Indiferencia, politiquería y salud

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La crisis de la salud está en un punto crítico. El sistema se ha vuelto insostenible. Cada uno de los actores trata de salvarse de cualquier forma. Varios factores inciden en la crisis. Para muchos el problema se solucionaría con más recursos. Es una mirada miope. Si bien es cierto hace falta plata, con tenerla no es suficiente.

Un aspecto que afecta gravemente la salud es la injerencia de la política clientelista que deteriora la calidad del servicio y produce efectos nefastos sobre la legitimidad y confianza de la ciudadanía. Los hospitales se convirtieron en un botín burocrático de las clientelas politiqueras nacionales y locales. También permearon y se apropiaron de los organismos de control en salud, por lo tanto la inspección es deficiente, la vigilancia no vigila ni ve ni entiende y el control es una fachada que da lástima y risa.

Los hospitales fueron saturados de nombramientos clientelistas. Especialistas con sobrecargas laborales que ganan fabulosos sueldos que no se compensan con el escaso tiempo que trabajan. Pero que no se pueden tocar porque la recomendación política es más importante que su desempeño laboral.

Empleados administrativos que duplican funciones, entorpecen la buena marcha y cuadruplican los gastos. Los gerentes no obedecen a una lógica de méritos académicos y administrativos, si no a intereses politiqueros. Por eso no administran sin permiso de sus jefes políticos. Para ellos no es la eficiencia administrativa lo que importa, sino las cuentas politiqueras de los que los eligieron. No les preocupa prolongar agonías institucionales si tienen que proteger recomendados y consentidos de los politiqueros.

Las reformas van orientadas a pagar favores y nunca por el interés de servicio. Claro que todos dicen defender a los ciudadanos pobres y necesitados. Pero en la práctica cada sector tira para su lado ondeando la bandera de los derechos humanos y la sensiblería popular.

De la mano de la politiquería crece la corrupción. Y esta se expresa en sobrecostos en los medicamentos y equipos médicos, en los excesivos recobros, en las auditorias amañadas, en desviación de recursos, nóminas paralelas, horas no trabajadas y suculentamente pagadas. Hasta los comités de participación ciudadana en salud fueron tomados por la politiquería. Los sindicatos, en muchas ocasiones, han contribuido con manejos corruptos. Algunos sindicalistas quieren pensionarse y heredar su puesto. Protegen a ultranza a malos funcionarios solo por la solidaridad sindical…

Los ciudadanos tienen razón al mirar con indiferencia el manejo de los hospitales y de todo el sector salud. Se lo han apropiado los políticos, los comerciantes, los profesionales de la salud, los sindicatos, los empresarios. En la práctica lo han privatizado, pero a nombre de los intereses públicos.

La ciudadanía no tiene nada que ver con ello, salvo pagar los platos rotos, financiar con sus impuestos los sueldos, sobrecostos, corrupción y politiquería, y figurar como la beneficiaria del mal servicio para sus dolencias y enfermedades.

La crisis de la salud necesita la participación de la ciudadanía y el debate crítico de todos. Cada parte tiene algo de culpa y algo de damnificada. La solución es con todos, muy compleja, pero posible.

Credito
AGUSTíN ANGARITA LEZAMA

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