En este mes de marzo, como homenaje a la mujer, inclino mi cabeza ante la historia y ante aquellas que combatieron hasta dejar sus cuerpos tendidos sólo unos metros antes del olvido. Para ello, transcribo un texto del poeta, historiador y catedrático antioqueño Juvenal Herrera Torres.
"Mujer fue La Gaitana, la india madre, con su grito de guerra al invasor repercutiendo del Pericongo al Puracé y de Timaná al Caguán. Mujer la cacica Tomasa, la amazona Acos, resistiéndose en la trinchera andina al frente de los indios Cholos. Mujer Micaela Bastidas, inspiradora fiel y compañera del gran inca Túpac Amaru. Mujer la paraguaya indómita, la hija de Juan Mena, vistiendo sus mejores galas para asistir a la ejecución del rebelde Antequera. Mujer la Manuela Beltrán, chispa de trenza y cotizas; la que arrancó y pisoteó en El Socorro el edicto de los impuestos y alzó a la lucha a veinte mil comuneros.Mujer Mercedes Nariño, la hija del precursor y mártir, la primera en disparar el cañón en defensa de la naciente unidad republicana. Mujer la flor margariteña Luisa Cáceres, la que respondió a sus carceleros que la presionaban para que su esposo depusiera las armas: "Jamás lograreis de mi que le aconseje faltar a sus deberes".
Mujer Mercedes Abrego, a quien decapitaron porque había bordado con el oro más fino y amoroso el uniforme de Simón Bolívar. Mujer la hermosa Policarpa Salavarrieta, la que en medio de la niebla despachaba hombres y armas a la guerrilla del Llano, sacrificada en el patíbulo junto a su novio. Mujer la Simona Duque, la que alistó en Marinilla a sus hijos para que empuñaran las armas libertadoras. Mujer Antonia Santos, la guerrillera del Hatillo y Coromoro, fusilada en El Socorro días antes de que sus escaramuzas, fulgurantes e insólitas, ayudaran a despejar los campos a los vencedores de Boyacá.
Muer la María Antonia Bolívar, la hermana del Padre de América, a quien escribió para desenmascarar las propuestas urdidas en Caracas para que se proclamara emperador. Mujer La Sáenz, La Manuela, la Libertadora del Libertador, volcán ecuatorial, amante, revolucionaria, internacionalista, a quien después de la muerte de Bolívar y del licenciamiento del ejército libertador, los nuevos ricos del poder la desterraron de Bogotá, Jamaica, Guayaquil y Lima, hasta que su estrella se apagó de frente al mar.
Y mujeres también las "chiperas", las "guaneñas", las "montoneras" y las "chihuahuas": esas Juanas de América que iban a la grupa de Bolívar, Nariño, Artigas, San Martín y Morelos, compañeras de los soldados revolucionarios, de los mambises, cuates y compas de José Martí, Emiliano Zapata y Augusto Sandino, que iban, como van hoy, alumbrando en los campos y barriadas de Colombia y de América, la redención del mundo."
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