LIBARDO VARGAS CELEMIN (*)
Resulta oportuno en el día del periodista, además de presentarle un saludo solidario a quienes laboran en este oficio, hablar de la estrecha relación que existe entre periodismo y literatura, dos actividades que tienen como función comunicar: la primera para informar, formar, persuadir y entretener y la segunda para deleitar y auscultar la condición humana.
Varias son las obras que han tenido como punto de partida una noticia. A manera de ejemplo recordemos el suicidio de una joven que fue reseñado por un modesto periódico de provincia y que le sirvió a Gustavo Flaubert para escribir una de las obras más importantes del siglo XIX: Madame Bovary. El asesinado de la familia Cluter en Holcomb Kansas, por parte de unos jóvenes ex convictos es el origen de A sangre fría de Truman Capote, quizá la obra paradigmática de esa fusión entre periodismo y literatura.
Unos géneros periodísticos más que otros son susceptibles de ser permeados por la literatura. De la crónica contemporánea se ha dicho que es un género oscilante, porque, si bien su punto de partida es la ambientación, el seguimiento o ampliación de una noticia que conserva su rigor cronológico y el apego a los hechos, también permite el uso de técnicas narrativas y pequeños esguinces ficcionales sin que se pierda su esencia.
Reportajes, entrevistas y semblanzas hacen parte de la hibridez: periodismo y literatura. De igual forma, la novela testimonio resulta ser otro ejemplo de esta alianza y en este sentido se puede citar a Rodolfo Walsh como iniciador del género, con su texto Operación masacre que relata el asesinato de varios civiles por parte de los militares de la Revolución Libertadora en la Argentina, en el año 1956.
El novelista Alejo Carpentier afirmó que: "El periodista es un escritor que trabaja en caliente y el novelista retrospectivamente" y ello reafirma la cercanía de las dos profesiones, porque son muchos los escritores que han tenido como trabajo inicial el periodismo y han hecho de él, el trampolín para conquistar los espacios de la ficción. Dos nombres emblemáticos bastan: Ernest Hemingway y Gabriel García Márquez
Periodismo y literatura son, pues, los siameses de nuestro tiempo.
(*) Profesor Asociado UT
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