LIBARDO VARGAS CELEMIN (*)
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90 por ciento de la población tolimense vive en los cuarenta municipios que están por debajo de los mil 800 metros de altura sobre el nivel del mar, y presentan índices de infestación con criaderos del zancudo Aedes aegypti (transmisor del dengue), por encima del cinco por ciento.
Parámetros estos que para los epidemiólogos constituyen motivo de preocupación, si se agrega a ello los 398 casos comprobados de dengue clásico y los 12 de dengue hemorrágico (grave) que se han presentado en lo que va corrido del año, según la Secretaría de Salud departamental.
Estamos frente a un cuadro inquietante, sobre todo si pensamos en que esta enfermedad tiene una rápida propagación y que, pese al esfuerzo que realizan las autoridades de la salud con sus programas de control social (aplicación de larvicidas, control biológico, destrucción de inservibles y fumigaciones puntuales), no han logrado impactar en la comunidad para que actué y, por el contrario, permanece al margen del problema, cuando de lo que se trata es de potenciar el "autocuidado", es decir, de responder por la propia salud a través de prácticas de control del vector, que logren cortar la cadena reproductiva del insecto.
Como desde el estado se ha propiciado una cultura del asistencialismo y paternalismo, las comunidades solo están a la espera de que les realicen fumigaciones para acabar con el zancudo, pero no comprenden que está es una fase extrema poco recomendable para el equilibrio ecológico y que en cambio su papel es el de mantener limpias las fuentes de agua, la eliminación de inservibles y el estricto control para evitar los criaderos del transmisor.
Se requiere de un trabajo conjunto para que, mediante acciones que van desde la inversión en saneamiento básico hasta las prácticas individuales de prevención, se incida cognitivamente en los individuos para que el control se convierta en un hábito como cualquier otro de los que adquirimos desde la infancia.
Con la cercanía del periodo de lluvias se aumenta el riesgo, dado que muchos de los huevos del zancudo permanecen a la espera de agua para eclosionar, por lo que se requiere redoblar esfuerzos y evitar que se derive hacia una verdadera epidemia. Por eso el compromiso de las autoridades sanitarias y la comunidad debe ser mayor y aquí vale la pena reseñar que, mientras el Ministerio de Seguridad Social se gasta miles de millones de pesos en cuñas por radio y televisión justificando con falacias la emergencia social, el dengue avanza, poniendo en peligro la sociedad y las EPS guardan silencio, cuando a ellas el estado les entrega grandes sumas para que realicen campañas de prevención como estas, sin que su acción se vea por alguna parte.
(*) Profesor Asociado UT
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