Cultura ciudadana, ¿de qué estamos hablando?

Con frecuencia se escuchan airados comentarios sobre la falta de cultura ciudadana y sobre la urgente necesidad de fomentarla. Todos clamamos por ella, especialmente después de eventos en los cuales se evidencia cuánta falta hace y particularmente luego de las festividades del folclor.

Con frecuencia se escuchan airados comentarios sobre la falta de cultura ciudadana y sobre la urgente necesidad de fomentarla. Todos clamamos por ella, especialmente después de eventos en los cuales se evidencia cuánta falta hace y particularmente luego de las festividades del folclor. Y es cierto, se requiere con urgencia que quienes habitan la ciudad, cambien muchos comportamientos casi salvajes que atentan contra la integridad del ciudadano y que limitan la posibilidad de tener una ciudad amable para quienes aquí vivimos y para los visitantes, turistas e inversionistas que queremos atraer para apalancar el creciente desarrollo al que aspiramos. 

Es imperativo, entonces, que hagamos una reflexión sobre qué es cultura ciudadana, pues para muchos parece que no tuviera que ver con ellos, o que se trata de un paquete que se compra, o una acción que se produce por decreto del gobernador o del alcalde, o que es algo que la Policía puede imponer. Gran equivocación, si se sigue pensando así, podemos estar seguros de que nunca tendremos la anhelada cultura ciudadana. 

En consecuencia, es útil traer a cuento una definición del concepto: "La cultura ciudadana engloba la protección y la promoción de los derechos y deberes que permiten la convivencia pacífica y grata entre las personas, incluyendo el compromiso con la preservación del patrimonio común. El vínculo entre cada persona y su entorno, su conducta en los espacios públicos y su participación en la toma de decisiones respecto a los intereses comunitarios”. (http://www.reddebibliotecas.org)

Entendido lo anterior, es claro que el gobernador, el alcalde y la Policía pueden hacer mucho y tienen una gran responsabilidad; también los dirigentes de muy diverso nivel y órbita, así como las personas con especial liderazgo, visibilidad y capacidad de incidencia como los comunicadores, directivos de medios de comunicación, de universidades, colegios y escuelas, docentes, padres de familia, líderes comunales, entre otros. Pero es evidente que no es una responsabilidad exclusiva de ellos, también lo es de cada una de las personas que habitan la ciudad, sin cuya colaboración y compromiso, muy poco se puede conseguir. 

Que los conductores y pasajeros boten basura desde los vehículos, que parqueen en sitios prohibidos e ignoren las señales del tránsito, o que los ciudadanos saquen las basuras a deshoras, que los padres pongan a los niños a orinar en cualquier prado o que los adultos lo hagan en un árbol o contra las paredes; que permitan que sus mascotas dejen sus desechos en cualquier parte o circulen sin control, no es culpa de los gobernantes. Que los negocios pongan la música a todo volumen, que beban en exceso, que armen peleas y  agredan a los demás, no es culpa de la policía. 

Que la gente desborde los niveles razonables de ruido y perturben al vecindario, que actúen de manera intransigente, que dañen el mobiliario de la ciudad, que sean intolerantes y violentos, no es culpa de los vecinos. Es definitivamente, falta de Cultura Ciudadana

Construir Cultura Ciudadana es un deber impostergable, es un compromiso que debemos asumir cada uno con  gran responsabilidad. Lograrlo será el resultado del trabajo colectivo que tendremos que hacer y del cual nos debemos ocupar de manera articulada, permanente y sin pausa.   

Tenemos el conocimiento, el diagnóstico suficiente, campañas diseñadas y contamos con talento humano para orientar las campañas, lo que requerimos ahora es la voluntad de todas las partes para hacerlo y la determinación de cada uno para cumplir con su parte. Hay que pasar del pensamiento y las buenas intenciones a la acción, de la queja y el lamento a la ejecución. 

Bien dicen Knight y Carper, en su libro Ciudades en una sociedad global, “la competitividad de una ciudad depende primordialmente de la calidad de las personas que residen en ella y de su habilidad para desarrollar y atraer talento, o sea, del atractivo que represente vivir en ella.” 

La invitación es para que, desde las esferas públicas, productivas, académicas, medios de comunicación y desde el quehacer de cada ciudadano, actuemos sin demora; si no cambiamos la actitud, no soñemos con prosperar como ciudad.

Ayuda mucho si usted comienza por preguntarse: ¿Y qué estoy haciendo para contribuir a la cultura ciudadana? Muy posiblemente la respuesta sincera es que, aparte de quejarse, es muy poco lo que hace; entonces, impóngase el desafío de hacer todo cuanto pueda y, además, animar a su familia, amigos, vecinos y colegas para que se sumen a la causa, con la certeza de que sólo si lo asumimos como un propósito común, podremos avanzar con celeridad.

MARTHA CRUZ

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