribe, en el Meta el 28 de mayo de 1984, y que participó en las elecciones a corporaciones públicas de 1986, eligiendo un poco más de 350 concejales, 23 diputados, nueve representantes a la Cámara y seis senadores. Así mismo, participó de las elecciones presidenciales obteniendo aproximadamente 350 mil votos, cifra sin precedentes hasta esa fecha para un partido perteneciente a la izquierda colombiana. Justamente el propio 'Iván Márquez' o Luciano Marín Arango, su nombre verdadero, y quien es la cabeza visible del equipo negociador, ingresó en 1977 al grupo delictivo y en 1990 integró el Secretariado. Actualmente es el número dos de las FARC, y tiene amplia experiencia en cargos públicos, toda vez que participó activamente en política en la década de los 80 como concejal y posteriormente como representante a la cámara por la UP. 

Por otra parte, igual atención merece el tema sobre lo que las FARC denomina la “organización de masas”, recordemos que su doctrina es marxista-leninista. Según Lenin, la insurrección es un “levantamiento en armas de las masas populares para imponer por la fuerza su voluntad”. Este aspecto está íntimamente ligado a movimientos autodenominados “marchas patrióticas” y “bolivarianas”, surgidos extrañamente meses antes del anuncio del Gobierno acerca de los contactos con el grupo delictivo, éstos pudiesen en un corto lapso, constituirse en plataforma política para el grupo ilegal de las FARC. El llamado “movimiento de masas en Colombia” hace parte del discurso guerrillero fariano y es una realidad que se percibe en las regiones a través de movilizaciones campesinas, indígenas, sindicales, estudiantiles, y otras no menos importantes, generadas por asociaciones y ONG, que se han convertido en “madrinas” de las “zonas de reserva campesina”(4) (ZRC); otro tema grueso de análisis que va a aparecer más temprano que tarde en el transcurso del proceso. Marulanda en 2002, en carta al secretariado, expresó claramente la importancia del manejo de las masas y el territorio: “De la presencia de las FARC se requiere donde existan organizaciones populares de masas para depurarlas y consolidarnos territorialmente con todas las de la ley”

En ese orden de ideas, una vez más las FARC ponen en el tapete el tema de las “luchas agrarias en Colombia”, que, reitero, está concatenado con las ZRC, surgidas como consecuencia de las movilizaciones de 1996, que se conocieron como las “marchas cocaleras”, en Putumayo, Cauca, Caquetá, Sur de Bolívar y Guaviare, por causa de los estrictos controles estatales a la comercialización de insumos necesarios para el procesamiento de alcaloides. Como resultante de las movilizaciones fueron creadas cuatro ZRC, dando paso inicialmente a la reglamentación de la Ley 160/94 (sistema nacional de reforma agraria), y en lo referente a esta figura, con el decreto 1777 de octubre de 1996.

En tal sentido, y concordante con lo anterior, existe en la actualidad la ley 1448 de 2011, denominada Ley de Víctimas, que en su capítulo III contiene el complejo tema de la restitución de tierras; sin duda, podemos visualizar que este punto será uno de los más polémicos a discutir por ambas partes en Oslo a partir del 17 de octubre próximo. Que Dios bendiga e ilumine con sabiduría a quienes van a representarnos en tamaña responsabilidad.  

(1) Tomado cartilla de organización de masas de las FARC EP.
(2) Partido Comunista Clandestino Colombiano
(3) Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia
(4) Reconocimiento del Estado a la existencia de comunidades organizadas de colonos, a las que considera como interlocutoras para el proceso de estabilización de la frontera agraria. 

PEDRO JAVIER ROJAS GUEVARA

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