Un auténtico manzanillo

El lexicon de colombianismos de Gonzalo Cadavid Uribe define a este personaje de la flora política nacional como “Hombre sin moral, sin decoro, poseído de un alto concepto de su grandeza, virulento, cobarde y falaz que pone a su servicio toda la bajeza de los hombres y toda su falta de hombría de bien para sus fines siempre ­oscuros.

Llámase manzanillo porque sus frutos y su sombra, como los del árbol de ese nombre, son dañinos y venenosos”. A ello habría que agregarle que su rostro denota soberbia y sus acciones riñen siempre con la ley.

Aunque en los últimos tiempos hayan cambiado las denominaciones políticas, sin lugar a dudas la anterior definición cabe muy bien para personajes como el diputado Rodrigo Mesa Cadavid, quien se convirtió en noticia en estos días y no propiamente por sus ejecutorias en favor de sus electores, sino, por el contrario, por mostrar públicamente las perversas prácticas que lo han sostenido en el poder por algo más de 20 años, pese a las continuas condenas que ha sufrido y que son, inexplicablemente, borradas de su historial.

La última sanción de este “paradigma de la democracia colombiana”  la recibió el año anterior, cuando fue condenado con destitución y 13 años de inhabilidad, pena que se convirtió en cinco meses de ausencia de los salones de la “Honorable Asamblea de Antioquia”, recinto al que regresó en medio de la algarabía y las pancartas de sus fieles seguidores que realizaban este acto de desagravio y que él agradeció al mejor estilo del  mexicano en Pacho, entregando billetes a manos llenas.

El prontuario de este sujeto, que arrasa con las normas de la decencia política y el respeto a sus electores, es bien largo. Hace unos años fue sancionado por haber adulterado datos de su hoja de vida y habérsele comprobado que no es bachiller, tampoco periodista, pues no aparecen registros en el colegio citado, ni en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

En el ejercicio de su “noble labor” este ejemplo de la democracia colombiana ha hecho parte de las comisiones presupuestales, de ahí que otra de sus condenas las recibió por irregularidades en la contratación de servicios de transporte, en el mes de junio de 2010. Pero gracias a su capacidad de comprar la conciencia de jueces y procuradores, la temporada más larga que ha pagado es de cinco meses. 

La última hazaña la realizó antenoche ante las cámaras de televisión donde, imbuido de su espíritu politiquero y en un acto de extremo cinismo, pidió a sus seguidores que votaran para avalar sus actos, en una encuesta que practicaba una cadena de televisión. Definitivamente estamos ante un auténtico manzanillo.

LIBARDO VARGAS CELEMIN Profesor Titular UT

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