Las escuelas de artes y oficios

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En el siglo XIX, los radicales promovieron la creación de escuelas de artes y oficios, para capacitar a las personas en actividades que les permitieran desarrollar procesos productivos e iniciarse en una ocupación industrial que contribuyera a incrementar el aprovechamiento de materias primas, a generar empleo y a expandir la capacidad productiva de las regiones.

Con el pasar del tiempo estas escuelas fueron desapareciendo, en lo que se puede considerar como uno de los grandes errores de los gobernantes de turno, pues eso significaba también que las oportunidades de mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos se vieran limitadas.

Hoy vemos que la Fundación Bancolombia está promoviendo la capacitación de artesanos y empresarios para habilitarlos en modelos organizacionales y productivos que les permita mejorar la calidad de sus productos, estructurar procesos organizativos y adquirir conocimientos en manejo de recursos financieros, de tal manera que les facilite avanzar y afianzarse en su modelo productivo de cara a las exigencias del mercado.

Es una idea privada, que vale la pena ser imitada por muchas empresas como forma de hacer labor social y de devolver a la comunidad la oportunidad de espacio que ésta misma les ha abierto.

Pero debería ser también un programa de gobierno que dirija recursos, que estructure procesos y que genere actividades muy concretas en favor de la población más necesitada, para que de esta manera pueda contar con herramientas efectivas que les permita abrirse paso en modelos productivos y asimilar todos los requerimientos que implica enfocarse en un esquema de producción.

Me hace pensar esto en el modelo alemán, en donde la enseñanza secundaria está siempre acompañada de un proceso de capacitación en artes u oficios, de tal manera que el bachiller, además de su título que le permite ingresar a una carrera universitaria, también sale capacitado y habilitado para emprender una actividad productiva en el área que ha escogido.

Si nuestros bachilleres tuvieran las mismas oportunidades, ese 60% de estudiantes que no logran ingresar a la universidad tendría una herramienta eficaz para ganarse la vida y contribuir también al aparato productivo nacional.

Credito
EDUARDO DURÁN GÓMEZ

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